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¿Qué pensaba Freud del aborto?

El tratamiento parlamentario del proyecto de despenalización del aborto en Argentina expuso, en la agenda de la conversación social, las diferentes visiones contemporáneas acerca de un tema global con 100 años de historia.

En el artículo “En 1920, Freud ya opinaba sobre el aborto”, desde la redacción de Rosario Nuestro, dicen que Mauricio Macri instaló la discusión por el aborto en la agenda pública. Opiniones a favor y en contra de la despenalización han dado vueltas por los diferentes medios de comunicación y ahora en las audiencias públicas en el Congreso de la Nación. Pensadores con distinta formación académica han utilizado teorías o creencias como sustento para manifestar su apoyo o desacuerdo a la presentación del proyecto que se discute en estos días. Aunque el debate se haya actualizado y reformulado, estudiosos de otras generaciones, se expresaban respecto a la interrupción del embarazo, como por ejemplo René Favaloro, de quien en las últimas semanas se viralizó una entrevista en la cual defendía la legalización del aborto.

Uno de los pensadores más importantes del siglo XX, expresaba su visión sobre la interrupción de embarazos en distintas cartas que enviaba.

Sigmund Freud (1856-1939), médico neurólogo recibido en la Universidad de Viena, conocido como el “padre del psicoanálisis” y creador de un nuevo paradigma con sus estudios sobre el inconsciente, también evidenció su postura respecto a embarazos no deseados, tras el fallecimiento de una de sus hijas.

Sophie, la preferida de Freud (tuvo 6 hijos), atravesaba una difícil situación económicas y ya tenía dos hijos. El padre del psicoanálisis, le brindó consejos sobre los métodos anticonceptivos eficaces de la época, pero, poco después, Sophie quedó embarazada por tercera vez. Ante la novedad, Freud le escribió: “Si crees que la noticia me tiene muy consternado, te equivocas […]. Mi consejo es que aceptes a este bebé bien predispuesta y que no permitas que la desilusión y el arrepentimiento les perturbe a ti y a Max  (su pareja) el tiempo previo a su llegada. […] Los honorarios de las nuevas ediciones te serán destinados en forma directa. En resumen, no se hagan problemas económicos por su hijita. Tu madre pasó por circunstancias mucho más difíciles y aceptó a los niños uno tras otro, sin mucha resistencia, y si no lo hubiese hecho, tal vez hoy Max no tendría esposa o tendría otra completamente diferente. ¿Qué ha de hacerse después? Lo mismo que habría que haber hecho de inmediato. Tomar en serio la tarea del control y, dado que los médicos de Hamburgo son tan retrógrados, viajar a Berlín y hacerse allí del único medio de protección fiable”.

Esas líneas fueron escritas el 1 de enero de 1920. Apenas 24 días después y a sus 26 años, Sophie murió en un hospital de Hamburgo, donde se sospecha que ingresó por un aborto mal practicado. Freud le escribió entonces una afligida carta a su yerno: la muerte, dice, “es un acto absurdo, brutal del destino […] del cual no es posible culpar a nadie […], sino sólo bajar la cabeza y recibir el golpe como los seres pobres, desamparados que somos, librados al juego de la fuerza mayor”.

Consternado, Freud le envió días más tarde una carta al médico que trató a su hija, en la cual brinda su mirada del tema más controversial que se discute por estos días en Argentina: “El infeliz destino corrido por mi hija me parece albergar […] una advertencia que nuestro gremio no suele tomar muy en serio. En vista de una ley necia e inhumana que obliga a continuar con el embarazo aun a mujeres que no lo desean, se torna evidente que el médico tiene el deber de indicar los medios adecuados e inocuos para prevenir embarazos (matrimoniales) no deseados. […] Espero que estas experiencias sirvan para que los ginecólogos reconozcan cada vez con mayor claridad la importancia de la tarea que les compete”.

 

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