Los niños de Cachemira son los más afectados por la militarización por Valeria Rodriguez

El uso excesivo de la fuerza contra civiles y especialmente contra los niños ha sido una práctica de las fuerzas armadas indias desde el comienzo del conflicto armado en Jammu y Cachemira.
Por Valeria Rodriguez

Cabe destacar que el informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) sobre el impacto de los conflictos armados en los niños sostiene que en todo el mundo más de mil millones de niños menores de 18 años que viven en regiones devastadas por conflictos, lo que podría compararse con una sexta parte de la población total del mundo, una de estas regiones, la más militarizada del mundo es Jammu y Cachemira.

Este conflicto continúa irresuelto y además es uno de los menos difundidos por la prensa internacional, a pesar de que  cuenta con una presencia militar excesiva que puede compararse con tres veces la invasión norteamericana en Iraq y Afganistán.

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Desde el levantamiento contra las fuerzas armadas indias en 1989, los niños, han sido los más afectados por la violencia institucional tanto de las fuerzas armadas indias como por las fuerzas de seguridad de Cachemira, asimismo, los años 90 han sido los más duros en relación a la violación de los derechos humanos donde pueden detallarse desde incidentes diarios de violencia contra civiles, a actos de violencia masiva contra pueblos o ciudades enteras, asesinatos extrajudiciales, desapariciones forzadas, violaciones y detenciones ilegales y administrativas.

Según un informe publicado por la Coalición de la sociedad civil de Jammu y Cachemira, desde el 2003 se contabilizaron 26 asesinatos de niños de manos de las fuerzas armadas indias, además en los último 15 años también aumentó la presencia de huérfanos que ascendieron a 215 mil, de los cuales el 37 por ciento perdieron ambos padres, lo cual genera graves consecuencias sociales.

Por otra parte, Durante los últimos quince años, se registraron 318 asesinatos, de los cuales al menos 144 niños fueron perpetrados por las fuerzas armadas indias y la policía estatal, lo cual representa, el 44.02 por ciento, del total de niños asesinados.

La mayoría de los niños, al menos 110 de ellos, muertos en la violencia del estado y al menos de 8 niños murieron debido a las lesiones causadas por las armas pellets utilizadas por las fuerzas de seguridad.

De los 318 niños asesinados, 121 pertenecen al grupo de menos de 12 años, mientras que 154 niños asesinados tienen entre 13 y 17 años. Los bebés (hasta 2 años de edad) también han sido víctimas de violencia, ya que 13 niños han sido asesinados en los últimos quince años. La víctima más joven de la violencia en Jammu y Cachemira en los últimos años fue el bebé de 10 meses Irfan, quien fue asesinado en 2010, cuando su madre quedó atrapada entre las fuerzas gubernamentales y los manifestantes en Dangiwacha, Baramulla.

La persecución a niños y jóvenes no es casual y tiene que ver principalmente a las manifestaciones sociales contra la militarización y el aumento de la violencia en la región que lucha por su independencia.

Aumento de la militarización

A finales de los años 80, el conflicto en Jammu y Cachemira comenzó a aumentar su violencia ya que surgieron grupos armados que luchaban por la independencia de la región, frente a esto, la India, que cuenta con la administración de la seguridad y comunicación de Jammu y Cachemira, respondió a esto con el aumento de la militarización, incluso con la creación de fuerzas militares de contrainsurgencia como Ikhwan, conformada por mercenarios y ex militares.

Con el aumento de la presencia militar la represión fue cada vez más cruda, principalmente contra niños y jóvenes, una de las situaciones más violentas fue  la masacre en Surankote,en agosto de 1998, donde 11 niños no solo fueron asesinados a quemarropa, sino que una vez muertos sus cuerpos fueron desmembrados.

Después de una investigación, la Comisión Estatal de Derechos Humanos (SHRM, por sus siglas en inglés) atribuyó el crimen a los oficiales de policía especiales (SPO) de la policía de Jammu y Cachemira dando cuenta de la violencia institucional, este caso continúa sin resolver y los militares acusados de formar parte de esa operación actualmente viven en la región de Nepal.

Los organismos que trabajan en favor de los derechos humanos sólo pueden contabilizar las violaciones dentro de la línea de control de Naciones Unidas que se encuentra al norte de la región ya que para poder realizar las investigaciones correspondientes necesitan la aceptación del país por lo tanto las mediciones son limitadas.

Además hay que destacar que ésta región es disputadas por las grandes potencias de India, Paquistán y China que pretende utilizar la zona para la nueva ruta de la seda, con lo cual su ubicación geográfica es estratégica para la política internacional.

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