Centro Simón Wiesenthal difama a Ramón Carrillo

No tengo un juicio sobre los inicios de Simón Wiesenthal como «cazador de nazis» pero si sobre sus actividades años más tarde, y no es para nada benévolo. Para decirlo rápido y en criollo, no sé si siempre lo fue o que con el pasó de los años se convirtió en un chantapufi que dejaba de perseguir el rastro de conspicuos jerarcas nazis si eran poderosos o gozaban de la protección de poderosos. Quienes hoy conservan su nombre como marca registrada fueron y son absolutamente funcionales a quienes encubrieron a los asesinos que dinamitaron la Embajada de Israel y la AMIA a fin de que nunca queden expuestos los motivos, la sustancia de esos crímenes horrendos. Que mataron a más de cien personas, hirieron a muchas más y estrujaron el corazón de miles pero no fueron capaces de conmover los suyos, de hacerlos romper con las razones de Estado(s). Porque, como en el caso que relataré, ellos mismos estaban comprometidos.

Hace cuatro años y medio denuncié que Ariel Gelblung, el representante del Centro Simón Wiesenthal para toda América Latina estuvo asociado con el sirio Monzer al Kassar –el sospechoso nº1 de haber instigado los atentados– en el tráfico ilegal de armas hacia Bosnia y Croacia.

No lo dejen de ver acá: https://pajarorojo.com.ar/?p=19046

En este contexto, las acusaciones de Figuretti Gelblung al gran sanitarista santiagueño Ramón Carrillo de haber sido supuestamente nazi con el propósito declarado de que su rostro no aparezca en futuros billetes es una alevosa canallada. Una mas. Por suerte, el gran historiador israelí Raanan Rein puso los puntos sobre las íes. Lo tomamos del siempre muy recomendable Blog de Abel, Pensando en voz alta.

 

Ariel Gelblung en la foto con que se presenta en las redes. Parece un villano de Piratas del Caribe pero solo es un farsante, encubridor y antiguo socio de Monzer al Kassar en el tráfico ilegal de armas hacia Croacia y Bosnia. Que, según hay consenso entre los investigadores, fue uno de los detonantes de los atentados ¡Hay que tener rostro!

Un texto de Raanan Rein sobre Ramón Carrillo

POR ABEL B.

De derecha a izquierda: Ramón Carrillo, Evita, Perón y Hortensio Quijano.

No es imprescindible que lo copie en mi blog. Ya lo reproducen Juan Domino, Fernández Baraibar, otros, en Facebook. Mi opinión la di en Twitter (no mi red favorita, pero a veces su concisión es lo más adecuado) «Ramón Carrillo fue ministro de Salud (el primero) y en su gestión aumentó en 5 años el promedio de vida de los argentinos. La opinión del Centro S. Wiesenthal no me parece relevante».

Pero hay sensibilidades distintas, mucha desinformación, y, sobre todo, mitos deliberadamente construidos que son usados por distintos sectores con distintos fines. Entonces, un aporte para los politizados que me leen.

(Raanan Rein es un historiador israelí, a cargo de la cátedra Elías Sourasky de historia española y latinoamericana, y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv. Ha escrito más de 30 libros, entre ellos varios sobre la comunidad judía argentina y su relación con el peronismo, el deporte y la política en Argentina. Este texto suyo fue traducido al castellano por Eliezer Nowodworski).

«Nacido en Ucrania en 1898, Salomón Chichilnisky llegó con su familia desde Odessa a la Argentina a principios del siglo XX en el marco del plan de la colonización agrícola del Barón Mauricio Hirsch, que buscaba solucionar el problema de las penurias judías en el imperio ruso.

Desde la colonia de Palmar Yatay, en Entre Ríos, empezó la trayectoria que lo llevó por el Colegio Nacional de San Isidro a la Universidad Nacional del Litoral en Rosario. Ya médico, en 1937 Salomón atendió a Ramón Carrillo por la hipertensión y le salvó la vida. Ambos colegas, paciente y terapeuta, trabaron una sólida amistad y Chichilnisky se transformó en un estrecho colaborador del ministro de Salud en el primer gobierno peronista. Entre los cargos que ocupó se destaca el de Director General del Servicio Nacional de Extensión Hospitalaria y Hospital a Domicilio.

