Valeria Cortés: “En Gaza no hay refugios”

La periodista, militante por los derechos humanos y brigadista nos cuenta cómo fue entrar y vivir en Franja de Gaza. Cómo conoció la causa y la resistencia de los palestinos ante los constantes ataques de Israel.

Por Evelin Morales Rodríguez
Franja de Gaza después de un bombardeo. Fotografía de Valeria Cortés.
  • ¿Dónde fue y cómo conociste la causa Palestina?

Palestina es un símbolo de dignidad, de resistencia, así que desde chica uno tuvo esa admiración por conocer a ese pueblo, que es ejemplo de lucha y es una lucha no sólo de los palestinos, sino de la humanidad toda. Entonces era una forma de conocer de cerca su situación. En cuanto a ir a Gaza fue más que nada por algo tan simple y personal, más allá de ideología o posición política, como la situación tan tremenda que ellos soportan allí y pensaba que si cualquiera de nosotros, de nuestros pueblos, sea Argentina, Venezuela, España, México, Colombia estuvieran en una situación tan terrible de colonización, de sitio, de bloqueo, de bombardeo, de agresiones constantes, uno también quisiera que gente común y corriente de otros pueblos se acercaran a nosotros y nos acompañaran. Hombro a hombro como hermanos.

  • – ¿Estuviste en un barrio específico o pudiste recorrer todo?

Toda, Gaza es tan chiquita. Viajé varias veces y luego estuve tres años sin salir de ahí, así que imagínate, no hay esquina, barrio que no conozca.

  • – ¿Cómo son entre ellos?

Entre ellos son muy solidarios, es como si fuesen una gran familia. La mujer palestina es el pilar de la sociedad, el pilar de la resistencia, la organizadora detrás de todo. Me preguntan, porque pareciera como si no fuese algo que lamentablemente aqueja todo el planeta, sobre el patriarcado. Obviamente que lo hay, como también lo hay en las sociedades occidentales lamentablemente, pero a nivel de organización es falso esto que dicen de que la mujer está relegada. No, cada evento que se organizaba, cada acto que se organizaba, las que estaban atrás de toda la logística, de las cámaras, de los guiones, de las agendas, de los invitados, de todo lo que se hacía, eran las mujeres.

La mujer es el pilar de la familia y el pilar de la resistencia palestina.

Franja de Gaza, hablando en general y no solo de la mujer, es un pueblo muy solidario. Te voy a dar con ejemplos, no me voy a quedar con la frase vacía porque yo no romantizo, yo apoyo al pueblo palestino en todos los aspectos de su lucha por la liberación, en todos, empezando por la resistencia armada. El pueblo palestino tiene derechos, según las leyes internacionales, a resistir al invasor. Para ponerte un ejemplo de la solidaridad del pueblo palestino: estábamos haciendo guardia en el hospital Al Wafa, porque ya lo habían bombardeado con drones y quedaban 17 pacientes tetrapléjicos, desde niños hasta ancianos, que los habíamos ubicado en el pasillo porque no había forma en ese momento de sacarlos de allí, de evacuarlos. Tres minutos antes de empezar a bombardearlos llama el ejército sionista diciendo: “Salgan porque vamos a bombardear” se corta la luz, se empiezan a caer las paredes. Los enfermeros, preocupados por nosotros, nos querían subir a la única ambulancia que estaba estacionada ahí afuera en pleno bombardeo cuando arrasaron la ciudad. Un hospital enorme era el Al wafa y lo redujeron a cenizas junto con todo el barrio. Esa noche fue la masacre más fuerte porque quisieron entrar por tierra. Los enfermeros intentaron sacarnos a nosotros primero. Nosotros dijimos ‘No no vamos hasta que no salga el último paciente’ pero ellos intentaban protegernos a nosotros, así siempre.

Nos cuidaban pero de verdad, bajo las bombas, no en el discurso, bajo las bombas. Tienen un sentido del humor maravilloso, de hecho, lo consolaban a uno. Íbamos en una ambulancia y el chofer, que ya en una masacre anterior, muy jovencito, había volado por los aires en un ataque, en ese momento era el que manejaba la ambulancia. Claro, con la onda expansiva el vehículo temblaba y él me decía: ‘Bueno, Valeria, creo que esta ambulancia va a necesitar otra ambulancia’. Ese es el humor que ellos tienen, es un humor de resistencia.

  • – ¿En qué contexto se da tu viaje a Gaza?

Viajé a comienzos del 2011 la primera vez, con un grupo internacional. El asedio contra Palestina se ha apretado cada vez más y es cada vez más difícil cada viaje. Entendamos que ese país no es soberano en cuanto al ingreso a su territorio. No puedes ingresar sin el permiso de los que controlan su frontera. Una de ellas, la única, Rafhá la controla el gobierno egipcio. Todas las demás están controladas por el ocupante, por la entidad invasora colonial llamada Israel que ocupa toda Palestina o gran parte de Palestina y, la que no ocupa, literalmente así con militares sobre el terreno, está rodeada como la Franja de Gaza. Porque son dos situaciones diferentes. La idea era acompañar al pueblo de Gaza que está muy sitiado, ahora está muy difícil de entrar. El gobierno egipcio ha apretado aún más los controles y la entidad ocupante nada más permite el ingreso a quienes son sus, digamos, fans. No permiten ningún tipo de ingreso a persona que vayan a denunciar la situación terrible que viven los gazatíes en la franja.

