Bukele invadió la Asamblea Legislativa salvadoreña con fusiles y de la mano de Dios

Por Fernando Romero y Rodrigo Baires Quezada

Diputados que apoyaron la convocatoria del presidente al pleno legislativo reclamaron la toma del Salón Azul que hicieron los militares y policías con fusiles en mano. El presidente Nayib Bukele se sentó en la curul del presidente del Órgano Legislativo, recriminó a los diputados ausentes y dijo que tomaría una decisión después de orar a Dios. El mandatario después dijo que Dios le respondió: “Paciencia”. Y emplazó a los diputados a que en una semana deben autorizarlo con sus votos para que negocie un préstamo por $109 millones para su plan de seguridad.

La Asamblea Legislativa se llenó de militares desde muy temprano del domingo 9 de febrero. También de policías y francotiradores. Pero ninguno de los 28 diputados que finalmente asisitieron a la convocatoria hecha por el Ejecutivo previó lo que ocurriría a las 4 de la tarde tras la apertura del hemiciclo legislativo: varias cuadrillas de militares armados con fusiles, casco y chalecos antibalas marcharon dentro del Salón Azul para apostarse en los costados y atrás de todas las curules. El Ejército preparó así la entrada de su comandante en jefe: el presidente Nayib Bukele.

Fue el punto más tenso de una jornada donde el presidente Bukele demostró que, con el apoyo de la Fuerza Armada y la Policía Nacional Civil, el Ejecutivo pudo someter a un Órgano Legislativo reacio a ceder a sus demandas.  El desenlace de una bola que comenzó a rodar el jueves 6 de febrero, cuando Bukele, acuerpado por el artículo 167 numeral 7 de la Constitución salvadoreña, decidió cerrar los espacios de diálogo y declaró una guerra abierta al poder legislativo por la falta de aprobación para la negociación de un crédito de $109 millones para la tercera fase de su Plan Control Territorial.

Con los militares y policías armados invadiendo el Salón Azul, el presidente Bukele, micrófono en mano, dijo: “Ahora creo que está muy claro quién tiene el control de la situación”.

Bukele saludó al diputado Guillermo Gallegos y se sentó en la silla del presidente de la Asamblea Legislativa, Mario Ponce, el diputado pecenista que no asistió este domingo. Desde esa curul, Bukele tomó el control de la Asamblea: dijo que en ese momento se abría la sesión plenaria extraordinaria, aunque no había quórum y no era él quien estaba facultado por la Constitución para iniciar una sesión legislativa. Dijo que los diputados que no habían acudido cometieron un desacato constitucional. Lo dijo dos veces: desacato constitucional, un delito que no existe en el Código Penal salvadoreño.

Y entonces oró.

Hubo un silencio de dos minutos en el que se escuchaban los clics de las cámaras fotográficas que encuadraban a un presidente de la República ocupando la curul presidencial, con sus manos juntas, las palmas frente a su rostro inclinado y con los ojos cerrados. Dos minutos. A su lado estuvo Gallegos, también en silencio, con la cabeza inclinada hacia abajo. Bukele terminó de orar y sin despedirse de nadie se retiró. Sonó “La granadera” de la banda marcial y el grupo numeroso de fotógrafos y camarógrafos rodeando a Bukele se fue en tumulto como llegó.

Detrás del presidente, los militares con sus fusiles que rodearon el Salón Azul, por primera vez desde los Acuerdos de Paz de 1992, también dejaron la sala de las sesiones plenarias de los diputados. La plenaria nunca empezó con formalidad. Los diputados simpatizantes de Bukele que habían acudido para apoyar al presidente se dijeron sorprendidos por la escena inédita de la militarización de la Asamblea Legislativa. No se esperaban esos excesos, dijeron algunos después. Se reunieron en las curules de la junta directiva y escribieron a mano un acta de asistencia para firmarla.

Afuera de la Asamblea Legislativa, a Bukele lo esperaban sus seguidores. En una tarima que fue armada desde el sábado 8 de febrero, el presidente hizo un mitin que partió en dos momentos: uno antes de entrar al pleno legislativo y el otro al salir tras su oración. En la primera parte, recordó un evento electoral que tuvo en la Universidad de El Salvador (UES) para los comicios presidenciales de 2019, donde les prometió a los universitarios que iba a marchar con ellos hasta la Asamblea Legislativa para pedir un mejor presupuesto para la universidad. Bukele, para este año fiscal 2020, le rebajó el presupuesto a la UES. Aun así, les dijo: “Prometí en la campaña que si había que marchar a la Asamblea Legislativa, íbamos a marchar a la Asamblea”.

