¿Comienza la nueva Guerra Fría 2.0?

Por Alejandra Loucau, exclusivo para Data Urgente.

Trump despide su Secretario de Estado

 

El reciente despido de Rex Tillerson de la administración norteamericana vino a añadir más incertidumbre (sí, más) al ya caótico panorama internacional. Las diferencias públicas que existían entre el ahora ex Secretario de Estado y Donald Trump no son suficientes para explicar la intempestiva decisión presidencial. Debemos recalcar que la pérdida de posiciones por parte de Estados Unidos en Medio Oriente, en favor de Rusia, sumada a una política exterior con resultados paupérrimos ha aumentado el nivel de nerviosismo entre los hombres de poder en Estados Unidos. No es un dato menor que el reemplazo para esta cartera tan importante provenga de la CIA, la agencia de inteligencia más grande del mundo.

Algunos medios explicaron que la salida de Tillerson tenía relación con la inminente reunión entre el presidente Trump y el líder norcoreano. Es conocido el perfil moderado del ex jefe diplomático en contraposición con la actitud beligerante de Trump, por lo que resulta contradictorio que este último despida al principal promotor del diálogo poco antes del inicio de las “conversaciones de paz” entre ambas naciones.

Por el contrario, resulta viable pensar que la medida tiene que ver con un giro posiblemente drástico en la política exterior norteamericana. He aquí algunos elementos que nos pueden ayudar a dilucidar las causas reales que se hallan detrás de escena.

Ofensiva anti-rusa

Es creciente la preocupación del establishment norteamericano por el éxito ruso en materia de política exterior. Mientras Estados Unidos no ha hecho más que acumular derrotas en casi todos los frentes abiertos en Medio Oriente desde 2001 a esta parte, el gobierno de Vladímir Putin ha incrementado considerablemente su influencia en la región, superando, inclusive, la que tuvo la Unión Soviética. El triunfo más paradigmático tiene a Siria como principal escenario, pero no debemos olvidar que la ofensiva estadounidense en Ucrania ha sido subestimada por la administración Trump, lo que ha dado cierto aire a Rusia para continuar con su ambicioso proyecto gasífero de llegada a Europa. Esta medida ha sido muy bien recibida por Alemania, aliviada por haber superado las trabas que ponía el gobierno de Obama a la cooperación entre ambos países.

La merma de posiciones de Estados Unidos en distintas partes del globo no puede atribuirse solamente al perfil “negociador” de Rex Tillerson. A la decadencia que la estrategia imperialista norteamericana acarrea desde los inicios de este siglo, debe sumarse el perfil proteccionista que Trump está imponiendo como paradigma en todo el mundo.

Pero tal es la inestabilidad y el vacío provocados por el fracaso de Estados Unidos y sus aliados occidentales en regiones como Medio Oriente, que son ahora las potencias regionales las que están tomando la impronta en las decisiones que antes eran potestad de los “amos del norte”. Las aventuras unilaterales por parte de Israel, Turquía, Arabia Saudí, etc. llevan aparejadas más tensión y desorden en un ya complicado escenario mundial. Como si esto fuera poco, la coordinación entre los países antagónicos se ha fortalecido. China, Rusia e Irán encabezan actualmente un bloque más cohesionado y estable.

A este marco general, debemos sumar algunos hechos recientes que muestran indicios de una posible maniobra desesperada por parte de la administración Trump, posiblemente presionada por el establishment que todavía lo sostiene. Aquí, el despido de Rex Tillerson podría interpretarse como la punta del iceberg.

El misterioso Netayahu

El Primer Ministro de Israel estuvo en Estados Unidos la semana pasada, donde se reunió con el presidente Trump para discutir cómo enfrentar a Irán. Durante su visita, Netayahu hizo una curiosa afirmación que la periodista de Haaretz, Noa Landau, rescató en su cuenta de Twitter : “durante los próximos días se conocerá la importancia de esta visita para la seguridad de Israel”. ¿Sabía entonces [Netayahu] sobre las intenciones de Trump para persuadir a Pompeo, ferviente crítico del acuerdo con Irán?, se pregunta la destacada periodista.

