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EEUU militariza Panamá: El regreso del Comando Sur

El pasado 8 de enero movimientos sociales y políticos panameños denunciaron la presencia de helicópteros de Estados Unidos, artillados y de gran potencia de carga en un trasiego inusual hacia Darién, la provincia panameña fronteriza con Colombia, y presentaron pruebas y fotografías sobre esta situación, obligando al gobierno del presidente Juan Carlos Varela a reconocer un escenario que responde a una verdadera siembra de bases de Estados Unidos en ese país, violando todas las legislaciones internacionales.

Por Stella Calloni

Los Movimientos alertaron también sobre el hecho de que esto sucediera a sólo días de la legítima asunción del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado 10 de enero, país bajo una campaña brutal de amenazas de Estados Unidos conjuntamente con la oposición golpista. La denuncia y las fotos de los helicópteros norteamericanos en Darién que circularon por las redes obligaron al gobierno panameño a admitir que efectivamente estaban trasladando “equipos y carga” supuestamente para establecer junto con Colombia un esquema de vigilancia contra el narcotráfico y la inmigración.

Esto en realidad comenzó el 4 de enero después de una reunión entre el presidente de Panamá Juan Carlos Varela con el almirante Craig S. Faller actual Jefe del Comando Sur de Estados Unidos durante una visita oficial a la sede de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF-S por sus siglas en inglés) en Key West, Florida, como informó el periódico La Estrella de Panamá.

En esa reunión se acordó fortalecer “los exitosos programas de cooperación” y el mandatario panameño reafirmó el compromiso de continuar siendo un país amigo, socio y aliado estratégico en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado”. Además Varela se reunió con “un grupo representativo de los oficiales de enlace de 20 países responsables de aportar información y coordinar los esfuerzos entre el Comando Sur y sus respectivas fuerzas públicas para identificar, monitorear, interceptar y aprehender personas, naves y aeronaves vinculadas a las redes de tráfico ilícito” añadió el periódico panameño.

JIATF-S es una de las tres fuerzas de tarea del Comando Sur destinadas a esto “en toda el área compartida por los Estados Unidos y las naciones amigas en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe para facilitar la interceptación del tráfico ilegal y apoyar a la seguridad de naciones amigas”.
En este caso la presencia del Comando Sur, es una doble ofensa para los panameños: la violación de la soberanía por cuya conquista murieron tantos patriotas, y el imborrable recuerdo de la invasión que asoló a Panamá el 20 de diciembre de 1989 y que partió de la Zona del Canal -que unía a las principales ciudades de ese país, Panamá sobre el Pacífico y Colón sobre el Atlántico- sede de esa institución durante más de 50 años hasta su salida al finalizar 1999, cuando levantó todas sus bases y se trasladó a Miami.

A últimas horas del 19 de diciembre, en la madrugada del 20 desde esas bases del Comando Sur en la Zona del Canal salieron naves, tropas, aviones y helic0ópteros, que en cinco minutos estaban bombardeando Panamá, invasión donde se probaron los Stealth, aviones silenciosos e imposible de detectar por los radares y otras armas letales, que dejaron muerte y destrucción sobre la indefensa población panameña, un país que en ese momento tenía poco más de dos millones de habitantes y estaba recién preparando sus Fuerzas de Defensa, su primer ejército propio.

En estos momentos la actividad del Comando Sur es permanente en Panamá, e incluso sus fuerzas armadas desarrollan Acción Cívica, disfrazada de “ayuda humanitaria y de salud” en la localidad de Antón y otros lugares parte de la estrategia de guerra contrainsurgente para conocer, dominar territorios y controlar a la población.
Las organizaciones patrióticas de Panamá denuncian cotidianamente esta nueva ocupación del país ante la indiferencia de la región. Las bases comenzaron a instalarse después de un acuerdo de “cooperación” con Estados Unidos, firmado por el ex presidente de Panamá Ricardo Martinelli, con Hillary Clinton ex Secretaria de Estado, en septiembre de 2009 en el marco de la 64 reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU).
Este acuerdo significó la autorización para instalar bases militares en el Pacífico y el Atlántico panameño encerrando al país literalmente con una cantidad de establecimientos similar o mayor a los que tenían enclavados cuando ocupaban la Zona del Canal hasta finalizar 1999, cuando se fueron, cumpliendo los Tratados Torrijos-Carter de 1977, pero también por razones estratégicas.

