La violación como arma de guerra: la historia de una mujer yemení

Por Abdulsalam Al-Dhahebi Tahamah, desde Yemen. Traducción Alejandra Loucau

La semana pasada una mujer yemení fue golpeada y violada por un soldado sudanés de las “Fuerzas Janjaweed” (Janjaweed forces), uno de los grupos que conforman la coalición liderada por Arabia Saudita en Yemen.

Cuando comenzó la guerra en 2015, luego de la intervención de esta alianza militar, quedó claro que las mujeres y las niñas eran el blanco predilecto de los Janjaweed, no como efecto colateral del conflicto armado sino como táctica planificada: la violación y el abuso son armas de guerra.

Los Janjaweed tienen un aberrante prontuario repleto de violaciones a mujeres en Darfur (sur de Sudán), donde son bien conocidas las historias relatadas por adolescentes y ancianas que fueron víctimas de estos soldados. De acuerdo con un informe de Human Rights Watch (HRW) sobre Darfur[1], 221 mujeres fueron violadas en la ciudad de Tabit (al norte de Darfur) en menos de dos días. Dichas vejaciones se perpetraron en la vía pública, frente a sus parejas. En otras ocasiones, decenas de mujeres fueron víctimas de violaciones masivas, lo cual podría constituir un crimen de lesa humanidad, según los especialistas de esta organización.

El activista y poeta yemení Mohammed Al-Masmari relató a quien escribe la historia de Fátima, una mujer yemení cuyo nombre ha sido modificado con el fin de proteger su identidad. Ella le había descrito detalles del ultraje sufrido por parte de un soldado sudanés cuando esta recogía paja en un valle aledaño a su vivienda: “Se me acercó y disparó con su arma varios tiros al aire, luego comenzó a golpearme en la cara varias veces para después arrastrarme hacia el interior del campamento y violarme.”

La historia no terminó aquí. Según el testimonio de Fátima, después de que ocurriera este episodio todo el pueblo tomó conocimiento del mismo. Esto provocó que un grupo de soldados emiratíes (que también integran la alianza liderada por Arabia Saudita) exigieran a Fátima que se trasladase junto a su familia hacia una oficina de gobierno. Allí, a fuerza de amenazas, la obligaron a firmar distintos documentos en los cuales ella negaba haber sido víctima de la violación perpetrada por el soldado sudanés.

La coalición invasora está integrada por una colección de países cuyos gobiernos son reconocidos mundialmente por su falta de respeto a los derechos humanos. Lo más indignante es que, a sabiendas de ello, la comunidad internacional representada en la ONU siga dando luz verde a la intervención de esta alianza militar en Yemen y, por ende, a que se sigan llevando a cabo estos crímenes.

Pese a que las fuerzas Janjaweed han cometido violaciones masivas y otros aberrantes delitos en Darfur y, aun siendo estas catalogadas por la Corte Penal Internacional (CPI) como criminales de guerra, muchos gobiernos permiten a estas milicias seguir transgrediendo los derechos humanos del pueblo yemení, bajo la protección de las fuerzas emiratíes.

Darfur fue centro de la condena internacional debido al papel jugado por el gobierno sudanés de Omar Al-Bashir en la violación de los derechos humanos efectuada por su flamante milicia Janjaweed. Estos mismos abusos son cometidos en la actualidad por las mismas fuerzas, la diferencia es que ahora estas se hallan protegidas bajo el manto de impunidad que cubre a la coalición liderada por Arabia Saudita por ser, su monarquía, aliada de las potencias occidentales.

Lo que le sucedió a Fátima no es un incidente aislado. Se trata de un ejemplo entre los numerosos crímenes de guerra cometidos por la alianza militar que viene atacando Yemen desde 2015. Mientras el mundo decida ignorar estas atrocidades, el sufrimiento del pueblo yemení continuará y el fracaso del derecho internacional seguirá repitiéndose vergonzosamente.

 


Nota

[1] https://www.hrw.org/news/2015/02/11/sudan-mass-rape-army-darfur

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