Nuevo Cine Latinoamericano: “Ríos de la patria Grande”

Joaquín Polo: “No he filmado un solo material en mi vida que no apunte a reforzar la lucha por un pueblo justo, libre y soberano”
-Me gustaría, primeramente, que nos pudieses contar sobre el nacimiento y el proceso de maduración de tu preocupación personal acerca de los temas trabajados (y defendidos) en tu película.
-La preocupación por las temáticas sociales, y particularmente aquellas referidas a las historias de lucha y sangre de nuestros pueblos latinoamericanos, han estado rondando en mí desde siempre. Cuando era apenas un adolescente comencé un curso de cine documental para niños y niñas, pensando que tal vez en el cine encontraría una herramienta para reforzar una militancia que estaba comenzando en el colegio secundario, tras salir de la crisis del 2001 en la Argentina. Definitivamente no me confundí; no sólo descubrí un lenguaje capaz de expresar ideas y conceptos, sino también capaz de cambiar la realidad y generar un efecto en los públicos. Esto me llevó a estudiar Artes Audiovisuales en la Universidad Nacional de La Plata y licenciarme en la misma casa de estudios. Con una idea definida del cine que me interesaba, busqué a lo largo de toda la carrera poder hacer coincidir el lenguaje audiovisual con la posibilidad de reflexionar sobre la realidad política, cultural, económica y social de la región, y allí precisamente es donde me encuentro con el Nuevo Cine Latinoamericano. Empiezo a descubrir una serie de películas, autores y teorías sobre un cine de alto compromiso social (Fernando Birri, Santiago Álvarez, Julio García Espinosa, etc.) . Dichos contenidos no suelen ser impartidos en las escuelas o universidades de cine, por lo que se requiere de un esfuerzo doble para dar con ellos, ya que no suelen estar incluídos en las currículas. Por ejemplo, por los pasillos de mi propia universidad circularon personalidades como Raymundo Gleyzer, el mismo Humberto Ríos, Alejandro Malowicki, como así también aquellos jóvenes que conformaron el Grupo de Cine Peronista, y apenas se lograba oír hablar de todos ellos. A raíz de este rescate de la historia de nuestro cine, doy directamente con la figura de Humberto Ríos y tras varias idas y vueltas en el desarrollo de una posible película sobre su persona, encauso un proyecto de tesis que me lleva a realizar una investigación en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos) de la Universidad Nacional Autónoma de México, y dicho proceso culmina con la realización de “Ríos de la Patria Grande”.
– ¿Porque escogiste el cine como vehículo para tus inquietudes artísticas/políticas?
-En definitiva, elegí al cine como vehículo de expresión porque es eso justamente lo que es. Queda en nosotros utilizar esa herramienta para colaborar con nuestros pueblos en los caminos de la liberación, o jugar para el lado de los opresores. En nuestro caso eso está bien definido, y no he filmado un solo material en mi vida que no apunte a reforzar la lucha por un pueblo justo, libre y soberano, sin ataduras de ningún tipo, y cuando digo ningún tipo me refiero también a aquellas ataduras culturales que siempre nos han conducido directo al fracaso. Mis inquietudes artísticas y políticas son parte de la misma cosa, ya que no concibo al arte sin política y viceversa.
Humberto Rios
-En el documental, las ideas / discurso del personaje dividen el espacio con las de la propia película (es decir: sus ideas y las de su equipo), de modo que superando la concepción intuitiva de una película sobre un cineasta x al hacer, en realidad , una película sobre un ámbito mayor de interés y complejidad que eso.
Con esta introducción, te hago la siguiente pregunta:
¿Qué vino primero? (La voluntad de realizar una película sobre Ríos? O la necesidad de hacer una película sobre la Patria grande?)
-Humberto Ríos, por su edad (85 años), su experiencia, su capacidad de oratoria, apuntó siempre a construir lazos y puentes entres los cineastas de los diferentes países de la región. Él generó una gran unión en el exilio mexicano, y también previo a eso, lograba unir a los integrantes de Cine Liberación y Cine de la Base, moviéndose libremente en los dos ámbitos ya que de alguna forma entendía que todos peleaban contra lo mismo: un capitalismo salvaje que excluía a la mayoría de la población. De esta manera, fue una pieza fundamental en la historia del Nuevo Cine Latinoamericano. Desde los años de exilio mexicano hasta casi los últimos años de vida, se dedicó a la docencia, generando ahora nuevos puentes y lazos entre diferentes generaciones. Todo esto me llevó a pensar que Humberto era el personaje perfecto para hacer una película, y a partir de allí abrirme a la historia de nuestro cine y al nacimiento del movimiento, del cual era parte fundamental. Tenía la historia viva del Nuevo Cine Latinoamericano frente a mí y no podía desaprovecharlo.