Cabe aclarar que Trump manifestó en numerosas ocasiones sus intenciones de romper el acuerdo nuclear 5+1 con Irán, posición que contrarió, también de manera pública, el ex Secretario de Estado. Netayahu afirmó con mucha razón que Trump era el presidente que más había hecho por Israel, lo cual se refleja en las únicas ideas claras que tiene Washington en materia de relaciones exteriores: demonizar a Irán y aplastar la resistencia palestina.

¿Será que Estados Unidos tiene planes más ofensivos contra el país persa y por eso necesita ubicar un representante más agresivo y menos negociador como canciller en jefe?

Sabemos que los intereses de Israel y Estados Unidos en Medio Oriente no tienen que ver exclusivamente con derrotar a Irán, sino con acabar con todos los gobiernos hostiles en la región y derrotar el soporte ruso, principalmente en Siria.

La alumna predilecta de Trump

Si, además del Secretario de Estado, existe una figura importante en cuanto a política exterior se refiere es la persona que encarna a los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Nikki Haley se ha convertido en la representante más pura y dura de la agresividad trumpeana. A partir de su accionar dentro de este pequeño órgano de gobierno mundial, es fácil dilucidar las intenciones más inmediatas de Trump.

El lunes 12 de marzo, la embajadora de Estados Unidos advirtió ante el Consejo de Seguridad que, si la esta organización no actuaba pronto en Siria, Estados Unidos intervendría por su cuenta[1]. ¿La excusa? El gobierno de Bashar al Assad sigue atacando Ghouta Oriental. En los últimos días, el ejército sirio ha obtenido importantes avances en esta ciudad, uno de los últimos bastiones de Al Qaeda en el país.

¿Será que Estados Unidos planea alguna aventura militar en Siria?

El caso del doble agente ruso asesinado en Londres

Resulta sorprendente la conmoción internacional que el gobierno británico ha impulsado a raíz del caso Skripal. Lo más extraño de este caso no es el asesinato de un ex espía de 66 años (la expectativa de vida en esta profesión no debe ser muy alta) sino la magnificación artificial que Theresa May ha dado a este asunto. Supuestamente, los rusos decidieron asesinar a un ex agente de la KGB que había sido juzgado y condenado en los 90s por colaborar con el servicio secreto de Su majestad. Al parecer, el gobierno ruso habría decidido asesinar en territorio británico a su ex agente con un gas nervioso “fabricado solamente en Rusia”, casi 20 años después de aquel “acto de traición” y a casi 10 años de haberlo liberado.

Producto de este ataque, la Primera Ministra ha anunciado la expulsión de 23 diplomáticos rusos con base en las islas solicitando al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que trate con urgencia este “uso ilegal de la fuerza” por parte de Rusia en suelo británico y reclamando acciones inmediatas.

Por su parte, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zajárova respondió que el revuelo por el caso del espía asesinado era parte de un espectáculo montado por el gobierno británico, que Skripal fue asesinado por los servicios secretos del Reino Unido para culpar a Rusia, que las evidencias presentadas (aunque no compartidas) por Theresa May parecían de ficción, que el incidente se inventó como parte de un complot mucho más grande de la OTAN para avivar la ira internacional contra Rusia y, por último, sugirió la posibilidad de que la muerte de Skripal pudiera ser parte de un complot occidental para justificar un boicot al torneo de la Copa Mundial de la FIFA, a desarrollarse en Rusia dentro de tres meses.

Lo cierto es que el caso Skripal, aun siendo responsabilidad del gobierno ruso, parece más bien una excusa para aumentar la retórica anti-rusa y quizás es el preludio de alguna acción británica futura en contra del gobierno de Putin.

¿Será que Theresa May prepara el terreno para enfrentarse directamente con Rusia? quizás en Siria?

Es sabido que los terroristas atrincherados en Ghouta Oriental actúan bajo mandato de Al Qaeda que, a su vez, recibe órdenes de la inteligencia británica del MI6 y de los servicios secretos franceses. Las acciones desesperadas por parte de las potencias occidentales para conservar bajo su dominio una de las últimas porciones de territorio sirio, no pueden descartarse en un momento tan decisivo como el actual.