En la segunda parte del mitin, a su salida del Salón Azul, les compartió a sus simpatizantes la oración que hizo dentro de la Asamblea. También le dio una semana para que la Asamblea cumpla con sus peticiones so pena de una insurrección esta vez efectiva.

El consejo de Dios

Los mismos soldados que estuvieron en el pleno con sus armas largas y cascos balísticos subieron a la tarima con Bukele para cerrar el mitin. “Nuestros adversarios lo saben, la comunidad internacional lo sabe, nuestra Fuerza Armada lo sabe, nuestra Policía Nacional Civil lo sabe, todos los poderes fácticos del país lo saben: si quisiéramos apretar el botón, solo apretamos el botón”, dijo Bukele, sin explicar a qué se refería con “apretar el botón”.

“Yo le pregunté a Dios y Dios me dijo: ‘Paciencia’. Paciencia, paciencia. ¡Paciencia! ¡El 28 de febrero (de 2021), todos esos sinvergüenzas van a salir por la puerta de afuera y los vamos a sacar democráticamente!”, dijo el presidente. Y continuó: “¿Por qué vamos a poner en duda el verdadero poder del pueblo en la democracia? ¿Por qué, si en unos meses vamos a tener esa Asamblea, por qué la vamos a tomar por la fuerza aunque la Constitución les dé el derecho (a sus simpatizantes) y yo no se los voy a impedir?”

Fue la mención más explicíta de la intención electoral de la concentración convocada por el presidente frente a la Asamblea.

Acompañado de un grupo de soldados del ejército, el presidente Nayib Bukele salio del Salón Azul para decirles a sus simpatizantes que habló con Dios y que este lo iluminó para que tuviera paciencia. F

Fanáticos del presidente entre el público gritaban “¡Insurrección!”. Y Bukele, tal como dijo que Dios se lo había pedido a él, les pidió paciencia: “Si estos sinvergüenzas no aprueban esta semana el Plan Control Territorial, los volvemos a convocar el domingo, le volvemos a pedir sabiduría a Dios y le decimos: ‘Dios, tú me pediste paciencia, pero estos sinvergüenzas no quieren trabajar para el pueblo”.

Respiró profundo mientras veía el micrófono: “Dios es más sabio que nosotros, Dios es más sabio que nosotros. Una semana señores. Una semana… una semana. Ningún pueblo que va en contra de Dios ha triunfado. Démosles una semana a estos sinvergüenzas”.

El artículo constitucional 167 faculta al Consejo de Ministros del presidente de la República a convocar a sesión plenaria extraordinaria a la Asamblea Legislativa cuando los intereses de la república lo demanden. Para el presidente, el interés que prevalece es el de la seguridad pública; sin embargo, el presidente de la Asamblea Legislativa declaró “improcedente” la convocatoria del Consejo de Ministros el viernes pasado, una opinión compartida por organismos de derecho constitucional en el país.

El eje del discurso de Bukele apeló a las emociones de sus seguidores, a quienes les preguntó cuánto pagarían para recuperar a un ser querido, que la Asamblea se oponía a financiar su Plan Control Territorial y que quienes se oponían fueron los que negociaron con los pandilleros, los que les dieron dinero con el que compraron armas y municiones con las que mataron a sus seres queridos. Y que fue esa oposición la que lo obligó a convocar a la sesión extraordinaria por el bien de la gente. El presidente ignoró que el actual ministro de Gobernación, Mario Durán, y el director de reconstrucción del tejido social, Carlos Marroquín, fueron descubiertos negociando con pandilleros mientras fueron funcionarios en la Alcaldía de San Salvador que él administró de 2015 a 2018.

Antes de este fin de semana, en la Asamblea Legislativa se sabía que no había diputados ni siquiera para iniciar la sesión extraordinaria, mucho menos para aprobar la negociación del crédito. Eso también lo sabía el presidente, ya que su equipo de protocolo y prensa ya estaba dentro de la Asamblea. “La gran mayoría no vinieron”, les dijo a sus seguidores. “Ellos están obligados por Constitución a atender la convocatoria”, dijo Bukele. La gente contestó con insultos a los diputados y luego gritaron su nombre.

Los diputados del FMLN publicaron antes del mediodía del domingo que durante la convención nacional extraordinaria del partido que se llevaba a cabo en San Marcos decidieron no asistir a la plenaria, una decisión que adelantaron desde el jueves. De Arena solo había tres diputados: Milena Mayorga, Felissa Cristales y Gustavo Escalante. Sin embargo, Cristales, al ver la presencia de militares en el pleno, abandonó el salón. Hasta el mismo presidente del Legislativo, Mario Ponce, dijo un día atrás que no llegaría a la sesión dominical porque tenía su agenda ocupada, y convocó formalmente a una plenaria extraordinaria para este lunes a las 12 del día.

