Presidenciales de diseño, derivas de una esperanza llamada Lula

En una nota de opinión, Maryam Camejo analiza la continuidad de la injusticia con el ex presidente, en relación con su aislamiento del Pueblo y del ataque dirigido al costado emocional y espiritual de quién lidera por amplio margen las encuestas para las próximas elecciones presidenciales en Brasil.

 

“La voz del pueblo por Lula libre”

La injusticia continúa. Pero la lucha la sigue y la señala, envuelta en miles de voces, que exigen a gritos, bajo cielo abierto, la libertad de Lula, un hombre convertido en idea y multiplicado en pueblo. Como afirma el intelectual Frei Betto, es muy difícil olvidarlo, por su gestión para eliminar la pobreza en Brasil, y en aras de tantas otras cosas por las que la izquierda, en toda Latinoamérica, quiere seguir conquistando décadas.

Pero a Luiz Inácio Lula da Silva quieren quitarle las décadas por delante. Preso desde el 7 de abril para cumplir una condena de 12 años por supuesta corrupción, en la que meten las manos, las narices y todo tipo de maquinaciones la derecha brasileña, el juez Sergio Moros y un sistema judicial decadente, vergonzoso.

Los dirigentes de las mayores centrales sindicales del país solicitaron autorización para encontrarse con Lula en la celda de la Policía Federal en Curitiba, pero les fue rechazada su petición. Lo mismo sucedió con las solicitudes de visita de la expresidenta Dilma Rousseff, el candidato presidencial izquierdista Ciro Gomes y el Premio Nobel de la Paz y activista argentino de derechos humanos Adolfo Pérez Esquivel.

El Partido de los Trabajadores (PT) afirma con plena convicción que la intención es mantener totalmente aislado a este dirigente histórico de Brasil, un preso político perseguido por la Justicia –que no debería utilizarse esa palabra– con el objetivo de que no pueda disputar las elecciones presidenciales de octubre próximo, para las que figura como favorito en todos los sondeos.

Encima, el sistema que acecha al exmandatario presentó una nueva denuncia contra él por corrupción, esta vez por supuestamente haber recibido sobornos de la constructora Odebrecht, lo que se extiende a tres dirigentes del PT que fueron ministros en el gobierno de Lula: la actual senadora y presidenta del PT, Gleisi Hoffmann; el exministro de Planificación Paulo Bernardo Silva, y el exministro de Hacienda Antonio Palocci, quien también cumple una condena por corrupción.

Gleisi Hoffmann, una de las pocas personalidades políticas que han podido ingresar en la celda del cuarto piso de la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, afirmó que existe una estrategia para golpear a Lula emocionalmente.

Además, Hoffmann grabó un video y firmó un comunicado que deplora el ataque armado que dejó dos heridos, uno de ellos grave, en el campamento de activistas que cada mañana se concentra frente a la Superintendencia para darle los buenos días a Lula con cánticos de aliento. Por esa razón, considera muy grave el clima de intolerancia y violencia existente en el país contra el PT, la izquierda y los movimientos sociales.

Las acciones para aislar a Lula son evidentes, pero el PT ha cerrado filas y está firme en que Lula seguirá siendo el nombre para las elecciones. “Él va a ser el candidato incluso si no recupera la libertad y tiene que permanecer en la cárcel”, sentenció Hoffmann.

No obstante, la situación en Brasil es tan compleja que es válido vaticinar que la derecha, cuando ha llegado hasta aquí, hará todo lo posible para salir ganando en octubre. Puede esperarse entonces que si se mantiene la candidatura del exmandatario, tratará de cambiar el curso del proceso electoral o de su resultado –recordar a Dilma Rouseff.

“Hoy Brasil es una nave sin rumbo”, afirma Frei Betto, “Nuestro futuro es imprevisible. Su signo se decidirá en octubre, con el resultado de la elección presidencial. Y sea cual fuere el resultado, la nación no se apaciguará”.

Habría que agregar: la injusticia continúa. La lucha la sigue a cortos pasos y la condena yace envuelta en miles de voces que exigirán a gritos, a pesar de la estrategia de la derecha, la elección de Lula.


Fuente: Bohemia

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