La postura iliberal y prorrusa de Orbán arrasa en Hungría y pone a la UE en un dilema

El líder ultraconservador reedita su mayoría y la extrema derecha europea sale en tromba a felicitarlo. Sin embargo, está «más aislado que nunca» dentro de la UE.

MARÍA G. ZORNOZA@MARIAGZORNOZA

«El futuro es Europa». Así dice el gran grafiti que da la bienvenida a la Rue de la Loi, el centro neurálgico de las instituciones europeas en Bruselas. «El futuro es la democracia cristiana, las políticas conservadoras y las ideas patrióticas», ha señalado Víktor Orbán, primer ministro húngaro, tras arrasar en las elecciones del domingo. El líder magiar, que consuma su cuarto mandato consecutivo y el quinto de su carrera, se consolida como la cabeza iliberal de la UE (una forma de gobierno a caballo entre la democracia liberal tradicional y un régimen autoritario) y amenaza con hacer saltar las costuras de la unidad comunitaria en torno a la crisis de Ucrania.

Orbán se enfrentaba a los comicios más ajustados de la última década en Budapest. Pero la cita electoral no ha deparado un cambio de guardia. Una coalición Frankenstein formada por seis partidos de lo más variopintos (desde la extrema derecha hasta la izquierda o los verdes) unía sus fuerzas por primera vez para disputarle el puesto. Pero no ha sido suficiente. Orbán no solo ha ganado, ha superado con creces los resultados de las encuestas más pro-orbanistas.

Si los sondeos le daban un triunfo de en torno al 10% de ventaja su adversario, lo ha duplicado reeditando su mayoría absoluta en el Parlamento. «El resultado ha sido inesperado, incluso para el Gobierno de Orbán», reconoce Peter Kreko, analista del Center for European Policy (CEPA), en un seminario organizado por el European Policy Center (EPC) en Bruselas.

«Se trata de una victoria tan grande que se puede ver desde la luna y, sin duda, desde Bruselas», se ha regocijado el primer ministro. En el discurso triunfal, el líder del ultranacionalista partido Fidesz ha cargado contra todo aquel que considera un «enemigo»: los burócratas de Bruselas, los medios de comunicación, la izquierda, George Soros y hasta el propio presidente ucraniano, Volodimir Zelensky.

La extrema derecha europea ha corrido a felicitarle. La francesa Marine Le Pen, el italiano Matteo Salvini, el británico Nigel Farage o el español Santiago Abascal se han deshecho en elogios ante un líder, que a diferencia de ellos, sí que consigue canalizar el voto ultraconservador y arrasar en sus país. La Comisión Europea, a pesar de la insistencia de los periodistas, ha evitado emitir ninguna palabra en torno a la victoria de Orbán o las implicaciones de su victoria para la UE.

La guerra en Rusia, el catalizador

Si en las anteriores elecciones húngaras el tema central fue la inmigración, durante esta ocasión la campaña electoral ha pivotado en torno a la invasión de Rusia a Ucrania. Orbán es el principal aliado de Putin en el seno de la UE. De hecho, el presidente ruso lo ha felicitado antes que sus socios europeos.

Mientras que en un movimiento sin precedentes en el seno de la UE, el premier magiar ha cargado contra Zelensky, quien en la última cumbre europea le exhortó a posicionarse de forma clara. «La desinformación ha sido una constante y un factor clave», explica Kreko.

Los expertos tienen claro que el triunfo, más abultado que el estimado, emana de muchos factores. Y uno de ellos es el regreso de la guerra en Europa. Orbán ha jugado con el miedo vendiendo a su ciudadanía que la oposición buscaba arrastrar a Hungría a la guerra en Ucrania, cortar el suministro de gas ruso encareciendo la factura y fomentando la teoría de la conspiración sobre una injerencia extranjera del Gobierno de Kiev para derrocarlo.

