Argentina: El verbo empobrecerse, conjugado en primera persona del plural

El Indec informó que en 2018 la pobreza subió al 32 por ciento. Yo me empobrezco, tú te empobreces, él se empobrece, nosotros nos empobrecemos. Todos nos empobrecemos, menos los CEOs del gobierno.

Por SERGIO ORTIZ
El Indec usa números, que aquí se citan en sus aspectos más importantes, pero siempre recordando que se trata de seres humanos, que tienen nombres y apellidos, historias y dramas.

A fines de 2018 la pobreza había subido 6,3 puntos, hasta alcanzar el 32 por ciento. Habían sido arrojados bajo la línea de pobreza 2,9 millones de argentinos más, completando un universo de 12,9 millones de personas que no acceden a la canasta básica total.

A su vez la indigencia subió al 6,7 por ciento, 1,9 puntos más; los compatriotas que no tienen los ingresos suficientes para completar una canasta básica de alimentos son 1.9 millones.

Caben puntualizar dos cosas.
Primero, que ese estudio se basa sólo en el aspecto dinerario. Si se tomaran en consideración otras variables, como el acceso al agua potable, vivienda, etcétera, los números serían más aterradores.
La otra aclaración es que ese informe ya está desactualizado, porque desde enero de 2019 a la fecha hubo una profundización del ajuste macri-fondomonetarista, el empinamiento de la inflación, la caída del producto bruto y las corridas del dólar. El billete aumentó hasta cotizar a 44,40 pesos, 4 más que la semana anterior.

Las subas del dólar dan un fuerte impulso a la inflación; sean productos transables y vendibles al exterior o que tienen componentes importados, etcétera, la mayoría de los empresarios y comerciantes aprovecha la volada para remarcar.

Y de ese modo, la inflación de marzo andará cerca del 4 por ciento y la de abril será del 5. Los combustibles volvieron a subir y hubo aumentos de gas, luz y transporte, que treparán otra vez en consonancia con esas nuevas cotizaciones del dólar.

Quedan pulverizadas dos promesas de Mauricio Macri, de las tantas, por no decir todas, que fueron parte de su venta de humo electoral en 2015. Una traición fue la de “promesa cero” y otra la de solucionar fácil un problemita, “la inflación”.

“Hay que aguantar” dijo el co-autor de esta masacre (el otro responsable atiende en Washington y se llama FMI). Los resultados son devastadores para tantísima gente. El único costado positivo del desastre es que los afectados fueron muchísimos y eso los ha llevado a identificar la autoría y co-autoría. El gobierno de Cambiemos quedó sumido en una dura crisis política y electoral.

Se incendia el rancho.
Al macrismo se le incendia el rancho, algo grave y mucho más en los prolegómenos de la campaña electoral donde el gran mentiroso se juega la reelección.

Ese operativo no sólo está en riesgo porque asoman candidatos de la oposición o seudo oposición que podrían ganarle, como ya se verá. Hay un problema previo, que es la interna de Cambiemos, donde crece la percepción de dirigentes que piensan en la necesidad de correrlo a Macri de la candidatura.

Algo de eso pueden haber pensado Carolina Stanley y Dante Sica, cuando en la semana el presidente huidizo les hizo poner la cara para anunciar el aumento de la pobreza al 32 por ciento. “Es un día triste”, dijo la hija de Guillermo Stanley, el exbanquero del Citibank.

Tan es así que se habla de la posibilidad de que María E. Vidal sea al final la candidata presidencial del espacio neoliberal La gobernadora bonaerense, si bien está desprestigiándose por ser parte del proyecto del presidente, no está tan quemada como éste.

Otra versión, con menos asidero que la anterior, es que el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, podría correr con la boleta de Cambiemos, aunque el carisma del “Guasón” es casi nulo a nivel país.

Quizás al final el candidato sea nomás Macri, pero lleva las de perder ante varios posibles contendientes que miden más que él. Normalmente las encuestas lo dan debajo de su odiada Cristina Fernández de Kirchner, multiasediada desde la Cloaca de Comodoro Py. Pero ahora también lo dan como perdidoso ante quien todavía no ha confirmado que compita, aunque distintos indicios arrojan la alta probabilidad de que sí lo hará: Roberto Lavagna.

La emergencia del exministro de Economía de Néstor Kirchner y exsecretario de Industria de Raúl Alfonsín da la pauta del deterioro oficialista. Lavagna está recolectando viejos apoyos como los del burócrata Luis Barrionuevo y el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti (Sergio Massa y Juan M. Urtubey lo consideran un aliado, pero también un competidor y quieren con él lidiar en unas PASO, que Lavagna rechaza).