Milena Mayorga, diputada disidente del partido ARENA, escucha las palabras del presidente Nayib Bukele en su llegada al Salón Azul, donde llegó acompañado de soldados y de agentes de la UMO para acordonar las curules de los diputados. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Los diputados presentes eran de GANA, PCN, PDC, CD, Arena y el no partidario Leonardo Bonilla. No llegó ningún diputado de la bancada legislativa del FMLN.

El desconcierto

El director de la Policía Nacional Civil, Mauricio Arriaza Chicas, intentó argumentar la presencia de los policías antimotines dentro de la Asamblea Legislativa. Dijo que la razón era por “una convocatoria constitucional del Consejo de Ministros”. Según Arriaza, la Unidad de Mantenimiento del Orden, como unidad de apoyo y reserva de la Policía, estaba “por cualquier apoyo en la protección del ciudadano presidente. Nada más”. También dijo que los soldados y policías solo eran parte de la seguridad del Estado Mayor Presidencial. Según el director, en cualquier lugar que se presenta el presidente, la UMO le proporciona seguridad.

“En este caso, es un dispositivo cercano en concordancia con los protocolos de seguridad de la Asamblea Legislativa”, aseguró Arriaza. Pero omitió comentar el acuerdo al que llegaron con los diputados que se reunieron con él y con el ministro de la Defensa Nacional, Francis Merino Monroy, minutos antes de que se abriera el Salón Azul. En esa reunión se acordó que el Ejército y la Policía se quedarían fuera del Salón Azul.

El Director de la PNC Mauricio Arriaza Chicas ingresa en medio de la Guardia de Honor de la Escuela Militar, pocos segundos después que el presidente Nayib Bukele llegara a la Asamblea Legislativa. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

El diputado Cardoza se quejó al ver a los militares dentro del pleno legislativo: “¡Aquí no hay ningún delincuente!”, dijo con tono enfurecido. El diputado de GANA Francis Zablah lamentó la presencia militar en el Salón Azul. “No era necesario”, comentó, y aseguró que es un mal mensaje que se da al exterior.

La diputada Cristales escribió en su cuenta de Twitter: “El Salvador es un país al cual su democracia le ha costado sangre. Ningún salvadoreño puede estar de acuerdo con esto. Con la democracia no se juega”.  Lo mismo hizo la diputada Milena Mayorga, quien pese a ser del partido Arena, actualmente es simpatizante del presidente Bukele. “De buena disposición estoy en la Asamblea, no necesitamos militares para legislar”, escribió.

La legisladora arenera Marcela Villatoro, miembro del Coena, respondió a su correligionaria Cristales también por Twitter: “Te quiero mucho pero vos sos parte culpable de todo esto. Si hubieras sido más apegada a la Constitución y respetado el Estado de Derecho y sobre todo independiente a tus decisiones, otra historia fuera”.

Un pelotón de soldados del ejército salvadoreño rodea la zona de curules de los diputados de la Asamblea Legislativa, durante la sesión extraordinara convocada por el Gabinete de Ministros. Al final unos pocos parlamentarios atenderieron el llamado de Bukele.

El diputado no partidario Leonardo Bonilla reclamó: “¡¿Acaso con el fusil en la cabeza nos van a obligar a votar?! Así no se juega, esto es preocupante. ¡Esto no es una democracia ya! Si no, que traiga a sus nuevos diputados y póngalos en estas curules. Si ya tiene el dominio de las instituciones, coopte el Estado por completo y ponga a otras personas en esas curules si todos los diputados acá somos incapaces, pero yo no voy a tolerar esto”.

El mitin

Desde el domingo por la mañana, todas las calles de ingreso al centro de gobierno estaban vigiladas por soldados y miembros del Estado Mayor Presidencial. Cerca de las 10 de la mañana, aparecieron los antimotines policiales.

Los periodistas solo pudieron ingresar hasta que pasaron el control de explosivos del Estado Mayor Presidencial, aunque un par de horas después los cientos de personas que llegaron en autobuses coordinados por el partido Nuevas Ideas (NI) solo pasaron registros físicos. Una vez dentro del cerco de seguridad, la gente hacía filas para recoger su refrigerio: agua y refrescos embotellados y un sándwich, que eran entregados por “voluntarios” que se resguardaban bajo canopis que fueron transportados en vehículos del Estado.