Esta campaña de desinformación lo ha proyectado como el protector del pueblo húngaro. Todo ello, unido al control sobre los recursos públicos, ha llevado a los observadores de la OSCE-ODHIR a concluir en su informe electoral preliminar que las fuerzas políticas no han concurrido en igualdad de oportunidades por «falta de equilibrio en la cobertura electoral» y debido a la línea borrosa que hay entre en la financiación de campaña entre el Estado y el partido gobernante.

El húngaro se miró en el espejo del putinismo para cocinar su polémica ley anti-LGTBI, una afrenta contra los valores y derechos básicos de igualdad en la UE. La normativa en vigor prohíbe hablar de homosexualidad con menores en colegios o espacios públicos. Al igual que el presidente ruso, el húngaro ha creado una red de oligarcas fieles que cultivan sus fortunas bajo sombras de corrupción. Además, los medios de comunicación independientes, las ONG o los miembros de la sociedad civil húngaros lo tienen cada vez más complicado para operar con libertad, mientras los medios públicos cuentan con progresivo dominio del Fidesz.

El frente Visegrado, a prueba

«Orbán es claramente el primer ministro más prorruso de la UE, pero la guerra también lo está aislando más que nunca antes», afirma el analista Kreko. La postura tibia con el Kremlin separa a Orbán de su gran aliado en Bruselas, Polonia, que es otro acompañante clave del tándem iliberal. Varsovia es la capital que mantiene un mensaje más duro con Moscú. Y las diferentes posturas sobre la situación en Ucrania han creado una brecha en el grupo de Visegrado (Eslovaquia, Chequia, Polonia y Hungría).

El foro del Este canceló recientemente un encuentro apadrinado por Budapest por la tensión con Rusia. Hungría y Polonia está condenados a entenderse y unir filas en su choque con Bruselas, pero la situación bélica actual les sitúa frente al espejo de historias, intereses y visiones geopolíticas opuestas. Mientras Polonia es la principal puerta de entrada de las armas europeas a Ucrania y pide las sanciones más duras —es decir, el boicot energético contra Rusia—, Hungría amenaza con vetarlas y ha impedido el trasiego de armamento por su territorio.

Impacto frontal para la UE

Durante sus doce años en el poder, al igual que en los siete años de poder del Partido Ley y Justicia (PiS) en Polonia, Orbán ha ido socavando los pilares democráticos con el país forzando un choque de trenes sine die con Bruselas. La Comisión Von der Leyen mantiene (al igual que lo hizo Juncker en la pasada legislatura) un tono tibio.

Muchos críticos apuntan a la mano blanda de Bruselas y del eje franco-alemán como uno de los combustibles que han permitido a Orbán y Morawiecki consolidar su tendencia autoritaria y poner en riesgo los pilares fundamentales del proyecto europeo.

«El apaciguamiento y el diálogo no funcionan», advierte Marta Pardavi, co-presidenta de la ONG húngara HunHelsinkiCommittee, que estima imprescindible que Bruselas lleve a cabo un control de daños para evitar más retrocesos democráticos dentro del bloque comunitario. Polonia y Hungría, al igual que el resto de Estados miembros, sentirán los azotes de la crisis actual en sus economías en un momento de volatilidad global, de inflación y de precios disparados de los hidrocarburos o problemas en las cadenas de suministro. Pardavi estima que el Ejecutivo comunitario debe replantear su estrategia con los autócratas.

El triunfo electoral da alas y confianza a un Orbán que no da visos de relajar su pulso con Bruselas y será determinante en el devenir de la UE la postura que Bruselas adopte, especialmente con los fondos europeos, actualmente congelados. «Hay muchos políticos dentro de la UE que copiarán el estilo de victoria electoral de Orbán. Si la UE y la Comisión no reaccionan ya contra Hungría, podemos esperar que más países europeos erosionen la democracia y amañen las elecciones», advierte Daniel Freud, eurodiputado alemán de Los Verdes y uno de los más involucrados en los asuntos sobre el Estado de Derecho.

Fuente de origen: Público 

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