Putin y las nuevas armas nucleares rusas

Estados Unidos reacciona ante misil de Vladímir Putin

 

El presidente ruso anunció la semana pasada que la industria militar de su país había desarrollado una serie de nuevas armas nucleares estratégicas que “no pueden ser interceptadas” por ningún escudo antimisiles, ni siquiera por el norteamericano. En su mensaje presidencial anual, Putin explicó que las nuevas armas incluyen un misil de crucero y un dron submarino, ambos de propulsión nuclear, y nuevos misiles hipersónicos que no tienen equivalente en ninguna otra parte del mundo.

Si el potencial de estas armas es cierto, el orden militar posterior a la caída de la Unión Soviética, que proclamaba a Estados Unidos como el líder indiscutido en materia de armamento, puede estar en peligro.

¿Vuelve el reinado de la guerra sucia?

Poco después de asumir su puesto, el presidente Trump dio órdenes a la CIA de cesar todo apoyo a las fuerzas mercenarias de Daesh, por lo menos en Irak y Siria. Desde 2013, la táctica norteamericana en Medio Oriente se centró en financiar y entrenar yihadistas con el fin de derrocar a Bashar al Assad, por cuenta de Washington. Esta fecha no es casual. Después del montaje puesto para simular que el ataque químico en Ghouta era obra del presidente sirio, Putin minó las intenciones de la entonces Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de invadir Siria. Las negociaciones de Ginebra de 2013, garantes de la no intervención norteamericana, dieron pie a la entrada formal de Rusia como nación defensora del presidente sirio. Luego del fracaso de los terroristas “moderados”, Estados Unidos decidió que era necesaria una fuerza mercenaria más potente y aniquiladora, por ello creó a Daesh. Estados Unidos, junto a sus aliados occidentales y su equipo regional no intentarían solamente destituir al presidente sirio, sino más bien, sembrar la semilla de la desintegración estatal.

Cuando este plan fracasó producto de la colaboración militar que Rusia prestó a Siria, el actual presidente norteamericano tuvo que asumir la derrota. La nueva era de la guerra sucia, o también llamada guerra de cuarta generación (las tácticas militares encubiertas reemplazan la acción directa de los ejércitos nacionales) había concluido su reinado. A partir de la implementación de esta decisión, la orientación militar de Estados Unidos parecía estar volviéndose más bien clásica: Trump anunciaba que incrementaría el envío de marines a Afganistán, mientras el jefe del CentCom notificaba la creación de una milicia compuesta por militares estadounidenses y milicianos kurdos. Esta idea reducía el papel de la CIA y su cabecilla, Mike Pompeo, parecía respetarlo; mientras el entonces jefe de la diplomacia, Rex Tillerson, parecía estar de acuerdo.

Existen posibilidades de que, al convertirse en líder de la política exterior norteamericana, Mike Pompeo pondere su especialidad, la guerra sucia, y transforme nuevamente la orientación militar de Estados Unidos.

Mike Pompeo, un cuadro político

A diferencia de Rex Tillerson, quien no tenía ninguna experiencia ni formación como funcionario, Mike Pompeo se desarrolló como un cuadro meramente político. Fue elegido como congresista republicano por Kansas durante tres períodos, tiene títulos de la Facultad de Derecho de Harvard y de la Academia Militar de EEUU. Se lo conoce como un verdadero halcón, famoso por tener ideas casi tan belicosas como las de Trump. Por el contrario, de Tillerson se decía que era “la voz solitaria de la conciencia del presidente” a quien, por supuesto, Trump no hacía caso.

Es posible, por ende, que el recambio responda a la necesidad de Washington de adoptar una política internacional más agresiva y que necesite a un cuadro de confianza y con experiencia.

Tambores de guerra

El recambio de jefe diplomático impulsado por Trump viene a coronar una serie de eventos de gran importancia que la gran prensa no ha sabido hilar y que, debido a la confusión reinante, nos cuesta interpretar. No obstante, los factores se alinearon en las últimas semanas marcando el comienzo un escenario cada vez más militarizado, tenso e inestable.

A fines del año pasado, el vicepresidente del Comité Internacional del Senado ruso, Vladímir Yabárov, decía a Sputnik que si Tillerson era reemplazado por un “halcón” la verdadera Guerra Fría 2.0 habría comenzado[1].

 

 

Nota


  1. U.S. warns it may act on Syria as onslaught against Ghouta grinds on en Reuters.

 

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