Turkmenistán prohíbe el coronavirus

El país asiático quiere borrar cualquier rastro del Covid-19 dentro de sus fronteras. Para ello, impide a medios y población hablar de la pandemia y ha suprimido cualquier alusión en información sanitaria.

Aseguran por activa y por pasiva que, dentro de sus fronteras, no hay ni un solo caso de Covid-19, pese a no aportar ningún dato oficial y fidedigno. Y eso que Turkmenistán, uno de los países más dictatoriales y cerrados del mundo, tiene como vecino a Irán, de los más afectados por la pandemia. Aun así, este estado de Asia Central ha decidido que el coronavirus no va con ellos e incluso ha prohibido usar el término tanto a los medios de comunicación como a la sociedad en general, ya sea en hospitales, colegios, oficinas o parques.

Es más, si la Policía pilla a alguien haciendo cualquier mención en la calle es detenido automáticamente. Tampoco se pueden usar mascarillas bajo pena de cárcel igualmente. Lo que busca el Gobierno es borrar cualquier rastro de coronavirus, por lo que incluso ha eliminado los folletos explicativos sanitarios que hicieran alusión a la crisis mundial.

SIN ACCESO A INTERNET

Así, la población de esta antigua república soviética de casi 5,7 millones de habitantes no puede estar muy informado, ya que la mayoría no tiene acceso a Internet (y gran parte de las páginas están censuradas) y los medios de comunicación, controlados por el Estado, tienen prohibido sacar el tema.

Un grupo de hombres toca música tradicional en Turkmenistán.
Un grupo de hombres toca música tradicional en Turkmenistán.SHUTTERSTOCK

Asociaciones como Reporteros sin Fronteras han denunciado la situación, no solo «absurda, sino verdaderamente peligrosa», como asegura Jeanne Cavelier, responsable de la organización sin ánimo de lucro para Europa del Este y Asia Central. «Las autoridades han estado a la altura de su reputación al adoptar este método extremo para erradicar toda información sobre el coronavirus», continúa. No en vano, se trata de una forma de actuar compartida con el resto de estados dictatoriales como Corea del Norte, que también niega tener casos de contagios.

CULTO AL PRESIDENTE

No es la primera vez que el presidente del país, Gurbanguly Berdimuhamedow, que se dio a conocer por regalar un perro a Vladmir Putin por su cumpleaños en 2017, muestra sus métodos dictatoriales. Para empezar, gobierna de forma vitalicia. El dirigente, que promueve el culto a su persona haciéndose llamar Gran Protector, llegó al poder en 2007 tras morir de forma repentina el anterior, que lideró el país asiático, poseedor de la cuarta reserva de gas natural más grande del planeta, tras la independencia de la Unión Soviética.

«Esta negación de información no solo pone en peligro a los ciudadanos turcomanos en mayor riesgo, sino que también refuerza el autoritarismo impuesto por el presidente. Instamos a la comunidad internacional a reaccionar y sancionarlo por sus violaciones sistemáticas de los derechos humanos», añade la representante de Reporteros sin Fronteras.

Asociaciones como Human Rights Watch, organización no gubernamental de investigación, defensa y promoción de los Derechos Humanos, también han criticado que Turkmenistán sea «un país aislado y represor bajo el autoritario gobierno de Berdymukhamedov y sus asociados, por lo que castiga brutalmente toda forma no autorizada de expresión política o religiosa».

Fuente de origen: El Mundo

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