Elecciones en Panamá

Este domingo los panameños irán a las urnas para elegir presidente y vicepresidente, y para renovar la Asamblea Nacional y los gobiernos locales en medio del descontento por la crisis económica y los numerosos escándalos de corrupción.

Los panameños buscan un cambio. Más de 2,7 millones de electores están convocados este domingo, tras una jornada de reflexión que entró en vigor el pasado viernes, a elegir a sus representantes nacionales y locales.

Entre los temas que más preocupan al electorado están las reformas institucionales, la lucha anticorrupción y el relanzamiento económico. Por esto, los siete candidatos a la presidencia pusieron ahí el foco de campaña (una campaña inédita y muy restringida, gracias a una nueva ley aplicada por el Tribunal Electoral).

Como ha sucedido desde hace tres años en varios países, la campaña electoral panameña tampoco se escapó de las noticias falsas. El excanciller de ese país, Jorge Eduardo Ritter, lo advirtió en su cuenta de Twitter hace unos pocos días. “En esta campaña Twitter se ha convertido en festival inagotable de bulos (fake news), en un rosario interminable de mentiras y en un espacio despiadado e impune para los insultos. La tecnología democratizó el acceso a la información: hemos optado por usarla para la diatriba”.

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Entre los aspirantes a dirigir el país tras los próximos comicios se encuentran los opositores Laurentino “Nito” Cortizo, del Partido Revolucionario Democrático (PRD); Rómulo Roux, de Cambio Democrático; el oficialista José Blandón, el independiente Ricardo Lombana; así como Saúl Méndez, del Frente Amplio por la Democracia (FAD), y Ana Matilde Gómez y Marco Ameglio, de candidaturas independientes.

Lo cierto es que mientras en Panamá se busca eliminar los vestigios de la corrupción, quienes puntean las encuestas no representan una verdadera ruptura con los partidos tradicionales. Cortizo, por un lado, fue diputado de la Asamblea Nacional entre 1994 y 2004. También fue precandidato presidencial en 2008 y ejerció como ministro de Agricultura del expresidente Martín Torrijos. Roux, por su parte, ocupó dos ministerios —el de Asuntos del Canal y el de Relaciones Exteriores— durante el período presidencial de Ricardo Martinelli (actualmente en prisión preventiva por espionaje a más de cien opositores durante su mandato, e investigado por corrupción).

Los Panama Papers y los sobornos de Odebrecht incrementaron la desconfianza de los ciudadanos en sus representantes políticos; y aunque las autoridades han abierto más investigaciones que nunca, los casos se estancan y no llegan a los juzgados, por lo que finalmente son pocos los corruptos enjuiciados.

“Durante este mandato —el de Juan Carlos Varela— se han investigado la mayor cantidad de casos de corrupción de la historia. El problema es que la Fiscalía no ha tenido recursos para cerrar sumarios ni el Órgano Judicial ha estado a la altura para dictar condenas”, afirmó a EFE Annette Planells, del Movimiento Independiente (Movin). Los datos la respaldan: desde 2015 se han abierto un centenar de causas por corrupción y más de 700 personas han sido imputadas, según datos de la Fiscalía. Pero la mayoría de esos casos, sin embargo, no han llegado a los juzgados.

El peso de la impunidad ha caído sobre Varela, quien deja la jefatura de Estado en julio con el incumplimiento de su promesa de campaña: “Limpiar” las instituciones de la corrupción de su antecesor Martinelli (además, antiguo aliado político). Por eso, expertos aseguran que el Partido Panameñista, al que pertenece Martinelli, será duramente castigado el domingo.

Y es que Odebrecht, la multinacional brasileña que durante años fue una de las principales contratistas del Estado y que ha reconocido haber pagado a funcionarios panameños al menos US$59 millones en sobornos entre 2010 y 2014, sigue operando en el país; por lo que al mandatario se le recrimina no haber cancelado los contratos con la compañía. A la Fiscalía, por su parte, se le cuestiona no haber conseguido procesar aún a ninguno de los ochenta imputados en la causa, entre ellos dos hijos fugados de Martinelli.

“Nuestro sistema político necesita una renovación profunda. No podremos avanzar como sociedad si la corrupción y la impunidad continúan siendo programadas y aprovechadas desde las mismas instituciones del Estado”, dijo el cantante y excandidato presidencial (1994) panameño Rubén Blades en su página web.

“Los corruptos se comen y eructan nuestro futuro, frente a nuestra cara. Y han llegado al extremo de tal desfachatez, amparados en el hecho de que han sido elevados al poder por el voto clientelista y las ventajas oficialistas”, añadió quien fuera ministro de Turismo durante el gobierno de Martín Torrijos (2004-2009).

Lo dice porque a pesar de que no se puede negar el progresivo crecimiento de la economía de Panamá, es un país con muchas desigualdades. El aumento del Producto Interno Bruto (PIB) ronda el 7 % anual, impulsado por la ampliación del canal y las millonarias ganancias que dejan los barcos que transitan principalmente desde y hacia Estados Unidos, el boom inmobiliario y la llegada de capitales extranjeros, pero ese milagro económico no les toca a todos: de diez panameños cuatro están desempleados y la mayoría vive con menos de US$200 cada quincena, que se va toda en alimentos y transporte.

En lo social, el próximo mandatario se enfrentará a una difícil situación regional, que dificulta el camino integracionista que Centroamérica impulsó desde 1986. La situación de violencia en Honduras y El Salvador, la crisis de Nicaragua y la corrupción de Guatemala reflejan las dificultades por las que atraviesa esta parte de la región. Asimismo, la constante presión por parte del mandatario estadounidense, Donald Trump, y su estigmatización hacia los países centroamericanos pondrán a prueba las capacidades del nuevo jefe de Estado.

Fuente: El Espectador

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