Egipto arresta a un icono de las revueltas de 2011, en una campaña de represión

Alaa Abdelfatah fue uno de los líderes de las protestas que precipitaron la caída del presidente Hosni Mubarak. Su detención se produce en mitad de la mayor campaña de arrestos desde que el presidente Al Sisi tomara formalmente el poder en 2014.

El régimen egipcio continúa su campaña de represión contra cualquier ejercicio de disidencia. Seis meses después de ser puesto en libertad, las autoridades han vuelto a detener a primera hora de este domingo a Alaa Abdelfatah, uno de los jóvenes que fueron icono de las revueltas que precipitaron el ocaso de Hosni Mubarak en 2011.

Desde su excarcelación, Alaa cumplía cincos años de vigilancia policial. Como otros tantos activistas, tenía que acudir cada tarde a una comisaría y pasar la noche en sus calabozos, junto a otros detenidos. «Oficiales de la Seguridad del Estado han arrestado a Alaa esta mañana en su celda de la comisaría de Dokki [un céntrico barrio de El Cairo]», ha informado su familia en un comunicado.

«La detención de Alaa se produce en mitad de la mayor campaña de arrestos desde que el presidente Abdelfatah al Sisi tomara formalmente el poder en 2014. Más de 2.200 personas han sido detenidas desde las protestas contra Al Sisi el 20 de septiembre, incluidos prominentes activistas, periodistas, profesores universitarios y abogados como Mahienur al Masri», indica la nota.

Alaa, que había mantenido un perfil bajo desde su salida de la cárcel, es la última víctima de una campaña de hostigamiento cuya magnitud algunos comparan con la ordenada en septiembre de 1981 por el entonces presidente Anuar el Sadat, un mes antes de ser asesinado por un soldado en un desfile militar. Las autoridades, no obstante, han cuestionado las cifras de arrestados. En un comunicado difundido a última hora del jueves, la Fiscalía aseguró que había interrogado a «no más de 1.000 personas» por su participación en las protestas pacíficas contra Al Sisi.

Según las organizaciones de derechos humanos que proporcionan asistencia legal a las familias de los arrestados, alrededor de un millar de personas se hallan desaparecidas desde que estallara una oleada de insólitas manifestaciones contra el mariscal de campo que en julio de 2013 urdió el golpe de Estado que hizo descarrilar la transición democrática en el país más poblado del mundo árabe. Contactados por EL MUNDO, algunos de los activistas que se hallan en libertad vigilada han rehusado hablar tras reconocer que han recibido advertencias gubernamentales en las últimas semanas.

Un estado de terror que, unido al imponente despliegue policial y la brutal campaña de difamación y propaganda de los medios de comunicación locales, frustró el pasado viernes la convocatoria de nuevas protestas lanzada desde España por el empresario Mohamed Ali, quien trabajó durante tres lustros para el ejército y denuncia las presuntas corruptelas de Al Sisi y su círculo más próximo. El magnate repitió ayer su llamada a tomar las calles tras el partido de fútbol de Al Ahli pero su invitación no cosechó eco alguno.

De vuelta al calvario

«Alaa ha sido secuestrado de la comisaría en la que pasa todas las noches. Quisieron hacernos creer que le dejaron ir a las 6:00 de la mañana como todos los días pero, como mi madre estaba allí esperándole, tuvieron que admitir que fue arrestado otra vez», ha relatado Mona Seif, hermana del activista. «Los cinco años que pasó en prisión no fueron suficientes. Las 12 horas diarias que debe pasar en aislamiento durante los próximos cinco años no son suficientes», ha denunciado Mona.

Hijo de veteranos y combativos activistas de derechos humanos y sobrino de la novelista Ahdaf Soueif, Alaa, de 37 años, representa mejor que ningún otro activista el calvario que han padecido los jóvenes que a principios de 2011 se reunieron durante 18 días en la plaza cairota de Tahrir hasta el torcer el destino de un autócrata terco y octogenario. Fue detenido durante la dictadura de Mubarak, la transición administrada por los generales y regresó a los tribunales durante la efímera presidencia del islamista Mohamed Mursi.

Tampoco escapó a la campaña de represión que desató la asonada de Al Sisi. Fue condenado a cinco años de cárcel por presuntamente organizar en 2013 una protesta sin el permiso que exige una draconiana ley promulgada por el régimen tras la asonada y que ha enviado a la cárcel a al menos 60.000 opositores. La marcha que le llevó al penal denunciaba el envío de miles de civiles a tribunales militares, una práctica que las autoridades siguen ejecutando a pesar de la condena internacional. La apuesta de Alaa por la democracia ha permanecido invariable durante este lustro de reclusión en el penal de Tora, en el sur de la capital egipcia.

El regreso de Alaa al calvario de los interrogatorios y las infames cárceles del país, donde reinan el hacinamiento y las denuncias de graves violaciones de derechos humanos, es la enésima represalia del régimen contra quienes considera enemigos del «statu quo» en el que vive instalado el país desde 2013. A mediados de septiembre, las fuerzas de seguridad arrestaron al hermano de Wael Ghonimun ex ejecutivo de Google que fue uno de los organizadores de las primeras protestas con Mubarak a través de su página de Facebook «Todos somos Jaled Said», en recuerdo a un joven egipcio apaleado hasta la muerte en 2010 por dos policías en la ciudad mediterránea de Alejandría.

«Le arrestaron para que yo dejara de hablar pero yo sigo hablando. Al Sisi es un dictador porque arrestó a mi hermano y a otros muchos hermanos y hermanas», lanzó el activista desde California, donde reside. Según Wael, galardonado en 2011 con el premio «Columnistas del Mundo» que concede este periódico, Hazem no tenía afiliación política alguna y se ganaba la vida como dentista en una clínica de El Cairo.

La campaña de represión de las últimas semanas no ha merecido condena de los Gobiernos europeos. Sin embargo, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, ha pedido que «todos aquellos detenidos por el ejercicio de sus derechos deben ser puestos en libertad de inmediato». Una solicitud que se ha encontrado, como es ya tradición, con la respuesta colérica del régimen. «Ningún ciudadano es arrestado o juzgado por llevar a cabo activistas legítimas o criticar al Gobierno egipcio», señala un comunicado de Exteriores egipcio.

Fuente de origen: El Mundo

Facebook Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.