Lo novedoso es que una corriente de la UCR mira con simpatía la candidatura del fundador de Ecolatina, siempre y cuando lleve como candidato a vicepresidente a Martín Lousteau u otro candidato radical, con un rol más amplio para el viejo partido. Y que matice la preponderancia de “Argentina Federal”, abriendo más espacios a Margarita Stolbizer y los socialistas santafesinos.

Radicales como Ricardo Alfonsín, Federico Storani y Jorge Sappia están planteado casi la ruptura de Cambiemos y retomar una vida un poco más independiente para el viejo partido. Así podrían negociar ser parte de un gobierno no tan desprestigiado como el de Macri. En mayo próximo será la Convención de la UCR, que puede terminar con divisiones.

Dirigentes como Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Oscar Aguad, van a mantener su filiación macri-dependiente. Otros muchos buscan alejarse del incendio y peligro de derrumbe; dejan en soledad creciente a quien reclama, recaliente, que sigan tirando de un carro que no va más.

El espionaje.
Entre tanto siguió acumulando material probatorio el juez Alejo Ramos Padilla, en la causa por extorsión y espionaje ilegal que tiene ahora a dos detenidos. Al tristemente célebre Marcelo D’Alessio se le sumó su compinche Hugo Barreiro, quien sería agente del servicio de inteligencia SIDE rebautizado AFI pero siempre tan putrefacto.

Entre ambos habrían extorsionado no sólo al empresario Pedro Etchebest, cuya denuncia dio la puntada inicial a la causa, sino también a Mario Cifuentes, de la petrolera OPS, y a Gabriel Traficante, que con ese apellido y operando con la Aduana era la presa ideal para el par de delincuentes. En todas las denuncias el modus operandi era el mismo: información judicial originada probablemente en la fiscalía de Carlos Stornelli o en la del fiscal de Dolores, Juan Bidone, servía para extorsionar por miles de dólares que irían a parar a los miembros de la asociación ilícita.

A Cifuentes le reclamaban 1.2 millón de dólares, a Etchebest 300.000 y así de seguido, restando confirmar el rol que jugaba en la asociación el fiscal Stornelli. Aunque éste quiso despegarse, minimizando su relación con D’Alessio, los audios, Whatsapp y capturas de pantalla informan de un vínculo muy estrecho. Es dable sospechar que, por ejemplo, el grueso del dinero reclamado al empresario mediante reunión en Pinamar haya tenido como destino el bolsillo suyo.

Para despejar esos interrogantes lo ideal hubiera sido que el fiscal se ajustara a derecho y acudiera a las citaciones de Ramos Padilla. Se negó las cuatro veces, así como a entregar su celular para poder peritarlo en base a la información del aparato de su alegado socio. Stornelli no fue y se atrincheró en Comodoro Py, planteando recusaciones al juez y pidiendo que la causa pasara a alguno de sus magistrados amigos de la cloaca.

El fiscal no ha logrado la solidaridad plena del club macrista en la justicia, porque varios le han hecho el vacío o le han contestado con un parco saludo. Su olfato les indicó que aquél está en graves dificultades y lo mejor es “desensillar hasta que aclare”.

En ese estado no le servirá de mucho la pequeña ayuda que le dio el procurador provisorio Eduardo Casal, de diez días para que explique las inasistencias a Dolores, tras lo cual elevará esa respuesta a un consejo evaluador, cuyo dictamen no será vinculante para el procurador.

Eso es ganar un poco de tiempo, pero no conquistar el favor de la opinión pública, ni siquiera el apoyo del grueso de fiscales y jueces federales, que ha tomado distancia del sospechado.

Para colmo, dentro de las revelaciones que arroja la investigación, surgió que D’Alessio había espiado al ex marido de la actual pareja de Stornelli. Es algo que no lo solicita alguien normal y que evidentemente ese anormal no le pide a uno cualquiera, sino a alguien de su círculo íntimo.

Macri y Stornelli se parecen en más de un sentido. Ambos fueron muy íntimos, cuando el primero era presidente de Boca y el segundo secretario de Seguridad del club. Siguieron siendo muy cercanos en causas judiciales y de alto impacto político, como la delirante denuncia del fiscal Alberto Nisman contra CFK. Lo mismo desde el año pasado en la causa de las fotocopias de los Cuadernos de Centeno, donde el juez Claudio Bonadío acaba de ratificar a Stornelli como fiscal.

Macri y el fiscal tienen otra cosa en común: ambos están acorralados a causa de sus acciones; de ajuste y hambre en un caso y de extorsión-espionaje el otro. Uno puede perder las elecciones y el otro ya perdió toda credibilidad. Si hubiera verdadera justicia, uno y otro en el futuro llegar a Comodoro Py con casco y chaleco.

Fuente de origen: laarena.com.ar

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