Lo que se hacía al comienzo cuando todavía Egipto permitía un poco el ingreso por la frontera de Rafhá, al sur de la Franja, era que internacionales entraban a acompañar actividades de campesinos, pescadores. Gaza es un pedacito de tierra Palestina muy valiente pero también muy pequeño de 14km en la parte más ancha por 40km en la parte más larga rodeada por el mar mediterráneo y luego por toda la entidad ocupante y al sur por Egipto. Para llegar allí hay que tener permiso del gobierno egipcio en el caso de que sea por Egipto. Hay que cruzar el Canal de Suez, pasar el Sinaí, pasar por El Arish que es un pueblo pesquero, antiguamente turístico. Esa zona está muy devastada. Egipto se dio la tarea también con el gobierno golpista de Al Sisi cercar aún más la Franja de Gaza.

Uno siempre cree que no puede ser peor y lamentablemente se equivoca, siempre es peor el torniquete que se le aplica a la gente de Gaza. Muchas veces tuve que esperar un mes, mes y medio, en El Cairo o en El Arish a que el gobierno egipcio autorizara la entrada.

  • – ¿Cómo es la situación ahí dentro?

La vida dentro de la Franja es una situación que no se repite en ningún lugar del mundo. No hay absolutamente ningún lugar en el mundo que tenga las situaciones y las circunstancias específicas que sufre Gaza. El resto de Palestina está ocupada con militares invasores de la entidad colonial in situ, están las tropas allí. En Gaza se retiraron pero crearon todo un cerco.

Israel lamentablemente tiene toda la impunidad, el financiamiento y la protección para hacer cualquier cosa que quiera en toda Palestina, pero tiene como dos especies de laboratorio porque parte de su financiamiento, además de los miles de millones que le da Estados Unidos para mantener su base militar occidental en Medio Oriente, también viven del mercadeo de armas. Entonces el pueblo palestino es una especie de conejito de indias, donde ellos prueban diferentes tipos de armamentos. No es lo mismo la forma como reprimen en el resto de Palestina ocupada a como reprimen en la Franja de Gaza porque ya los militares no están adentro pero están en todo el costado, en el cielo y en el mar. Rodeada con una valla, que yo llamo “La valla de la infamia” porque es realmente una cosa inhumana. Tanques, torretas, minas antipersonales, censores de movimiento con visión nocturna, jeeps, todo tipo de armamento terrestre rodea Gaza. Del lado del mar hay artilleras, lanchas, corbetas y las plataformas gasíferas que roban el gas palestino porque no solo se roban tierras, se roban vidas, se roban hogares, también roban el agua, el gas, roban los recursos naturales.

No es un asunto religioso, eso es importantísimo decirlo, a pesar de que se use la religión como excusa, no es la primera vez que el colonizador usa la religión como excusa para robar tierras y recursos y exterminar y expulsar a la población nativa, no nos dejemos engañar. Es un asunto de colonialismo puro y duro.

La idea del sionismo, esta ideología supremacista, racista, genocida, colonialista muy similar a la ideología nazi, es aislar al pueblo de Gaza y rendirlo por cansancio, por bombas, por balas, por hambre porque cuando las bombas paran, la masacre continua.

No estoy romantizando, todos los pueblos tenemos nuestros defectos y nuestras virtudes pero la verdad que en mi primer viaje a Gaza yo me imaginaba un pueblo desconfiado, quizás resentido con el extranjero, amargado por la situación de vida brutales e inhumanas por la carencia total de justicia, la carencia de todo porque Israel puede hacer todo lo que le de la gana contra ellos. Sin embargo me sorprendí muchísimo al encontrarme un pueblo absolutamente solidario, amistoso, divino, con un sentido del humor impresionante, con un manejo de la ironía dentro de la catástrofe la verdad que admirable.

  • – ¿Qué es lo primordial de entender?

Una vez que estemos adentro tenemos que aprender varias cosas. Uno, bueno, es que puede caer una bomba y matarte en cualquier momento y en cualquier lugar. No hay donde huir, no hay donde esconderse, en Gaza no hay refugios. Bombardean escuelas de la ONU, hospitales, hogares. El único laboratorio de covid lo acaban de bombardear matando gente por centenares. lo hacen desde la cobarde distancia de toda esa maquinaria de guerra que les relaté. Matan desde un joystick en Tel Aviv, porque tienen visores que puede manejar a distancia, desde aviones F-16 o F-35 con bombas de una tonelada que van perforando.

