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La Haya se expide ante el reclamo del Estado Plurinacional de Bolivia

El recorrido diplomático del gobierno boliviano para resolver el diferendo territorial con Chile, en la corte internacional de La Haya, se acerca en el día de hoy a la primera resolución de ese organismo internacional con respecto al tema. La firmeza del presidente Evo Morales ha llevado a su país a ser protagonista de un proceso inédito en pleno siglo XXI: la judicialización de un reclamo territorial por la denominada Guerra del Pacífico, de fines del siglo XIX. El Estado Plurinacional de Bolivia pide por la apertura del diálogo con el gobierno del chileno Sebastián Piñera.

 

Por Hugo Moldiz Mercado

Hugo Moldiz

A contrarruta de un “Chile oficial” nervioso que lanza mensajes de “chantaje emocional”, Bolivia se dispone a llevar adelante la segunda fase de una estrategia que ha resultado victoriosa por su capacidad de generar un “sentido común” en toda la población y por calcular los efectos del fallo desde una perspectiva que combina lo nacional y lo geopolítico al mismo tiempo.

No hay día que no llegue. En la mañana de este lunes 1 de octubre se conocerá el fallo de la Corte Internacional de Justicia a la demanda interpuesta por Bolivia para que Chile esté obligado a dialogar con el Estado Plurinacional la búsqueda de una salida soberana el Pacífico. Nadie duda que esta estrategia formulada por el presidente Evo Morales se consagre victoriosa y que la puesta en marcha de la segunda fase de la estrategia para un escenario post Haya tenga resultados igualmente favorables.

Bolivia se muestra firme, mientras Chile no pude ocultar su preocupación. Las autoridades del vecino país están tergiversando la esencia de la demanda boliviana al decir que Evo Morales no podrá cumplir con su promesa al pueblo boliviano, cuando el eje de la demanda es obligar a la apertura de un espacio de diálogo para encontrar una salida al Pacífico. Incluso están lanzando algunas señales de “chantaje emocional” al insinuar que el actual presidente boliviano no es el interlocutor válido para negociar y que hay que esperar el resultado de las elecciones de 2019.

Lo que no calculan los círculos de poder chilenos que esa campaña de desinformación o de chantaje emocional para un escenario post Haya, más bien fortalece la figura del presidente Evo Morales ante la mayor parte de la población y en la comunidad internacional.

Varios son los hitos de este proceso ventilado en La Haya. Tomar la decisión de presentar la demanda es uno de ellos, quizá el principal, pues vacilaciones y relaciones históricas de la clase dominante boliviana con la clase dominante chilena nunca permitieron si quiera pensar en interponer una demanda de esta naturaleza. Y un segundo hito fue la decisión de los magistrados de la CIJ de rechazar la objeción preliminar presentada por Chile, el 24 de septiembre de 2015, con el sólido argumento de que la demanda boliviana no afectaba la vigencia del tratado de 1904, lo cual ya explicaba la justeza de la causa boliviana, pero también de cierta modificación parcial del tablero geopolítico en la región -como parte de los cambios en curso en la geopolítica del poder global-, y el papel que Bolivia ha empezado a jugar en el plano internacional.

Esta primera aproximación, formulada a manera de hipótesis, no pretende pecar de surrealista al expresar un peligroso exitismo ni un adelantado triunfalismo, pero si busca explicar que, si Bolivia no fuera otra respecto de la que heredó Evo Morales en enero de 2006, difícilmente los contundentes argumentos presentados ante La Haya hubieran tenido el peso que evidentemente tuvieron al momento de la reflexión técnico-jurídica de los miembros la Corte. Es decir, así como el Che sostuviera en Punta del Este que la economía no estaba separada de la política, podemos decir que tampoco lo jurídico está separado de lo político.

El alcance geopolítico de la posición boliviana se sintetiza en cuatro declaraciones del presidente Evo Morales en momentos distintos:

La primera el 15 de abril de 2013, cuando minutos después de entregar ante La Haya la Memoria Histórica que respalda la demanda marítima boliviana para ejercer su derecho soberano sobre el Pacífico afirmaba: “resolver este tema es parte de la integración y parte de la justicia en América Latina y el Caribe”.

La segunda, el 24 de septiembre de 2015 en la Plaza Murillo, pocas horas después de conocerse la admisión de la demanda en La Haya, el Jefe de Estado sostuvo que la causa boliviana es parte de la agenda pendiente de América Latina e inmediatamente hizo referencia a la necesidad de levantar el bloqueo contra Cuba, de devolverle a la Argentina soberanía sobre Las Malvinas y apuntalar el paso decisivo que se dio para solucionar el conflicto armado en Colombia tras la firma de un acuerdo sobre justicia transicional entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Timoleón Jimenez.

La tercera, el 23 de marzo de 2016, cuando en la Plaza Abaroa, donde cada año es una tradición celebrar el Día de la Reivindicación Marítima, Morales señaló que: “El mar de Bolivia será un mar para todos los pueblos del mundo y será un mar que nos una y no que nos divida”.