Ya el 2 de octubre de 2010, el entonces ministro panameño de gobierno y Justicia, José Raúl Mulino anunció que EE.UU establecería bases navales en Bahía Piña, en la provincia de Darién limítofre con Colombia y en Punta Coco, al sur de la provincia occidental de Veragua.

El politólogo y académico Marco A. Gandásegui consideró como un encubrimiento del gobierno panameño el informe de que la “ Policía Nacional, el Servicio Nacional de Frontera y el Servicio Nacional Aeronaval(los invasores desarticularon el ejército en 1989) firmaron un acuerdo interinstitucional para el establecimiento de bases aeronavales y de policía panameñas en el litoral Pacífico y Atlántico del país. En realidad lo que se había firmado era un pacto entre Panamá y Estados Unidos, para que este último país establezca bases militares en el Istmo panameño..

A su vez el analista y escritor Julio Yao recordó en esos momentos un acuerdo previo firmado en 2002, entre el ministro de Gobierno y Justicia Aníbal Salas y el embajador de EE.UU Frederick Becker en enero de 2002 que en realidad tenía detrás otra serie de acuerdos que se firmaron desde 1991 después de la invasión, avanzando sobre la soberanía nacional. En este caso el Salas-Becker tenía la finalidad de patrullar conjuntamente las aguas panameñas y el espacio aéreo, para supuestamente perseguir naves sospechosas o vinculadas con el narcotráfico, pero en realidad correspondía a lo que bien podría denominarse la reocupación militar de Panamá.

Las dos bases mencionadas en un principio se multiplicaron y se pasó a hablar rápidamente de otras dos bases “aeronavales” en el Pacífico y en el Caribe: la base aeronaval en la Isla Chapera, en el Archipiélago de las Perlas, cerca de la Isla Contadora (donde transcurrieron la reuniones para pacificar la región en los años 80) y la segunda en Rambala, provincia de Bocas del Toro, importante área turística. Pero no son las únicas, ya que se mencionan doce bases, varias de las cuales son también establecimientos de distintos tipos como los Centros de Operaciones de Emergencia Regional (COER) de los que EE.UU ha sembrado decenas en Perú, uno de los países donde más ha crecido la ocupación militar estadunidense y las bases en los últimos años.

Por cierto Yao denunció que el entregar bases a EE.UU profundizaba la militarización de un gran espacio territorial “desde el cual será posible lanzar operaciones sobre toda la región en franca conspiración contra la pacífica convivencia entre los pueblos y la solución pacífica de las conflictos”.
Los panameños conocen muy bien los falsos argumentos conque ocuparon ese país desde principios del siglo pasado y la cantidad de bases que se extendieron por fuera del Comando Sur durante la Segunda Guerra Mundial y por esto los movimientos políticos y sociales que siguen reivindicando el derecho a la soberanía de su país, denunciaron en enero-febrero de 2018 la entrada de tropas de fuerzas especiales de EE.UU durante días, que siguieron hacia Darién y otros lugares.

En esos momentos se había activado la campaña del Comando Sur contra Venezuela y la base en Darién es considerada estratégica y figura en los planes militares del pentágono para sus posibles trazados de intervención en cualquier país cercano. Estos proyectos fueron muy bien explicado por el ex jefe del Comando Sur Kurt W. Tidd., colocando en el ojo de la tormenta además de Venezuela a Cuba, como una amenaza para Estados Unidos, algo ya perimido y no creíble pero que siempre les sirve en momentos claves. Se agregó ahora Nicaragua, país en que intentaron un golpe de estado blando pero violento con manifestaciones de grupos de estudiantes sostenidos por fundaciones de Estados Unidos que encubrían un caballo de troya, con la entrada de mercenarios armados entre abril y julio de 2018. Sobre esto se armó una campaña de mentiras brutales, ocultando no sólo la verdad. La responsabilidad de crímenes aberrantes cometidos por el golpistas y el financiamiento y asesoramiento de Washington, con cifras y documentos de los propios Estados Unidos, que cada vez se hace más abierto..