Simpatizantes de Nuevas Ideas previo a la sesión extraordinara convocada por el Gabinete de Ministros y el presidente Nayib Bukele. Al final unos pocos parlamentarios atenderieron el llamado de Bukele. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Nadie quiso decir quién pagó el refrigerio y solo un grupo de “voluntarios”, los que estaban en la acera frente al Ministerio de Gobernación, aseguró que era de una organización no gubernamental llamada “Juventud en Acción”, de San Marcos, que desde julio del año pasado trabaja con el Instituto Nacional de la Juventud como parte de los programas del Plan Control Territorial. Otros fueron más escuetos y aseguraron que eran voluntarios “espontáneos” que atendieron el llamado del presidente Bukele y solo estaban colaborando.

Mientras la gente llegaba, la producción del evento, en donde se destacaba Mario Piche, un empleado de Casa Presidencial, se apuraba en probar sonido, la transmisión en vivo, incluso se cantaba un reguetón dedicado a “los diputados ladrones”. Los seguidores mostraban carteles de apoyo al presidente, mientras posaban a los fotógrafos frente al portón sur de la Asamblea Legislativa. Bukele llegaría a las 4 de la tarde.

Para entonces, un grupo de periodistas había discutido con la Policía para ingresar a la Asamblea, donde ya tenía el control de los accesos, y soldados con fusiles.La Asociación de Periodistas de El Salvador denunció nueve casos de abusos de militares y de la seguridad presidencial contra periodistas.

Las advertencias

Organizaciones internacionales se pronunciaron sobre la decisión de Bukele de invadir con militares el Salón Azul de la Asamblea. Amnistía Internacional habló de un “ostentoso despliegue policial y militar en la Asamblea Legislativa” que recuerda “las épocas más sombrías de la historia de El Salvador”. Para Amnistía Internacional, lo que hizo el presidente Bukele “emite una alerta sobre el futuro de los derechos humanos”.

José Miguel Vivanco, director ejecutivo de Human Rights Watch para América, llamó al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, a preocuparse por lo acontecido en la Asamblea. “Esta exhibición de fuerza bruta justifica reunión urgente de la OEA en función de la Carta Democrática”, expresó Vivanco. Almagro, de hecho, había adelantado que había conversado con la canciller salvadoreña, Alexandra Hill, y que ella le aseguró que el gobierno estaba respetando la Constitución y la independencia entre poderes. La canciller Hill le mintió al secretario general de la OEA.

Edison Lanza, relator especial para libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se refirió a los altercados en que policías pretendieron obstaculizar el trabajo de la prensa: “Parece que se está forzando una crisis institucional en El Salvador”, dijo el relator. La misma CIDH instó al Estado salvadoreño a “resolver pacíficamente la actual crisis y respetar la separación de poderes y la Constitución”.

Birgit Gerstenberg, coordinadora residente de las Naciones Unidas en El Salvador y Belice, recalcó que El Salvador “ha alcanzado logros importantes y ha ido profundizando su democracia y el Estado de Derecho mediante el respeto de las diferentes opiniones y el diálogo”. Gerstenberg agregó: “Confiamos en que ese espíritu prevalezca”.

La vicepresidenta de Costa Rica, Epsy Campbell Barr, hizo un llamado al “respeto de las instituciones democráticas y a la separación de poderes en El Salvador”. “El diálogo respetuoso y constructivo, orientado al mantenimiento de la paz, debe ser la única vía para la solución de conflictos”, dijo la funcionaria costarricense.

El representante estadounidense por el Partido Demócrata James McGovern criticó la acción del presidente: “Los militares y policías deben regresar a sus cuarteles y no involucrarse en asuntos políticos. Este espectáculo de fuerza recuerda los días más oscuros de la historia de El Salvador. Los salvadoreños han sacrificado mucho por sus instituciones democráticas. Cualquier acción que las mine es simplemente inaceptable”.

El gobierno de Bukele bajó los tonos al final del día. Por comunicados oficiales, intentó limpiar la imagen que el presidente dejó tras su paso por la Asamblea Legislativa ocupada por fusiles militares y policiales y prefirió resaltar, ignorando todo el despliegue de fuerza bélica que hizo este domingo 9 de febrero, su mensaje de paciencia y de la mano de Dios.

El 6 de febrero, el presidente había tuiteado su decisión de convocar a la Asamblea, basándose en el artículo 167 de la Constitución. Entonces también incitó a la población a hacer uso del derecho a la insurrección, contempleado en el artículo 87 de la Constitución, si los diputados no asistían a su llamado. En el comunicado de prensa, Casa Presidencial intentó cambiar la narrativa diciendo que el presidente había intentado calmar las ansias de rebelión.

Fuente de origen: Resumen Latinoamericano

 

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