“La sincronización del proceso catalán y vasco puede ser decisiva”

El mismo día que ETA comunica oficialmente su disolución, el histórico sindicalista y dirigente independentista Rafa Díez Usabiaga nos recibe en la sede de Sortu en San Sebastián. Llueve. De hecho, podríamos decir que llueve sobre mojado. Díez Usabiaga salió el pasado agosto de la cárcel después de haber pasado seis años y medio. 

– ETA anuncia la disolución. Es la crónica de una muerte anunciada o el empeño por un nuevo ciclo? 
-Yo creo que es una reflexión y una decisión que pretende crear un nuevo escenario. ETA nació en unas condiciones políticas en Euskal Herria y también en el contexto internacional. Y termina el ciclo con Euskal Herria en unas condiciones políticas diferentes y un escenario internacional diferente. Y con la voluntad de facilitar la apertura o la profundización de un proceso de cambio político en el país. Por lo tanto, estamos ante el final de un ciclo en nuestro país, pero también la continuidad de todo.

– ¿En qué sentido? 
-En este proceso de emancipación nacional y social a partir de los avances sustantivos y sustanciales de los últimos sesenta años, Euskal Herria está en condiciones de obtener otras cotas de soberanía y de desarrollo del proyecto político nacional.

– El fin de ETA no es la reacción a una eficacia policial? 
-ETA nació en el marco del franquismo y con una sociedad sacudida por la represión franquista. Con un euskera condenado a muerte y un PNV escondido y esperando una decisión de los aliados sobre el régimen franquista. ETA fue un despertar colectivo en el ámbito abertzale y también en determinadas posiciones de izquierdas. En este recorrido, no se puede entender la evolución de estos sesenta años, incluido el marco autonómico, sin tener en cuenta qué ha significado ETA como agente,  que ha sido fuente de compromiso, de sentimiento, de organización y de resistencia. ETA y la izquierda abertzale, En un contexto político, internacional, económico y social muy diferente, adoptan la decisión de terminar un ciclo y que la sociedad vasca emprenda unas nuevas concepciones de acumulación de fuerzas y de actividad política exclusivamente por vías democráticas. Se ha hecho una reflexión sobre el contexto político y el desarrollo del proceso de emancipación nacional de manera que se pueda hacer de la manera más positiva posible.

– ‘Sin violencia todo es posible’, decían. Os lo creéis? Es cierto? 
-Tan sólo hay que observar la evolución del proceso catalán. Es una demostración de que esto es un discurso hipócrita y que ha sido un elemento introducido en la sociedad como un argumento falso. Estos últimos años hemos visto como algunos parecía que preferían la persistencia de ETA o de una determinada dimensión de lucha armada en lugar de querer una solución del conflicto político. El Partido Popular y algunos otros ámbitos del Estado han tenido mucho protagonismo a la hora de no edificar un proceso de paz. Y han tratado de hacer sabotaje a las decisiones que tomaba ETA y la izquierda abertzale en esta dirección. Preferían tener un escenario con un cierto grado de conflicto militar que no tener que abrir la situación política. En esta nueva situación se puede comprobar que el estado no tiene respeto a la voluntad democrática de Euskal Herria ni de Cataluña.

– La voluntad democrática es peligrosa para el estado español? 
-Se pone de manifiesto que el verdadero enemigo de España son las ideas de unas mayorías políticas y sociales que quieren reconocimiento y la posibilidad de que todos los proyectos sean posibles por las vías democráticas. Este es el germen que desenmascara la involución antidemocrática del estado. El estado mantenía un nivel de credibilidad y discurso en unas condiciones determinadas que ahora dejamos atrás. Ahora se muestra muy débil cuando las mayorías expresan pacíficamente y por vías democráticas. El cambio estratégico de la izquierda abertzale ha hecho posible que estos últimos ocho o diez años el Estado sea débil en cuanto a la oferta democrática. No es capaz de reconocer unas realidades que no quiere asimilar y que ya no tienen que ver con el uso de la violencia.

– El estado español tiene miedo de abrir la posibilidad democrática?
-Efectivamente. El estado no tiene ninguna oferta democrática. Tiene miedo de democratizar las ideas. Dice que sin violencia todo es posible, pero luego no permite la realización de los proyectos políticos. El estado español permite defender una posición, pero en la medida que se convierte en mayoritaria la coartan por vías políticas, judiciales, el 155 o la represión. Hemos entrado en una nueva etapa. La voluntad de la transición de crear un modelo territorial de autonomías con el llamado café para todos ya no tiene recorrido. Cataluña y Euskal Herria proponen una nueva base democrática de reconocimiento de las naciones y el respeto de la voluntad mayoritaria. La terapia autonómica de la transición ya no funciona. Esta batalla la tenemos que hacer cada uno buscando las mayorías sociales necesarias, pero también la podemos hacer conjuntamente en Europa.

