Sudán, una peligrosa deriva a la guerra civil

Sin duda las nuevas autoridades de Jartum saben que deberán afrontar tiempos tormentosos y que la posibilidad de una guerra civil se encuentra en el pronóstico.

Una vez más un golpe de Estado sacude a una nación africana. En la mañana del lunes 25 de octubre se conoció que las fuerzas armadas sudanesa, durante las primeras horas de ese día, detuvieron y trasladaron a un lugar desconocido al Primer Ministro, Abdalla Hamdok, junto a la mayoría de los ministros del gabinete y funcionarios civiles del Consejo de Soberanía, que desde el golpe de 2019 contra Omar al-Bashir, tras treinta años en el poder, se habían comprometido a llevar al país a la institucionalización teniendo como mira las elecciones programadas para el 2023.

Cerca del mediodía, por la televisión estatal, la cabeza militar del Consejo y jefe del ejército, teniente general Abdel Fattah al-Burhan, sin referirse a las detenciones de los hasta ahora “desaparecidos”, anunció que el ejército seguía comprometido con el proceso democrático y las próximas elecciones. Comunicó la disolución del Consejo de Soberanía y la conformación de un nuevo gobierno “integrado por personas competentes”. Al tiempo que acusaba al ala civil del Gobierno que el mismo presidia de “de mala gestión y monopolizar el poder”. Apoyado por un conglomerado de caudillos regionales, militares, señores de la guerra y hombres vinculados a la dictadura de al-Bashir, los mismos que fracasaron en el golpe fallido del pasado 21 de septiembre que se saldó con la detención de unos cuarenta oficiales del ejército pro al-Bashir, aparentemente, entonces, sin más consecuencias.

Según versiones surgidas desde el Ministerio del Interior, todavía bajo el control de los partidarios de Hamdok, la detención del ministro se habría producido por su negativa a aceptar un nuevo derrotero del Gobierno. La fuente denunció la nueva situación como golpe de Estado, al tiempo que llamó a la población a salir a las calles para respaldar a Hamdok y convocó a la huelga general de trabajadores, lo que fue apoyado por la influyente Asociación de Profesionales de Sudán, (APS), una de las fuerzas más importantes detrás del golpe a al-Bashir, junto al Partido de la Umma, el más más grande del país y el Partido del Congreso Sudanés.

Tal convocatoria fue acatada por miles de jartumíes, que salieron a las calles tanto en el propio Jartum, la capital de Sudán, como en Omdurmán, que están apenas separadas por el Nilo Blanco. Calles y avenidas fueron bloqueadas, al igual que el puente de la Redención que une ambas ciudades. Mientras, la policía comenzó a reprimir a los manifestantes, produciéndose algunos combates que inicialmente habrían dejado al menos una veintena de heridos y registrado hasta ahora siete muertos. Al mismo tiempo el servicio de telefonía móvil y de internet fueron clausurados y las operaciones civiles del aeropuerto de Jartum suspendidas.

Según se desprende de los hechos el golpe es la concreción del que fue abortado el pasado 21 de septiembre tras el estallido de controversias entre los grupos militares y civiles que comparten el poder desde el derrocamiento de al-Bashir y no han logrado acordar sobre la suerte del exdictador Omar al-Bashir, acusado de múltiples crímenes de lesa humanidad, por lo que es requerido por la Corte Penal Internacional (CPI), además de que se esperaba que el próximo 17 de noviembre los militares cedieran el liderazgo del Consejo de Soberanía a una figura civil.

Durante este último mes las acusaciones cruzadas y los rumores de renuncias, rupturas y golpes han saturado y desbordado a una sociedad jaqueada por la crisis económica que gracias a los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la aplicación de sus recetas disparó la inflación a sus máximos históricos de más del 400 por ciento, lo que está produciendo una fuerte escasez de productos básicos. Además de las posibilidades concretas de una guerra con Etiopia.

El lunes la Unión Africana llamó a una “reanudación inmediata” del diálogo entre civiles y militares. Mientras la Liga Árabe ha dado a conocer su “profunda preocupación” y ha solicitado a “todas las partes que respeten lo acodado”, pedidos que han reiterado de manera similar la mayoría de los países occidental e instituciones globales, como las Naciones Unidas y blablá, blablá…