LAS EXCUSAS DE 2019-01-14

Según el presidente Varela los helicópteros del Comando Sur en estos momentos están “cooperando con el transporte de materiales para la construcción de una base del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront)” como dijo el pasado 10 de enero al confirmar el trasiego aéreo en Darién.
A su vez el ministro de Seguridad, Jonathan Del Rosario, salió a negar que el desplazamiento de helicópteros del Comando Sur de EE.UU. en la selva del Darién, signifique que Panamá sea utilizado como plataforma para una invasión a Venezuela. Nadie lo había mencionado en estos términos pero ningún especialista ignora que en una presunta invasión adonde sea que sea, todas estas bases y especialmente las nueve que se le han cedido a EE.UU en Colombia, la serie de bases, establecimientos y tropas que EE-UU tiene en Perú, en Paraguay en Centroamérica en el Caribe entrarán en actividades de distintas características, entre ella la de Darien y de Panamá..

En otro de los temas en que ha estado trabajando el Comando Sur es en su viejo proyecto de lograr la participación de los ejércitos de la región para invadir o colaborar en los proyectos golpistas contra los gobiernos que no se “asocian” es decir que no se entregan a la potencia imperial. Esto se ha activado al máximo al contar ahora con un eje importante como es Colombia(clave por su relación con la OTAN) Brasil, Argentina (ambos países en lucha sorda por el liderazgo regional ante EE.UU) Perú y el resto de los que conforman el “Cartel de Lima”.

En febrero de 2018 el ex jefe del Comando Sur, Kurt Tidd al hablar ante el Congreso de EE.UU se refirió “a los escenarios planteados en el continente, objetivos, medios y estrategias acordes con la Estrategia de Defensa Nacional (2018) y la Estrategia de Seguridad Nacional (2017-2018). Le recordó a los congresistas que “en términos de de proximidad geográfica, comercio, inmigración y cultura, no hay otra parte del mundo que afecte más la vida cotidiana de Estados Unidos que América Central, América del Sur y el Caribe” como escribió Raúl Capote Fernández en el periódico Granma de Cuba citando documentos de ese Comando.

Los planes para posibles intervenciones armadas han llevado a desplegar un verdadero cerco que se puede utilizar contra cualquier país de la región. Pero esto ha dejado de ser fácil. Hay una densidad de factores que en estos momentos ha disuadido a ciertos sectores políticos estadunidenses, preocupados por la presencia de China y Rusia, con todo el poder que exhiben y por las propias debilidades, conflictos y contradicciones internas en Estados Unidos, que advierten sobre la decadencia imperial

En 2018 Tidd consideró que los desafíos para la hegemonía, se enfrentarán por medio de una «Red de Redes», operada por el Comando Sur en conjunto con las agencias estadounidenses y los aliados y mencionó tres Fuerzas de Tarea Conjunta que actuarán en este plan: Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo (Base Aérea de Soto Cano, Honduras), Fuerza de Tarea Conjunta de Guantánamo, La Fuerza de Tarea Interagencial y Conjunta-Sur (Cayo Hueso, Florida)” añade Capote Fernández..

La respuesta a cualquier contingencia incluye: Defensa del Canal de Panamá y el área del Canal de Panamá; Operaciones de control de migración; Asistencia humanitaria y Respuesta ante desastres; Operaciones militares unilaterales, bilaterales o multilaterales llevadas a cabo por las fuerzas en respuesta a cualquier crisis”.

Por todo esto cada denuncia en soledad de los movimientos sociales, políticos, estudiantiles de Panamá es importante para toda la región, ya que ellos conocen, han vivido luchando durante el siglo pasado y lo que va de este por su derecho a recuperar a su país y su canal, estratégicos para los planes imperiales de recolonización de América Latina en el siglo XXI, pero también para la liberación de América Latina, como lo escribió el libertador Simón Bolívar , en su carta de Jamaica del 6 de septiembre de 1815 donde propuso a Panamá como capìtal de la Asociación de Naciones de lo que sería hoy Nuestra América en unidad como la única forma de enfrentar las ambiciones imperiales.


Fuente de origen: Stella Calloni


Créditos de Data Urgente

Producción de la noticia: Sebastián Salgado

Edición general, planificación y gestión digital: Hernán Giner

Dirección del proyecto: Sebastián Salgado


 

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