EE.UU: Aventuras en el Lejano Oriente y en el espacio. Por Jorge Luis Ubertalli Ombrelli

El 31 de marzo último una noticia avivó el fuego en el Lejano Oriente: dos bombarderos chinos sobrevolaron el estrecho de Taiwán, isla china poblada por 23,5 millones de personas, en la cual las tropas pronorteamericanas de Chiang Kai Shek debieron replegarse ante la Revolución Popular China que, conducida por Mao Zedong y el Partido Comunista, tomó el poder en el continente el 1 de octubre de 1949.

Mucha bulla hizo la prensa ante esta fugaz incursión, de la cual China pidió disculpas, y en ese marco EE.UU. envió un destructor y un buque de carga hacia la isla, en un intento de seguir provocando a las autoridades y pueblo de China continental, a la cual Taiwán pertenece.

Desde que Donald Trump se sentó en el salón oval de la Casa Blanca, armas varias por valor de 1.400 millones de dólares fueron vendidas a Taiwán, lo que hasta hoy provoca un lógico escozor en las autoridades chinas. Siempre contando con regímenes anticomunistas, Taiwán no sólo pretendió, en declaraciones de sus candidatos presidenciales y aún presidentes, ‘independizarse’ de China, sino que contribuyó con el entrenamiento de represores latinoamericanos a la par que la Escuela de las Américas y otros engendros reaccionarios creados por EE.UU.

Y no solo eso. La llegada de Trump al gobierno de EE.UU., además de incentivar la compra de armas, dio luz verde para instalar una Embajada USA‘ de facto’ en la isla. Y estimuló el encono taiwanés contra China, aprovechando de paso el conflicto de este país con otros de la región en cuanto al mar meridional de China, en disputa. Y en el cual EE.UU. intenta hincar sus uñas.

En enero de este año, la empresa Lockeed Martin, paladín del complejo militar- industrial norteamericano, envió ingenieros a Taiwán para modernizar 144 aviones  y equiparlos con radares  similares a los usados en los F-35, de última generación, a un costo de 3,64 millones de dólares. También se comprometió a entregar 4 cazas F 16 A/B adicionales al gobierno taiwanés, presidido por Tsai-Yang-wen, abogada e históricamente opuesta al principio de ‘Una Sola China’ tal como lo prescribe el gobierno de la República Popular China y algunos de los taiwaneses que gobernaron el país. Y a dotar a sus Fuerzas Armadas – que adquirieron un lote de tanques Abrams-de tecnología para llevar a cabo espionaje cibernético.

El gobierno chino se opone desde siempre a que se lleven a cabo contactos oficiales y conexiones militares entre EE.UU. y Taiwán, contactos que siempre estuvieron presentes en la estrategia norteamericana en cuanto lograr una cabeza de playa antichina en el contexto de una ‘separación’ de Taiwán. Y hace poco tiempo la diplomacia china protestó ante el envío de militares norteamericanos en servicio activo a Taiwán vinculados al Instituto Americano de Taiwán (IAT), que desde el 2005 mantiene en la isla militares en esa situación.

El fantasma de la guerra campea por la región de la mano de los belicosos halcones norteamericanos que, incluso a despecho de cualquier mandamás formal, se inclinan por una guerra comercial- y no tanto- contra China por parte de EE.UU.

¿En que quedamos?

A principios de agosto del pasado año, el vicepresidente de EE.UU., Mike Pence, anunció ante el Pentágono la creación de una Fuerza Espacial, la ‘sexta rama’ militar de EE.UU. Y envió al Congreso una iniciativa en cuanto a la creación de esta ‘Fuerza’ con el fin de ‘controlar a Rusia y a China’ y ‘dominar el espacio’. Contando con el apoyo de Donald Trump, Pence y los funcionarios solicitaron al Congreso 8 mil millones de dólares para crear esta ‘sexta rama’, que comenzaría a operar en el 2020.

Poco menos de un año más tarde, el 1 de abril último las Cancillerías rusa y china denunciaron que el 29 de marzo  EE.UU. bloqueo en Ginebra un informe del Grupo de Expertos Gubernamentales de la ONU que preveía sobre una carrera armamentística del espacio. Todo parece indicar que el país del Norte de América pretende violar el Tratado del Espacio Sideral firmado en 1967 por la ex URSS, Gran Bretaña y EE.UU., mediante el cual se prohíbe la militarización del espacio. ‘Vamos con todo con la Fuerza Espacial’ twiteó Trump en aquel agosto del pasado año, tal como si se tratara de poner en funcionamiento un equipo futbolístico. Y parece que sus jugadores están precalentando.

Según un analista ruso, con esto EE.UU. pretende ‘crear un potencial de ataque para dar el primer golpe y protegerse en el espacio de un contraataque por medio del sistema de defensa espacial.’ (https://mundo.sputniknews.com, 22/1/2019)

Sin embargo, la prensa informó el 5 de abril último que en una conferencia en la Casa Blanca el presidente Trump dijo a los periodistas: «Entre Rusia, China y nosotros, todos estamos construyendo armas por cientos de miles de millones de dólares, incluidas nucleares, lo que es ridículo. Creo que es mucho mejor si nos pusiéramos de acuerdo y no fabricáramos estas armas”. Y agregó que los tres países podrían acordar gastar el dinero en cosas más productivas, lo que fue saludado por el vicepresidente chino, Liu He, que se hallaba en Washington en el marco de un parate a la guerra comercial entre su país y EE.UU. La Cancillería rusa también saludó lo dicho por Trump, aunque sostuvo que más que hablar habría que dar inicio a ello.

Y es que mientras Trump sostiene un olivo de utilería en una mano, en la otra, que parece no obedecerle, empuña un misil balístico intercontinental de ojivas múltiples, como para destruir al mundo todo.

 La prensa informó que la actual administración yanqui espera obtener 718 mil millones de dólares o más en gastos de Defensa en el 2020, en tanto el presupuesto de defensa de China para 2019 se estimó en 224 mil millones de dólares, y el de Rusia en 44 mil millones.

¿En que quedamos?.

No hay mucho más que hablar.

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