– Europa es un terreno difícil …
-Europa debe ver que la estabilidad política y económica que tanto desea pide un nuevo marco democrático real en que las voluntades democráticas mayoritarias encuentren una vía para hacerse realidad. Esta es la fuente de estabilidad. No habrá nunca estabilidad política y económica si un estado coarta permanentemente las voluntades democráticas y utiliza instrumentos represivos contra estas mayorías. La sincronización de nuestros dos procesos cuestionando el modelo de Estado y la involución puede ser un factor importante estos próximos años.

– El estado español ha boicoteado el proceso de paz? 
-Efectivamente, había sectores políticos y de poder en el Estado que vivían políticamente más cómodos en una situación de confrontación armada. Puede parecer duro y sorprendente. Pero podían pensar que la violencia de ETA generaba un discurso que daba cohesión a la sociedad española y el ámbito político. Esto les permitía neutralizar las posiciones soberanistas e independentistas. Cuando este elemento cohesionador acaba, se demuestra que el estado no tiene ninguna propuesta ni ninguna oferta democrática para poner sobre la mesa. Hay que recordar que cuando hubo el cambio de estrategia de la izquierda abertzale y el fin de la actividad armada de ETA, el mapa político institucional cambió completamente. En el parlamento de Gasteiz y al gobierno vasco había mayoría de PP y PSE, y eso cambió automáticamente después. Y PP y PSE se convirtieron en quinta y cuarta fuerza, respectivamente. En el gobierno de Navarra también cambiaron completamente las posiciones.

– Su encarcelamiento de más de seis años es un intento de boicotear la resolución del conflicto? 
-Es cierto que nosotros abrimos un nivel de debate en la izquierda abertzale sobre la necesidad de este cambio estratégico. Un nivel de debate que influía en el conjunto de la izquierda abertzale y que también influyó en las decisiones de ETA. En nuestro juicio y encarcelamiento había un objetivo más de fondo. Se trataba de buscar una situación de desorden en la izquierda abertzale.  Se pretendía que hubiera escisiones y un debilitamiento del proyecto político. Al Estado no le interesaba una salida ordenada en que la izquierda abertzale podía ser muy influyente en un escenario post-fin de ETA. Descabezando la izquierda abertzale pretendieron facilitar este escenario de caos, desconcierto y desvertebración. Yo creo que la sentencia de Bateragune debe leerse más en clave política que nada más.

– Un militante abertzale ha sabido siempre que la prisión era una posibilidad real. Esto puede cambiar ahora? 
-Me parece que el caso de Cataluña es una prueba evidente de que el Estado, más allá de la existencia de violencia, teme los proyectos que cuestionan el status quo. El Estado deja claro que la actuación rebelde contra su integridad tiene un coste mayor. Y así quiere escarmentar los ciudadanos y avisarles sobre sus compromisos individuales y colectivos. Este Estado no aceptará lo que las mayorías democráticas puedan querer en cada momento. El esquema de su nacionalismo intolerante e impositivo desde hace siglos vuelve a manifestarse con una crudeza absoluta. La democracia y la vía pacífica no los detiene. Pero esto no puede impedir que Cataluña y Euskal Herria avancen en la determinación de hacer efectivas democracias completas. Nunca ha sido tan claro que la demanda de soberanía es cada vez más sinónimo de democracia.

– Hoy hay nueve presos políticos catalanes y algunos exiliados, entre ellos el presidente de Cataluña. ¿Qué opinas?
-De entrada, quiero expresar mi solidaridad con todos y mi admiración por el nivel de compromiso y determinación de acuerdo con la voluntad de la mayoría social de Cataluña. El proceso catalán es para nosotros una lección para la enorme simbiosis de las instituciones y la dinámica social. Todo cambio político de gran dimensión necesita un músculo social importante y un grado elevado de transversalidad y solidaridad. La fortaleza del proceso de Cataluña tiene mucho que ver con esta simbiosis social e institucional. En el Estado no se pensaba hace cuatro o cinco años que el proceso podría ser tan impermeable a la campaña constante de la ‘brunete mediática’, en la persecución judicial y al chantaje económico constante. Aunque el proceso ahora sea en fase de recomposición, tiene anclajes sólidos que me hacen ser optimista sobre la nueva fase que hay que empezar.

