La cárcel moderna

Por Paula Cortes

Es evidente que la pandemia que estamos padeciendo a nivel global, está activando mecanismos de control que los distintos gobiernos llaman “Sistemas Inteligentes”.

Presentados como desafíos para el control y contención del virus del COVID-19 son expuestos como herramientas necesarias para la recopilación de datos con el único fin, según quien lo presenta, de servir como instrumento para la seguridad de las personas.

Estos supuestos aliados de la sociedad funcionan como un moderno panóptico, dispositivo ideado originalmente por Jeremy Bentham, ese edificio circular en cuyo perímetro exterior se distribuían las celdas y en cuyo centro se hallaba la torre de observación, diseñada para que guardias observaran a las y los prisioneros pero que estos no pudieran ver a sus carceleros, vendría a convertirse en un nuevo sistema penal coercitivo.

La historia no es nueva, ya que se ha implementado modificando o ampliando sus alcances hasta convertirlos en fronteras limitantes virtuales, como es el caso del colonialismo de asentamiento sionista en los territorios palestinos ocupados, la cárcel más grande a cielo abierto. El modelo de desarrollo foucaultiano puede considerarse una herramienta muy útil para comprender como los sistemas de control van desarrollando una estructura en la cual no hay necesidad de imponer barreras físicas, ni siquiera requieren que las personas que están bajo vigilancia permanente vean a sus guardianes, sin embargo, se muestran para que las personas que nos encontramos bajo constante observación seamos capaces de percibir en el sentido más físico esa constante inspección.

Bajo el paraguas de la crisis creado por el Corona virus, se multiplican las empresas que ofrecen sus “Sistemas de gestión inteligente” En los EEUU la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca se reunió con las empresas tecnológicas este 11 de marzo pasado. La IA (Inteligencia Artificial) se ha utilizado como sustento de políticas de vigilancia masiva. En China, se han utilizado dispositivos de medición de temperatura y reconocimiento facial y se han equipado a los cuerpos de seguridad con cascos «inteligentes» capaces de señalar a las personas con fiebre e identificarlos por sistema biométrico. En Israel se ha desarrollado un proyecto para utilizar el seguimiento telefónico para advertir a los usuarios de esa aplicación que no se reúnan con personas portadoras del virus. En Corea del Sur, una alerta enviada a las autoridades sanitarias se activa cuando las personas no respetan el aislamiento. En China no continental se entrega un teléfono celular a las personas infectadas y se registra su ubicación con el GPS para que los cuerpos represivos puedan seguir sus movimientos. En Italia, una empresa ha desarrollado una aplicación para teléfonos inteligentes que se utiliza para rastrear los movimientos de una persona infectada y alertar a quienes han tenido contacto con la misma, según el diseñador, se garantizaría la privacidad, pero según el artículo de M. Pennisi del periódico Corriere della Sera, del 20 de marzo de 2020, en Lombardía, los operadores de telefonía pusieron a disposición los datos relativos al movimiento de los teléfonos celulares de un terminal telefónico a otro.

En los Estados Unidos, el grupo de las mayores empresas tecnológicas denominado GAFAM (Google, Apple, Facebook y Amazon) tiene a su disposición información extremadamente valiosa, una inmensa cantidad de datos sobre la población de todo el mundo. Larry Brilliant, epidemiólogo y director ejecutivo de Google.org, afirma que puede «cambiar la cara de la salud pública» y cree que «pocas cosas en la vida son más importantes que la cuestión de si las grandes tecnologías son demasiado poderosas, pero una pandemia es sin duda una de ellas» (N. Scola, Big Tech faces a ‘Big Brother’ trap on coronavirus, POLITICO, 18 de marzo de 2020). Es por eso, que el gobierno de Trump ha pedido a estas empresas el acceso a estos datos agregados y anónimos, especialmente de los teléfonos inteligentes, con el argumento de su valor en la lucha contra el virus.

En el devenir de la supuesta “lucha” contra el COVID-19 los distintos gobiernos alrededor del mundo, han implementado políticas de vigilancia que no solo se focalizan en ”sistemas de control inteligentes” como es el caso de Filipinas en donde la policía e inclusive funcionarios locales han sometido a tratos vejatorios a las personas detenidas por violar las regulaciones relacionadas al aislamiento obligatorio, entre ellos niños y niñas, informaciones de grupos de defensa de los derechos del niño han denunciado que estos se encuentran entre aquellos que son sometidos a los tratos más crueles, inhumanos y degradantes por violar las medidas de emergencia para enfrentar la pandemia. Incluso el asesor de Duterte, el senador Bong Go, hizo declaraciones de que disponía de “Bolsas de cadáveres para drogadependientes o vendedores ambulantes de noticias falsas” una amenaza directa hacia los trabajadores de la salud que pedían bolsas para cadáveres debido la alta tasa de mortalidad y muy a tono con las órdenes del Presidente Duterte de “dispara a matar” a aquellos que infringieran la cuarentena.

Asimismo en El Salvador su Presidente Nayib Bukele implementa una política de militarización a través de “Centros de Contención” donde se hacinan casos confirmados del virus con los que aún están en la etapa de sospecha del mismo, acrecentando los contagios. Lo que sí es un hecho es la retórica castrense ante esta crisis de los sistemas de salud mundiales, leemos y escuchamos a los más altos funcionarios gubernamentales del mundo hablar con terminologías análogas a una guerra, como puede ser la declaración del anteriormente mencionado Bukele “Ya se inició la Tercera Guerra Mundial” o declaraciones del tipo “estamos luchando contra un enemigo invisible” y mientras eso sucede, como en tiempo de conflictos bélicos se suspenden garantías constitucionales y se aplican más medidas de control, como por ejemplo el anuncio del Presidente de los EEUU Donald Trump que anuncia la suspensión temporal de la inmigración a los Estados Unidos.

Los Estados utilizan la geolocalización y la IA como herramienta para el control de la población y se valen de momentos críticos para implementar legislaciones que van en
detrimento de la población más vulnerable.

A pesar de la ingente cantidad de artículos que están viendo la luz a raíz de esta crisis sin precedentes en la era contemporánea y del tratamiento del tema de ciberseguridad, que oscila entre los intereses de los medios hegemónicos, grandes corporaciones y gobiernos como participes y patrocinadores de las enormes ganancias que esta nueva era orwelliana les depara, es importante ser conscientes de la manipulación social creada bajo la falsa premisa de que estas medidas de emergencia adoptadas tendrán su término al final de la crisis, deberíamos ser capaces de evaluar el alcance y magnitud que implica apoyar estas políticas, en particular, las medidas que asumimos temporales de control y vigilancia masiva de la población por estas tecnologías, y estas no deberían trivializarse ni permanecer, evitando así convertirnos en internos de una megaprisión justificando nuestro propio encarcelamiento racional.

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