Salsa Wolff, o el calvo y el mosquito

El diputado de la Alianza “Cambiemos” recorre los andariveles de gran parte del periodismo radial y televisivo como un verdadero vocero político del PRO. Según afirmaciones divulgadas por sus colegas en el Congreso Nacional y subrayadas por los cronistas de los medios hegemónicos, el calvo legislador es uno de los voceros oficiosos de la coalición conocida con el mote de “Los ángeles de Macri”. Wolff comparte el cartel de comunicador autorizado junto a Eduardo Amadeo y Nicolás Massot, entre otras espadas verborrágicas de la derecha vernácula.

En una gran parte de las múltiples entrevistas que brinda, el ex vicepresidente de la DAIA suele referirse a tres denuncias que lo tienen como protagonista y víctima. En la primera de ellas, se esmera en hacer hincapié en que “fue denunciado por traición a la Patria por el gobierno de Cristina Kirchner”. En la segunda insiste habitualmente, frente a cualquier micrófono que se le interponga, que fue “amenazado por el Juez Daniel Rafecas”. Y en la tercera —efectuada inicialmente mediante una cuestión de privilegio parlamentaria— haciendo referencia a la catalogación realizada por Leopoldo Moreau sobre su íntima vinculación (la de Wolff) con los servicios de inteligencia extranjeros.

Un análisis pormenorizado de los tres catecismos esgrimidos para su autovictimización pone en evidencia el perfil poco riguroso del legislador y su tendencia a transfigurar la realidad para su supuesto beneficio. Según sus compañeros de bancada, el impulso mendaz que lo inspira se debe más al intento desesperado por ocupar un estrellato figurativo que a un real compromiso político.

En el primer argumento, referido a la “causa por traición a la patria” es fácilmente comprobable que no fue iniciada por ningún integrante del gobierno de Cristina Kirchner ni nadie que se le emparente políticamente. Por el contrario, el expediente judicial fue iniciado por un ferviente militante ligado con los sectores de la ultraderecha católica que muchas fuentes —entre ellas el inefable Julio Bárbaro— relacionan con la Triple A en la década del 70, y que se mantuvieron en una ferviente oposición a los doce años kirchneristas. Quien se presentó en tribunales fue Juan Gabriel Labaké, quien sustenta, entre sus antecedentes, una recordada acusación contra Néstor Kirchner, iniciada el 4 de mayo de 2004 (con el número 6662/04) en la que imputaba al entonces presidente por malversación de los fondos públicos de la provincia de Santa Cruz.

 

Facsímil de la causa iniciada por Labaké contra Waldo Wolff y otros

La presentación de Juan Gabriel Labaké por “Traición a la Patria” recayó en abril de 2015 en el juzgado Número 10 de Julián Ercolini, bajo la fiscalía de Carlos Stornelli, quienes desestimaron la imputación en septiembre de 2015. Pese a que el proceso no se llevó a cabo, el actual diputado Wolff comunicó a través de su Twitter oficial que fue “absuelto x traición a la patria”.

Facsímil de la resolución del juez Ercolini en el que dicta archivar la causa por ausencia de delito (y donde no “figura” la pretendida “absolución” de Waldo Wolff.

La segunda de las invenciones de Wolff se relaciona con una comunicación con el Juez Daniel Rafecas, en la que afirma textualmente que “después de una entrevista con (el periodista) Nelson Castro, Rafecas me llama, me intimida y me amenaza”. La muletilla de la “amenaza” queda al poco tiempo reducida por una mutación llamativa: el propio diputado afirma tiempo después que la “amenaza” no habría provenido de una voz masculina sino de una femenina, que Wolff identificaba como la esposa de Rafecas, “que le había arrancado el teléfono a Rafecas”. Más allá de este dato, aparentemente intrascendente, el calvo diputado repitió ante el Consejo de la Magistratura que las amenazas habían provenido del juez.

El “apriete” que no existió: Waldo afirmó que el juez Rafecas lo había amenazado y después atestiguó que “una mujer me insultó telefónicamente”

La tercera de las ficciones políticas de Wolff tiene como destinatarios al diputado Leopoldo Moreau, quien lo relacionó sectores de los servicios de inteligencia de Israel, específicamente con el Mossad, hecho que motivó la airada cuestión de privilegio del diputado macrista. Frente a la caracterización del dirigente radical del Movimiento Nacional Alfonsinista, Wolff lo acusó de extranjerizarlo y de utilizar terminología antisemita, cuando en ningún párrafo de la aseveración de Moreau existió referencia a lo semita o a lo judío. Este tercer caballito de batalla —base de su autopromoción periodística— asocia forzadamente al Estado de Israel con todo lo que tiene que ver con lo judío, partiendo de la misma lógica utilizada por la DAIA y la AMIA desde hace medio siglo, consistente en confundir una nacionalidad con una identidad étnica o confesional. Dicha utilización, de paso, le ha permitido licuar su íntima relación con los servicios de inteligencia israelíes con los que trabajó siendo vicepresidente de la DAIA. De hecho, el cargo asumido por Wolff el 19 de noviembre de 2012 en la entidad de Pasteur 633 supone la responsabilidad prioritaria de coordinar oficialmente con la seguridad de la embajada de Israel en la Argentina. Esos vínculos son los que le permitieron llegar hasta las más altas esferas del PRO, para garantizarse un sitial en comisión bicameral de fiscalización de órganos y actividades de seguridad interior.

La articulación con los servicios de inteligencia queda (llamativamente) explícita en la declaración de la ministra de seguridad interior, efectuada al house organ del gobierno, el diario Clarín, el 24 de julio de 2016 cuando afirma que: “…Estamos trabajando con la Dirección de Comunicaciones de la Corte (la ex OJOTA, encargada de las escuchas telefónicas) un establecimiento de protocolos. El otro tema al que nos estamos dedicando fuerte es el de la creación de un protocolo unificado de emergencias. El diputado Waldo Wolff lo está trabajando con expertos de distintos lugares en el mundo, para saber qué hacer y cómo operar para que no se colapsen las comunicaciones y la logística”.

Patricia Bullrich y Waldo Wolff en reunión con el Ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, en noviembre de 2016. Lieberman es el referente del partido ultraderechista que apoya la actividad de los colonos religiosos israelíes que defienden el robo de tierras dentro de Palestina

Meses después de esta curiosa aquiescencia pública alusiva a un miembro del poder legislativo —en noviembre de 2016—, el diputado Waldo Wolff acompaña a Tel Aviv a Patricia Bullrich a la cuarta Conferencia de Cyberseguridad, evento bienal de exposición y venta de aparatología informática y militar destinada al control del terrorismo y la seguridad pública. En dicha conferencia, Wolff interactúa en dos reuniones con agentes activos de la inteligencia israelí cuyo objetivo incluía evaluar quiénes tienen posibilidad de acceso a la aparatología ofertada en el evento. La conclusión previsible es que Leopoldo Moreau continúa siendo un político muy bien informado.

Varios asesores del bloque del PRO han advertido a los allegados de Wolff la inconveniencia de repetir públicamente los tres embustes. Sin embargo, el ex arquero de Atlanta —afirma un empleado administrativo vecino del despacho 809 del Anexo— está empecinado en comportarse como el calvo de la fábula de Esopo. Lo pica un mosquito y se pega a sí mismo en el cráneo lustroso sin lograr matar al insecto: todos sus pretendidos manotazos inventados terminan dejando variadas huellas visibles de sus falacias.

Fuente: Jorge Elbaum, El cohete a la luna.

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