Trump y el efecto Corona ¿Privatiza la luna?

Por Sebastián Salgado

Según la Organización Mundial de la Salud. “Los síntomas más comunes de la COVID-19 son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes pueden presentar dolores, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta o diarrea.” Sólo pensando en todos esas dolencias al mismo tiempo, alguien podría pensar que por decreto puede privatizar la luna, salvo que sea un Presidente perdiendo cada batalla en su planeta.

El terrícola Donald Trump firmó el pasado 6 de abril, un decreto, donde afirma que Washington no ve al espacio exterior como un bien común de los humanos, sino que se arroga la explotación de los recursos de la Luna, Marte y otros planetas. Así, los beneficios económicos de la minería lunar, estarían reservados para las personas que nazcan entre el Río Bravo y la frontera de Canadá.

Desde el año 1979, la Asamblea General de la ONU, adoptó una resolución donde señala que “La jurisdicción del satélite natural de la Tierra, así como otros cuerpos celestes y sus órbitas cercanas, pertenecen a la comunidad internacional”. El tratado de la Luna, como se lo conoce, ratificado en el continente americano solo por: Chile, México, Perú, Uruguay y Venezuela tenía como base la prohibición del uso militar del espacio.

Utilizando al máximo organismo internacional como una herramienta política al servicio de los intereses de Washington, la orden ejecutiva exhorta al Secretario de Estado de EE.UU. oponerse a «cualquier intento, por parte de cualquier otro Estado u organización internacional, de considerar el Tratado de la Luna como un reflejo o expresión del derecho internacional consuetudinario».

Al día siguiente, la Federación Rusa (nunca mejor dicho) puso el grito en el cielo. Recordando aquella carrera espacial romántica entre Yuri Gagarin y Neil Armstrong, entre socialismo y capitalismo, que terminó con la puesta en escena del “alunizaje” en 1969, el Kremlin a través de su agencia espacial Roscosmos, afirmó que “EEUU, dañó el alcance de la cooperación internacional en el espacio.”

Pero esa antigua copulación cósmica binaria, de la que fue parte hasta la perra “Laika”, hoy se ha convertido en una relación de tres. Para muchos, lo único que conocíamos del lado oscuro de la luna, fue aquel mítico álbum de Pink Floyd, pero el tercero en discordia o “menage a trois” según los franceses, llegó tarde y dispuesto a mostrar todo.

A principios del 2019 China anunció haber logrado por primera vez en la historia, el alunizaje exitoso sobre la cara oculta de la Luna por la nave no tripulada Chang’e-4. Un avance con bandera roja sin precedentes, concretado durante la administración Trump, que encendió las alarmas de la NASA para no perder terreno, al menos desde el plano discursivo.

Lo cierto es que el presidente republicano en la Casa Blanca, lo presenta como una especie de proyecto minero, «será alentar el apoyo internacional para la extracción y el uso público y privado de los recursos en el espacio ultraterrestre, de conformidad con la ley aplicable». Imaginemos por un segundo a los “cohetes contenedores” en una especie de ruta espacial elíptica, descargando piedras en Texas, mientras no tienen un sistema de salud preparado para enfrentar el COVID 19, (tal vez porque no les interesa) o no pueden resolver el dilema entre el costo de la extracción del Petróleo vía Fracking en relación al precio internacional.

 

En la Tierra también pierde

Una vez que los grupos mercenarios disfrazados de musulmanes como el ISIS, que habían sido sostenidos por el Pentágono durante 8 años, fueron diezmados en Siria con el apoyo de Rusia e Irán, sólo quedaron acciones desesperadas para demostrar que Estados Unidos sigue siendo el Gendarme del Mundo. La primera, el asesinato del General Iraní Qasem Soleimani en territorio Iraquí, principal líder anti terrorista que le costó a Washington miles de millones de dólares, para luego someterse al bombardeo persa sobre su base militar, simulando no tener bajas. Una especie de “lero lero no me duele” con el ojo negro. El desierto de Oriente Medio, se convirtió en un pantano para Trump y pide ayuda al Reino Unido.

En su propio continente, los intentos de magnicidio al Presidente Nicolás Maduro, financiados desde Miami y articulados en Bogotá, fracasaron igual que los golpes de Estado. Venezuela ha resistido una suma de agresiones superior a las del tiempo de Chávez. No conforme, Donald Trump ha puesto precio a la cabeza del poder ejecutivo bolivariano y otros altos funcionarios, al mejor estilo de las películas del “far west”, como una manera de anticipar, lo que podría ser una invasión terrestre al estilo Panamá. Una vez más, la fábula del mandatario latino narco, recreada al infinito por Netflix y otras plataformas, pone en marcha su mecanismo bélico, como excusa para atacar a un pueblo.

Con el aislamiento social obligatorio por el Corona Virus, el tiempo se agota en la campaña electoral y el candidato republicano ni siquiera ha podido completar el muro con México, que prometió para su primer mandato. Las proyecciones económicas en caída libre por el desempleo que genera la cuarentena, completan el panorama. Con Bernie Sanders fuera de la contienda, Trump deberá enfrentar al ex Vicepresidente, Joe Biden, quien muestra moderación, frente al discurso racista de los supremacistas blancos y trae bajo la manga, la posibilidad de restablecer un sistema de salud como el ObamaCare que seguramente hubiera evitado la masacre virósica que sufre el ciudadano promedio de ese país, con los índices de mortalidad más altos del mundo.

A la doctrina Monroe de “América para los americanos”, el presidente N° 45 de los Estados Unidos, intenta sumarle “La Luna para los americanos”. Todo es válido en búsqueda de la reelección, aunque parece insuficiente, con Siria como Talón de Aquiles y Venezuela capaz de convertirse en su próximo Vietnam. Mientras, del otro lado del vidrio, miramos esa luna linda, imposible de comprar.

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