La cuarta, el viernes 2 de marzo de 2018, en un discurso en la ciudad de El Alto, el presidente del Estado Plurinacional sostuvo que intelectuales y algunas autoridades chilenas “están con la demanda marítima”, ya que “dicen mar para Bolivia, pero mar para Chile también con soberanía”. Las palabras de Morales fueron dichas en un contexto de crítica a la privatización del mar de parte del Estado chileno.

Una segunda aproximación es que para definir a un Estado como “jugador estratégico” o por su situación geográfica como “pivote” en el tablero geopolítico, según se desprende de los aportes de Zbigniew Brzezinski –asesor de Carter y Obama en asuntos internacionales-, no solo hay que tener en cuenta la voluntad y la capacidad de ejercer hegemonía en la región o el mundo, sino también juega un papel importante la capacidad de dirección y liderazgo. No hay duda de que Bolivia es un país instalado en la vitrina mundial desde que Evo Morales es su presidente y su incidencia en la región es mayor.

Las cuatro declaraciones de Morales y las dos aproximaciones realizadas, dan cuenta, a manera de síntesis, de la profundidad de los movimientos geopolíticos que concibe y despliega el jefe del Estado Plurinacional, quien nunca termina de sorprender por las grandes iniciativas que toma desde una perspectiva de los intereses de Bolivia y de América Latina.

Cuatro razones geopolíticas

Desde la perspectiva de Bolivia, hay al menos tres razones geopolíticas muy grandes que fundamentan los pasos dados por el Estado Plurinacional:

La primera razón es que rebate la teoría de que la guerra da derechos, más aún cuando en realidad se ha tratado de una ocupación militar de una parte de nuestro territorio en medio de un estado débil (aparente) y una clase dominantes bastante débil e incapaz de sentar y defender la soberanía. Por el contrario, pone sobre la mesa el derecho de Bolivia –reconocido por distintos gobiernos chilenos a través de una serie de compromisos antes y después del Tratado de 1904- a tener una salida soberana al mar.

La segunda razón es que apunta a desmontar los dispositivos coloniales instalados en la narrativa de la historia del vencedor y en la propia conciencia del país y sus pueblos colonizados. Resignifica, como sucede en todo lo que está haciendo la revolución boliviana, la auto estima individual y colectiva de los hombres y mujeres que aceptaban pasivamente, a pesar de las nostalgias de cada 23 de marzo, ese pasaje de nuestra historia –la pérdida de la cualidad marítima- como un producto del “orden natural” de esta parte del mundo. Cuestiona esa narrativa y construye otra cargada de episodios de resistencia histórica y simbólica que nunca dejaron de desarrollarse.

Evo Morales cuestiona esa historia oficial. Como lo está haciendo en todos los niveles de la realidad, el jefe del Estado Plurinacional y del proceso de cambio lo que hace es negar esa vieja historiografía que legitimaba el poder del colonizador interno y externo, y parafraseando a Marx pone de pie a lo que se suponía echado e inmóvil.

La tercera razón es que, ejerciendo su derecho soberano sobre el Pacífico, Bolivia experimentará un mejor crecimiento de su economía –más de lo que ha logrado desde 2006- y una mayor sostenibilidad en el tiempo. No cabe duda que los resultados del exitoso modelo económico social comunitario que se desarrolla desde hace doce años –con reservas internacionales que han pasado de 1.700 millones de dólares a más de 15.000 millones, un nivel de ahorros en cantidad similar a las reservas y el PIB triplicado-, en el escenario más pesimista se duplicarían. Con un fallo favorable y negociada una salida al mar –para lo cual se hará necesaria una nueva estrategia-, ese modelo que genera excedentes y los redistribuye a través de distintos mecanismos y políticas sociales a favor del pueblo, se consolidará.

“En los últimos 10 años la economía boliviana ha crecido en promedio un 5 %, aun en tiempos de caída de los precios de materias primas a nivel mundial. La economía boliviana en 2015 incluso mantiene un ritmo de crecimiento del 5 %, eso significa que en 8 años hemos triplicado el producto interno bruto”, expresó el vicepresidente Álvaro García Linera el 2 de julio de 2016 en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Chile. Con salida soberana al Pacífico, Bolivia registraría un crecimiento en comparación con su PIB, en las actuales circunstancias, de no menos del 7 por ciento anual, lo que colocaría a un ritmo de expansión de la economía incluso por encima de la China, Nepal, Tanzania, Corea del Sur e India, con economías de rápido crecimiento.

Pero el segundo hombre de Bolivia no se queda ahí. “En 2005 la economía chilena era catorce veces más grande que la boliviana; ahora mide ocho. Y el 2020 debe ser sólo cuatro veces más grande. Y el 2025 deberíamos estar iguales o máximo uno a dos”, sostuvo en octubre de 2015 en una entrevista publicada por el diario chileno La Tercera.