– ¿Qué puede aprender, el movimiento independentista catalán, del vasco? Tal vez la capacidad de resistencia a la represión? 
-La justificación constante por el Estado de la represión política y la construcción de argumentaciones jurídicas ad hoc son situaciones que hace años que vivimos aquí de manera constante. Diría que la sociedad catalana no esperaba una respuesta del Estado en los parámetros que se han producido. Quizás alguien se había creído que se respetaría la voluntad mayoritaria por ser expresada pacíficamente. Se podía pensar que la terapia del Estado contra Euskal Herria tenía otros elementos de justificación que la hacían diferente a la que se aplicaría en Cataluña. Pero es evidente que el Estado ha reaccionado igual con o sin violencia. La sociedad y buena parte de los dirigentes independentistas catalanes no estaban psicológicamente preparados para pensar que el Estado reprimiría con esta fuerza. Y esto hace caer el mito que había vendido el Estado que cualquier idea se puede defender y realizar en términos pacíficos y democráticos. Ahora habrá que reubicarse y salir de la perplejidad. La sincronización de los procesos catalán y vasco es una de las claves de la nueva etapa. Puede ser decisiva.

– ¿Ha sido encerrado en prisión seis años y medio. Has salido el agosto pasado. ¿Qué consejo puede dar a los presos políticos catalanes y sus familiares?
-Cuando estás en la cárcel, es muy importante ser capaz de gestionar el tiempo uno mismo. Estas veintidos horas del día dan para mucho. Y uno de los elementos más importantes de autodefensa es la gestión del tiempo. Que no se dejen llevar por lo que significa la monotonía diaria a todos los niveles. Hay que tener un grado de disciplina personal en la gestión del tiempo. Es muy importante para superar esta situación. Por otra parte, esta gestión del tiempo en el aspecto físico e intelectual permite tener un cordón umbilical con el exterior. Y de eso hay que tener mucho cuidado. Tanto por el preso como por su entorno. El mejor alimento de un preso, lo que más le reconforta en el día a día, es tener este cordón umbilical con el exterior y estar con un cierto grado de tensión en relación con tu país y al latido social y colectivo . La solidaridad y el apoyo familiar.

– Os vemos muy activo y en la brecha. No ha tenido el pensamiento que personalmente ya os habíais arriesgado y sacrificado suficiente?
-A ver, yo pienso que hay un ciclo de militancia de mi persona que se acaba. Me parece que una de nuestras tareas en este momento es hacer de enganche generacional con activos que deben asumir responsabilidades y deben ser quienes interpretarán mejor los cambios sociales, económicos y políticos que se produzcan. Nosotros somos de una cultura vieja. Una cultura política que se ha desarrollado desde el final del franquismo. A menudo nos cuesta interpretar elementos que se producen en la sociedad actual. No sabemos cómo encajarlos en el carril central del eje nacional. Por ejemplo, toda la explosión de la lucha feminista. O los pensionistas. O luchas que tienen cuerpo y desarrollo propio al margen del eje nacional. Los paradigmas cambian y los jóvenes valoran el concepto de la política de una manera distinta a como lo hacíamos nosotros. La idea de política o de partidos políticos o de estructuras organizativas ha cambiado considerablemente entre los jóvenes. Nosotros hacíamos casi una opción de vida, de la política. Entrábamos en la política como los curas entraban en la Iglesia, con mentalidad para toda la vida. Ya no son así, las cosas.

– ¿Ha encontrado que estos cambios se han acelerado mientras estabais en prisión?
-Sí. Si me ha sorprendido algo estos años, es el cambio de aires de la sociedad vasca en un período tan corto. Me ha sorprendido ver cómo gana terreno el individualismo. Las prioridades individuales cambian mucho. Y el compromiso político se entiende de una manera muy diferente. También las prioridades colectivas son muy vulnerables a las modas y olas reivindicativas mundiales. Los jóvenes y las nuevas generaciones pueden tener una capacidad de análisis diferente de la nuestra. Y debemos ser capaces de que nuestro capital y experiencia sirva para hacer este encaje con ellos. Yo llego a un final de ciclo por el cansancio físico e intelectual lógico. Es posible que no tenga la capacidad de entender determinadas cosas que pasan hoy. Debemos hacer un tránsito de la experiencia a los nuevos valores que emergen en favor de un proyecto político de servicio al país.


Fuente: Por Pere Cardús / Vilavweb, Kaosenlared

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