Cuando ustedes ven como revientan los edificios es porque esas bombas entran y van destruyendo y solo explotan cuando están abajo, en el cimiento, para causar el mayor daño posible. Desde el mar: a los pescadores le hacen la vida imposible, como se la hacen a los campesinos. Parte de mi trabajo era acompañarlos cerca de esa valla de la infamia, porque no es que Israel se cohíba de matar porque haya un extranjero grabando con su cámara pero digamos que se disminuye un poco.

Como todo criminal que no quiere testigos de su crimen, se pone un poquito menos salvaje. Sin embargo, fui testigo de cómo le disparaban a campesinos, nos disparaban en la tierra, nos insultaban en árabe. Lo que también me asombro es la inmensa cobardía, eran familias, mujeres con los esposos, con sus niñitos de 7, 8 años sembrando, cosechando y del otro lado soldados sionistas disparando, insultando, quemando las cosechas. Pero además de cobardes, estaban en tremenda maquinaria militar, de última tecnología militar y corrían agazapados, asustados, de un tanque a otro tanque, de un tanque a la torreta. Yo el primer viaje que hice, imaginaba un ejército poderoso, soberbio, colonialista, criminal, asesino pero no, me extrañó eso. Después creo que eso tiene una explicación y, la explicación es que les da miedo por eso siempre matan desde la cobarde distancia de aviones y tanques y es muy difícil que entren por tierra a una lucha más digna, hombre a hombre, con la resistencia palestina y entendí que no era una cobardía innata ni que tuviera que ver con nada en particular sino que no están defendiendo su tierra, yo creo que nadie es capaz de ofrecer su vida ni sacrificar su vida por algo que no ama.

La mayoría de los israelíes son colonos, con doble nacionalidad, han venido de Francia, de Rusia, Polonia, de Estados Unidos, de Argentina, de Colombia, de hecho lo dicen abiertamente en las propagandas. Yo eso, durante el bombardeo de 2014, lo vi en carne propia en 51 días de bombardeo intenso, 17 escuelas de la ONU bombardeadas donde en la de Beit Hanoun llegué minutos después del bombardeo.

  • ¿Cómo sobrevive la gente de Palestina?

Tratan de sacarle el máximo provecho a cada metro cuadrado de tierra, por eso la labor de acompañarlos cerca de la valla. Gaza está tan superpoblada que cada pedacito de tierra es un tesoro. Hay un hacinamiento muy grande, es muy difícil subsistir.

La ONU, que fue la partera de ese engendro colonial, junto con el padre y la madre Gran Bretaña y Estados Unidos, hace caridad. Da comida, mantiene precariamente a esos dos millones de personas que apenas subsisten con ayuda humanitaria. Ellos dicen: “nosotros no necesitamos bolsas de harina, nosotros no necesitamos que nos den azúcar. Nosotros necesitamos libertad. Si tenemos que comer tierra, comemos tierra”. Pero esto es un problema político.

Además Israel lucra con esto porque toda las ayudas hacia Gaza pasan por Israel. Ellos tienen prisiones norteamericanas que son privadas. Para ellos es negocio meter chicos pobres presos, porque ganan por cada preso que tienen ahí.

Subsisten así, con la mínima cantidad de calorías para que no se mueran de hambre.

Además prueban sobre terreno armas con las que luego entrena a los cuerpos represivos de América Latina y del resto del planeta. Yo fui al hospital de Rantisi, que es un hospital que atiende niños, y los casos de cáncer extraños, atípicos en niños y jóvenes son muy altos. Porque se prueban armas no autorizadas en gente que sobrevive, las tasas altísimas de anemia, de desnutrición, de problemas físicos, de salud también mental. Conocí a niños de apenas 10 años que ya habían sobrevivido a otros ataques.

En 51 días más de 2600 personas asesinadas y de ellos más de 550 niños. Cuando empezaron los bombardeos en el verano del 2014 y empecé a ver llegar a los niños asesinados, yo iba llevando los reportes y anotaba edades, nombres, familia, lugar de donde provenían, donde había sido masacrado. Cuando llegaron los primeros 10/12 cuerpos, me decía ‘Valeria, no te olvides de los nombres de estos chicos, no te olvides de sus nombres’. Prometí no olvidarme. No pude cumplir esa promesa. Fueron casi 600 niños y jovencitos asesinados. Ni hablar de los miles de heridos. Y entendemos, cuando hablamos de heridos, que no estamos hablando de un disparo en un pie, hablamos de gente mutilada, gente que se quedó sin sus dos piernas, sin brazos. Son heridas de magnitudes que te incapacitan para toda la vida, más en esas condiciones de pobreza y de bloqueo que sufre la Franja de Gaza.

Así subsisten, compañera.

Evelin Morales Rodríguez
Esta entrevista fue realizada en el marco de la Tecnicatura de Comunicación Popular en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, de la Universidad Nacional de La Plata – Argentina.
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