El sábado 23 Jeffrey Feltman, el enviado especial de Washington para el Cuerno de África, se reunió con el Primer Ministro Hamdok y líderes militares de Sudán, entre ellos uno de los hombres fuertes del país, Mohamed “Hemeidti” Dagalo, un exseñor de la guerra que ahora comanda una poderosa unidad paramilitar llamada Fuerzas de Apoyo Rápido, emergente de los antiguos Janjaweed (Jinetes armados), responsable de miles de muertes y desapariciones durante el conflicto de Darfur, una región al oeste del país donde entre 2003 y 2006 cerca de 300.000 personas fueron asesinadas, al tiempo que casi otros tres millones se vieron obligados a desplazarse de la región y abandonarlo todo. La resolución de ese conflicto de origen étnico-religioso entre los Baggaras, árabes musulmanes, criadores de camellos y tribus nilo-saharianas, (cristianas y animistas) agricultores como los fur, los zaghawa y los masalait, ha quedado pendiente, por lo que son constantes los choques, especialmente contra el campo de refugiados, uno de los más grandes del mundo.

Tras el encuentro con Jeffrey Feltman trascendió que el funcionario norteamericano había pedido que no se interrumpa el proceso de transición y se cumplan los plazos acordados, ya que el apoyo de su país dependía de dicha continuidad, por lo que ya ha anunciado la congelación de los 700 millones de dólares destinados a apoyar la transición democrática.

El caliente Cuerno de África

Más allá de los problemas internos de Sudán el país se encuentra rodeado de la volátil situación que viven sus vecinos: Chad, Eritrea, Etiopía, Libia, Republica Centroafricana y Sudán del Sur, envueltos en guerras internas. Aunque la cuestión más compleja es Etiopia que desde noviembre del 2020 se ha visto envuelta en un conflicto con los separatistas de la región de Tigray, lo que ha provocado que cientos de miles de etíopes se hayan refugiado en Sudán. Lo que descongeló el conflicto por la región de al-Fashaqa, tierras de altísima productividad agrícola (sésamo, sorgo, girasol y algodón) en disputa desde hace décadas entre Jartum y Addis Abeba, que este año ya provocó algún choque fronterizo, hasta ahora de baja intensidad. Además Sudán está presionado por Egipto para que opere contra Etiopia por el inminente fin del llenado de la Gran Represa del Renacimiento Etíope, que amenaza con menguar de manera drástica todo el curso del Nilo superior con las consecuentes repercusiones para Sudán, ya que la mitad de sus 45 millones de habitantes podrían ser afectados y muy particularmente para Egipto, cuya producción  agrícola depende del Nilo, por lo que muchos analistas consideran que podría extenderse en una guerra regional, que abarcaría el resto del Cuerno de África.

Hasta febrero se habían registrado al menos 16 enfrentamientos entre las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía y el ejército sudanés en al-Fashaga, en los que ya se registra la muerte de una docena de soldados de Sudán mientras campesinos de ese país han denunciado que agricultores etíopes armados habrían masacrado a más de 15 de ellos.

Mientras Etiopia, que no denunció bajas, informó de que más de 2.000 civiles habían sido desplazados por el accionar del ejército sudanés, sosteniendo que al-Fashaqa pertenece a la región de Amhara, hoy envuelta en el conflicto de Tigray.

Según los acuerdos de 1902 entre Menelik II, el negus (emperador) de Etiopía, y los británicos de Sudán, al-Fashaga pertenecía a Sudán, aunque desde mediados de los 90, aprovechando las guerras internas que se desarrollaban en Sudán, agricultores etíopes apoyados por el ejército se establecieron allí.

La cuestión tomó mayor volumen con la llegada del actual Primer Ministro Abiy Ahmed, en abril del 2018, quien reclamó formalmente ese territorio. Los sudaneses han denunciado que incluso el ejército etíope desenterró antiguos cementerios de la región y volvieron a enterrar los cadáveres en Sudán para aparentar que se encuentran allí desde siempre.

Jartum ha vuelto a recuperar la mayor parte del territorio de al-Fashaqa tras el comienzo del conflicto en Tigray, ya que muchas unidades y milicias de Amhara fueron desplegadas desde noviembre del 2020 para luchar contra los separatistas de Tigray.

En los últimos meses se ha informado de varios enfrentamientos en la región más amplia de la que ocupa al-Fashaga. El último choque se registró el pasado 26 de septiembre en el distrito de Umm Barakit (Sudán) mientras el país sufría el intento de golpe de Estado. Las fuerzas armadas etíopes quisieron aprovechar la situación para lanzar una ofensiva que fue rápidamente repelida por el ejército sudanés sin conocerse hasta ahora las bajas y heridos.

Sin duda las nuevas autoridades de Jartum saben que deberán afrontar tiempos tormentosos y que la posibilidad de una guerra civil se encuentra en el pronóstico.

Fuente de origen:  Al Mayadeen

Facebook Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.