Las razones de la aseveración política no son infundadas. En 2005, el PIB de Bolivia no superaba los 9.000 millones de dólares y el de Chile llegaba a los 123 mil millones. Diez años después, el PIB de Bolivia se ha más que triplicado (33.000 millones dólares y el chileno apenas se ha duplicado.

La cuarta razón es que Bolivia estará en condiciones de mostrar al mundo no solo que es necesario construir un orden social distinto al capitalista si se quiere salvar a la humanidad y el planeta, sino que es posible. Los resultados de su proyecto emprendido en 2006 nuevamente juegan a favor. En Chile el modelo neoliberal que empezó a aplicarse desde la dictadura de Augusto Pinochet registra un mayor crecimiento de la desigualdad social y una privatización de los servicios básicos, además de la salud y la educación, mientras en Bolivia hay una tendencia a la caída de la desigualdad social y un reconocimiento de que los servicios básicos como el agua son derecho humano.

Desde Nuestra América

Desde una perspectiva más latinoamericanista, una resolución favorable a la demanda boliviana y la inmediata aplicación de una estrategia posfallo, a la que se la llama PosHaya, también favorable, registraría efectos altamente positivos y que a vuelo de pájaro hacemos alguna referencia bastante resumida:

En primer lugar, restablecería y resignificaría, en condiciones favorables y distintas al siglo XX, la teoría geográfica de la integración. Bolivia está ubicada en el corazón de Sudamérica y esa su condición le asigna un papel estratégico al momento de unir al Pacífico y el Atlántico, pero, además, como sostuvieran varios estudiosos militares en la década de los 30 del siglo pasado, de ser un puente entre Los Andes y la Amazonía. La recuperación de su cualidad marítima no solo le es favorable a Bolivia, sino que aporta a una reconfiguración del escenario sudamericano en términos de mayor equilibrio entre todos los estados y pueblos. Así MERCOSUR y la CAN no necesitan antagonizarse sino más complementarse y la UNASUR –si Brasil, Colombia y Argentina no la matan- no tendría otro destino que la consolidación.

En la misma dirección camina el ambicioso proyecto de Morales de construir una el Corredor Bioceánico de la Integración (CBI), que unirá al Atlántico con el Pacífico y que cuenta con el respaldo de Brasil, Perú, Argentina, Paraguay y Uruguay. Con una inversión de más de 14.000 millones de dólares, el corredor bioceánico también espera contar con la participación de Chile, con lo que Bolivia –con salida al mar y por vía del ferrocarril, sin descuidar la terrestre- reforzaría de ser la economía más importante de la región.

Lo que se está diciendo es que este país pequeño, enclavado en el corazón de Sudamérica, es un actor fundamental para la integración de la subregión en términos distintos a los dictados por el capital transnacional y los Estados Unidos. Es un papel del que se habla poco, pero que muchos no ignoran.

En segundo lugar, destrabaría uno de los obstáculos más grandes a los procesos de integración basados en los intereses de los Estados y los pueblos, y no en la exclusiva lógica del capital. El enclaustramiento marítimo boliviano, entorpece una relación de plena igualdad política entre los estados y los pueblos, y favorece al dominio imperial. No puede hablarse de integración plena con un país condenado al encierro por decisión del capital a través de una forma militar-estatal. Eso ya no es posible.

En tercer lugar, la resolución favorable de la demanda boliviana no solo reparará las injusticias cometidas contra Bolivia durante más de un siglo, sino que abriría las compuertas para que América Latina avance con fuerza y decisión hacia el cumplimiento de la agenda de los siglos XIX y XX que nos interesa a todos: Malvinas para Argentina, la superación de la condición colonial de Puerto Rico, la devolución de la base militar de Guantánamo a Cuba y el cese inmediato del bloqueo. No es que la madeja corra por efecto automático, pero sin duda aportará a ampliar una subjetividad favorable –más de lo que ya existe- para que América Latina sea ejemplo de integración, soberanía y cooperación. El cumplimiento de la “agenda del siglo XIX y XX” que arrastra América Latina es una condición para avanzar hacia la implementación de la “Agenda de la Patria Grande del siglo XXI”.

En síntesis, Bolivia es vital en este tercer momento emancipador de América Latina. La recuperación de su cualidad marítima aumentará su gravitación con propósitos latinoamericanistas. Por eso, no solo son las transnacionales las que estarán atentas al carácter del fallo de La Haya, sino el imperialismo, al que el presidente chileno Sebastián Piñera ha acudido días antes de que se conozca el fallo de la Corte Internacional de Justicia.


Fuente de origen: Hugo Moldiz Mercado – La época


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Producción de la noticia:

Titular y bajada de redifusión:

Edición general, planificación y gestión digital: Hernán Giner

Dirección del proyecto: Sebastián Salgado


 

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