Lo de la supuesta admiración de Carrillo por Hitler nunca surgió en la larga amistad entre ambos. ¿De dónde surgió esta acusación contra Carrillo como admirador del Führer? Ante todo, por la misma lógica que hace que si Perón estaba en Italia en tiempos de Mussolini, entonces necesariamente se convirtió en fascista. Entonces, si Carrillo visitó Alemania en los años treinta ¿no significaría necesariamente que se convirtió en nazi? La respuesta simple es no, tanto en lo que concierne a Perón como en lo referente a Carrillo.

Por su brillante carrera académica, la UBA otorgó a Carrillo una beca de dos años para perfeccionar sus conocimientos en neurocirugía en Europa. Recorrió instituciones médicas en Ámsterdam, París y Berlín. Es probable que en Alemania haya presenciado un mitín con Hitler, como cuenta en sus trabajos la historiadora Karina Ramacciotti. En 1933 Carrillo ya estaba de regreso en Buenos Aires.

En su viaje, logró escuchar la oratoria de un dirigente alemán en sus inicios políticos. En aquel momento la mayoría de la gente no podía imaginar cómo iba a evolucionar la política del nacionalsocialismo a lo largo de los años 30, ni hablar de la Guerra Mundial, sus consecuencias catastróficas ni la hecatombe del pueblo judío. En 1935 Winston Churchill todavía pudo escribir: “Es en este misterio del futuro que la Historia declarará a Hitler como un monstruo o como un héroe”. ¿Eso significaría que tenemos que considerarlo a Churchill como tolerante hacia Hitler y el nazismo?

Pero hay tres razones adicionales para esta acusación contra Carrillo y es necesario contextualizarlas para no caer en un anacronismo o en un intento de imponer ideas y conceptos de principios del siglo XXI a las posiciones de figuras públicas del pasado. Carrillo apoyó la neutralidad argentina en la Segunda Guerra Mundial. Pero esta posición la compartía aparentemente la mayoría de los argentinos. ¿Era pronazi esta mayoría? Cuatro presidentes, dos civiles y dos militares, favorecieron esta política por diversas razones. Y de hecho, esta línea, que a partir de 1942 enfrentó a la Argentina con los EE.UU., servía los intereses de los británicos y aportaba a la supervivencia de la población civil bombardeada por los alemanes, con envíos de víveres desde puertos argentinos. Si hubiera declarado la Guerra contra el Tercer Reich, los submarinos alemanes hubieran torpedeado los barcos en su camino hacia las islas británicas.

Y finalmente, Carrillo está implicado en la entrada a la Argentina de un oficial danés de las SS, Carl Peter Vaernet, que había trabajado en el campo de concentración de Buchenwald, experimentando con hormonas para “curar” la homosexualidad. Al menos 13 personas murieron con estos tratamientos. Demasiados criminales entraron en la Argentina, escapando de posibles juicios contra ellos en Europa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el esfuerzo por reclutar científicos terminada la contienda fue común a muchos países y en este caso quizá haya influenciado la pertenencia de Carrillo a la escuela de neurobiología germano-argentina.

Pero a Carrillo hay que evaluarlo ante todo por el lugar clave que ocupó dentro de la administración pública peronista por ocho años y su aporte crucial al desarrollo del sistema sanitario, la promoción de la medicina social, la construcción de cientos de hospitales, la reducción de la mortalidad infantil o de los muertos por tuberculosis. Por estos logros merece un homenaje; si tiene que ser sobre un billete o no, ya es otra historia.»

Yapa, debajo del «borrador» del billete…

…  una buena nota del historiador Ignacio Copplet publicada por Perfil: https://www.perfil.com/noticias/opinion/carrillo-el-humanista-cristiano.phtml

Fuente de origen: Pájaro Rojo

Facebook Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.