“Sideración”, la respuesta a la falta de reacción a una violación

El fenómeno es conocido en el ámbito de la medicina, también llamado como “inmovilidad tónica”, y se trata de un conjunto de mecanismos de defensa que se activan ante a una situación traumática y se produce un estado de parálisis involuntaria.

Por estos días, los jueces franceses están recibiendo formación en la Escuela Nacional de la Magistratura sobre el fenómeno de “sideración”, la respuesta del organismo que afecta a todas las personas y que podría explicar la falta de reacción, por ejemplo, de algunas mujeres frente a una violación, situación muy comentada por estos días a propósito del fallo del caso La Manada o las denuncias contra el productor Cerval Abreu.

El fenómeno es bien conocido en el ámbito de la medicina, también es llamado como “inmovilidad tónica”, y se trata de un conjunto de mecanismos de defensa que se activan ante a una situación traumática: frente a un caso de estrés extremo que implica un riesgo vital para el organismo, el cerebro realiza una especie de “cortocircuito” y se produce un estado de parálisis involuntaria.

Entre quienes se encuentran proclives a sufrir estos episodios también están los soldados de guerra, sometidos a situaciones de violencia extrema, o cualquier persona frente a catástrofes naturales, robos o asaltos.

El órgano involucrado es la amígdala, crucial en el circuito de miedo de nuestro cerebro, y que cuando detecta un ataque, envía señales de estrés que llegan a la corteza prefrontal, allí donde se produce el pensamiento racional, por lo que la capacidad de raciocinio se ve deteriorada y la consecuencia es una especie de “anestesia” en la persona: inhibición del movimiento, aturdimiento, pasividad y rigidez del cuerpo, todo de forma totalmente repentina e involuntaria.

Al mismo tiempo, el organismo se sumerge en un estado de vigilancia extrema, ya que la amígdala dispara respuestas aunque no seamos conscientes de ellas. Sudan las manos, se dilatan las pupilas y se agudiza el oído, pero también el cerebro busca las salidas de la habitación o si se oyen personas alrededor.

Posterior a eso se produce un segundo fenómeno, la disociación, en el que “la persona tiene la impresión de haber salido completamente de su cuerpo”. “Durante una violación, cuando la persona está disociada, el agresor puede decir ‘desnúdate’ y la persona va a obedecer de manera totalmente automática, desconectada”, afirma la psiquiatra Muriel Salmona.

Todo este mecanismo se explica debido a que el ser humano evolucionó como presa y no como depredador, y se considera una defensa adaptativa evolutiva para un ataque cuando otras formas de defensa no son posibles. De hecho, se trata del mismo proceso cerebral que sufren los ciervos que se quedan congelados delante de un coche o el conejo que sale de su madriguera, ve delante de sí un zorro y se queda quieto esperando que el animal no lo detecte.

Sin embargo, a pesar de que la parte racional está en mínimo, el resto del cerebro sigue funcionando y es por eso que muchas víctimas de ataques sexuales procesan y acumula todos los estímulos de la experiencia, lo que tiene como consecuencia que sean más proclives a sufrir estrés postraumático, a revivir el episodio con nitidez meses o incluso años después y a culparse por “no haber hecho nada”.

Entre los datos que respaldan este fenómeno se encuentra un estudio publicado en 2017 en Acta Obstetrecia et Gynecologica Scandinavica, que señaló que de casi 300 mujeres que visitaron una clínica de violación en Estocolmo, el 70% experimentó inmovilidad tónica al menos “significativa” y el 48% cumplió los criterios de inmovilidad tónica “extrema” durante la violación. La gravedad de la afección se evaluó mediante una escala que midió los sentimientos de estar congelado, mudo, entumecido, etc.

Previo a eso, ya en 2005 un estudio de 200 detectó que el 52% de las estudiantes universitarias que informaron abuso sexual en la niñez dijeron haber experimentado esta parálisis. Las investigaciones también señalan que la resistencia de un víctima ante violación disminuye con el número de asaltantes.

Este fenómeno no es muy conocido dentro del sistema legal y judicial, pero las personas que trabajan con sobrevivientes de agresiones sexuales lo conocen desde hace tiempo, y han impulsado capacitaciones como las de Francia. También en Estados Unidos, desde 2012, James Hopper, un experto en trauma psicológico y asociado de la Facultad de Medicina de Harvard, ha estado capacitando a investigadores y fiscales civiles y militares de todo el país.


Fuente: El Desconcierto

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