Después de otro triunfo Maduro ratifica la hegemonía Bolivariana

De las elecciones parlamentarias de 2015 a estas presidenciales con victoria incluida de Nicolas Maduro, en Venezuela los datos y las estadísticas juegan en favor de la consolidación del bloque histórico de la revolución Bolivariana. La deuda en materia económica y el frente contra la injerencia externa surgen como los temas claves para el segundo mandato.

 

Según la agencia de noticias Misión Verdad en su nota “Resultados de las elecciones presidenciales en Venezuela: primeras claves” el CNE arrojó las siguientes cifras en el primer boletín presentado por Tibisay Lucena: el presidente Nicolás Maduro fue reelecto con 6.190.612 votos. Le sigue Henri Falcón con 1.917.036 y luego Javier Bertucci con 988.761. La participación electoral fue de 46,02% del registro electoral y estas tendencias fueron publicadas alcanzando el 98,78%% de los votos escrutados (9.132.655 sufragios en total).

Estos resultados consolidan nuevamente la posición triunfante del chavismo en una seguidilla de tres elecciones, posteriores a la de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente en julio pasado. Maduro alcanza más del 67% de los votos, siendo el presidente porcentualmente más votado desde 1958.

La ratificación de la hegemonía chavista viene con un dato sólido, políticamente muy relevante. En medio de una consistente adversidad económica, el chavismo supera sus cifras, las que obtuviera en la emblemática elección ganada por la oposición: las parlamentarias de 2015. En esa justa el chavismo obtuvo 5.622.844 votos.

El resultado matemático supone, para las fuerzas opositoras, una severa fragmentación electoral que se aprecia desde varias cifras. Una de ellas es la notable ausencia de los opositores que asintieron la convocatoria a la abstención y que contribuyeron para el nada usual resultado de participación de menos del 50% del padrón electoral venezolano.

Para Venezuela ese dato será un insumo de señalamientos, especialmente los que van a formularse desde el frente externo y las estructuras hegemónicas de comunicación, aunque para ello se emplee el doble rasero que desconozca otras realidades en la región. Como las presidenciales de Chile de 2013 que tuvo un 59% de abstención, o la reelección de Piñera en 2017 con 55% de abstención; por otro lado Colombia tuvo en sus parlamentarias de este año un 51% de abstención. Evidentemente los señalamientos serán selectivos hacia Venezuela.

La ausencia de electores agrupados en los partidos de la abstención significó la ampliación de la ventaja de Maduro. Una paradoja electoral que coloca el resultado favorable al chavismo como desproporcionado. No obstante el chavismo se mantiene en sus históricos recientes, hay que recalcarlo, en medio de una trama económica y política muy adversa, agravada con presiones externas y medidas de asfixia económica y comercial que recaen fuertemente en los sectores populares. Un referente electoral de actitud ejemplar e irreductible de la militancia chavista.

Henri Falcón alcanzó el 22% de los votos y Javier Bertucci poco más del 10%. Si sumamos sus votos, que son menos de 3 millones, ambas tendencias representan un nuevo mínimo histórico para fuerzas antichavistas. Se destaca el dato de que técnicamente Bertucci ha roto la polarización que ha dominado la política venezolana, irrumpe como tercera fuerza política, sólida en términos porcentuales y con casi 1 millón de votos en su haber. Nada mal para una novísima fuerza política.

Falcón se pronunció previo a los resultados. Pese a sus señalamientos de “ventajismo” y críticas a los puntos rojos de la plataforma chavista, efectuó una crítica directa al resultado que se ha producido por defecto de la abstención aupada por otros sectores antichavistas. “Hoy queda claro que esa propuesta de llamar a la abstención, ha dejado atrás una oportunidad extraordinaria para darle cauce cierto a la tragedia que vive Venezuela”, dijo el candidato en declaraciones ante medios y luego desde su cuenta en Twitter.

Falcón señaló que “no reconocerá” los resultados, delegando nuevamente en el CNE y en el chavismo las disparidades electorales que significaron su derrota, derivada del poco apresto político de su candidatura y su debilidad frente a otros partidos que lo boicotearon. Dijo que el proceso “no fue real” y por eso ha solicitado que se convoque a “nuevas elecciones”, propuestas para octubre, esperando que éstas se realicen “sin ventajismos”. Lo que en términos políticos es una incongruencia, pues su misma solicitud de nuevos comicios desmonta sus propios señalamientos sobre el árbitro.

No obstante y pese al pobre resultado para Falcón, éste ha ganado un lugar de privilegio con el que no contaba hasta hace unos meses. Luego de ser un actor de segunda en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), Falcón pasa al primer nivel como conductor y rostro electoral de la oposición. Como abanderado de la facción moderada y electoral de la oposición, ha asumido la conquista de espacios cautivos que dejó el antichavismo abiertamente violento, abstencionista y promotor del asedio externo.

La posición de Falcón relega a factores de la política interna que trasladaron su posición al extranjero, aspirando de éste la desestabilización total y desplazamiento del chavismo. Son instancias de la MUD fragmentada que perdieron toda capacidad de conducción política de sí mismos y están ahora a la sombra de los designios de la Administración Trump, Luis Almagro y el Grupo de Lima. Son ahora una instancia política que pierde el rol beligerante en la política local y que pierden progresivamente capacidad de inferir en la política desde el ámbito interno por medios propios. El protagonismo o agotamiento de estos agentes no está en sus propias manos, por lo cual debe preverse por ahora como indeterminado.

Por importantes que sean estas elecciones y sus resultados en el ámbito de la política interna de Venezuela, lo son más todavía en el ámbito de la situación de Venezuela de cara a su frente externo. La cuestión internacional se proyecta en incremento. El escalamiento y amplificación de presiones contra la institucionalidad venezolana es previsible desde este escenario. Este será el factor de definición. Venezuela seguirá en medio de un juego de potencias, donde los posibles espacios de acciones y decisiones estarán, algunos de ellos, fuera de Caracas.

Maduro ha dado un discurso al saberse reelecto donde se declara triunfante, más allá de las cifras. Ha hecho una proclamación de la victoria política del chavismo en su apreciación más sustantiva. Subestimado y señalado, ha dado otra lección enorme en política. Ha explotado a máximo nivel y como nunca se había hecho en la política venezolana las fragmentaciones y debilidades del adversario, con sólo mantener su postura inamovible de someter los destinos nacionales a la medición política. La defensa del derecho a la política, algo que podría considerarse elemental, fue para Maduro una acción que ejecutó sólidamente y por la cual resultó favorecido.

Maduro ratificó acceder al respaldo político que ha demandado para asumir pendientes que habían sido relegadas por la eventualidad electoral que se ha consumado. En referencia a la materia económica, principal deuda del chavismo, ha hecho advertencias sobre acciones y resultados que son esperados por las grandes mayorías nacionales. Escenarios que están por vislumbrarse.


Fuente: Misión verdad

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