– ¿Como se dio el dialogo con Rios, en especial durante la pos producción (en términos de libertad creativa)?
-Lamentablemente no tuve diálogos con Humberto en el proceso de realización de la película, apenas en parte de la escritura y desarrollo del proyecto. En noviembre del 2014, a los 85 años de edad, fallece de forma sorpresiva para todos nosotros. Ya habíamos comenzado a hablar sobre la película, y habíamos alcanzado a hacerle una entrevista en profundidad, pero pensábamos que simplemente sería un borrador o una guía para la escritura, finalmente aquella entrevista fue estructural en el documental, ya que fue una de las últimas que dio. Apenas Humberto fallece, pensé que era imposible hacer la película sin él. Sin embargo, recibí a modo de legado gran parte del material que grabó en los últimos años de vida (todo magnético, en su mayoría mini dv), y algunos fragmentos de fílmico guardados en el armario de su departamento. Esto me dio un impulso para comenzar a reconstruir el rompecabezas con las piezas que habían quedado. En este punto es donde comenzó a jugar un papel importante la creatividad, para poder articular a través del montaje todos aquellos fragmentos de tiempo y espacio con los que contaba, a lo que se sumaba el material grabado por mí.
-Algunos planos de tu película, en especial los primeros pasos y detalles de ruidos en silencio contemplativo, reflejan en nuestra percepción un deseo inconcluso por desmitificarlo, como si aún no lo hubiéramos (o peor, como si no pudiéramos) acceder de modo debido, que de hecho nos fascina sobre su figura en la duración limitada de la proyección.
Me gustaría oír un poco acerca de tu experiencia y oportunidad de acercarte a una figura tan trascendente, en la condición peculiar de ejercer el mismo oficio que hizo de él tan importante para la historia del cine nacional y continental. Y si tal responsabilidad interfirió en el montaje, si fue decisivo en la imagen de Rios que optaste por mostrar en la pantalla. En resumen…¿Cómo no lo representa como un admirador, simplemente, sino como un cineasta?
-En este sentido, me sucedió una cosa muy particular. Con Humberto, y en realidad con toda aquella generación de cineastas que tuve la oportunidad de entrevistar, he establecido lazos de amistad y enorme colaboración entre proyectos audiovisuales y políticos diversos. Dichas relaciones se fueron ensanchando cada vez más, lo que me llevó a entender profundamente a toda esa generación que luchó (y aún lo hace) para alcanzar una sociedad más justa, y a partir de eso a identificarme con ellos y ellas, con sus modos de entender la realidad y el cine latinoamericano. Esto me hizo correr el velo de la admiración y entenderme como parte de ese movimiento a pesar de pertenecer a otra generación, y hoy comprender que muchos de ellos (los que hoy ya no están) son mis compañeros del pasado, y que la pelea contra los poderes concentrados sigue intacta y es la misma. No los considero estatuas o bustos en museos (tampoco a sus películas), lo cual me dio una enorme libertad a la hora de abordar el tema y utilizar fragmentos de sus filmes e intervenirlos directamente en el montaje, sin temor a faltarle el respeto a una generación de la cual creo que formamos parte todos de alguna manera.
“Ceramiqueros de Traslasierra”, de Raymundo Gleyzer.
-En la conversación en “La Barcasa” se percibió que el momento histórico del país (y continente) lleva a algunos espectadores a mirar la película de un modo más lamentable, aterrado a los desafíos del presente, sin las esperanzas comunes al tiempo histórico (argentino y latinoamericano) que la película se produce y realiza. Es decir, por cuenta del desdoblamiento reciente (no necesariamente contenidos en la película), el público, a través de su película parece que se utiliza para pensar su propia condición actual.
Me gustaría saber acerca de esta recepción en otros lugares en que la película se exhibió. Y si las preocupaciones se alinean en otros espacios de forma similar.
-Efectivamente el contexto general del mundo es otro con respecto al momento en que se hizo la película. En los últimos años hemos vivido un enorme retroceso que se materializa en la pérdida de derechos adquiridos, y con ellos nuevamente la exclusión y la pobreza. El poder concentrado contra el que luchó aquellas generación de audaces cineastas, hoy reaparece (¿o acaso nunca se fue?) bajo otras formas, en complicidad con el poder judicial que genera en la actualidad una persecución política e ideológica inaudita en contra de los grandes líderes de la región, casualmente aquellos que supieron levantar las banderas de la Patria Grande, ¿por qué al poder incomoda tanto la unión de nuestros pueblos?. Esa idea de unidad y de integración regional es la que debemos recuperar a través del cine y la cultura para dar batalla.
La película “Ríos de la Patria Grande” no se agota en la pantalla, sino que busca abrir el debate y el intercambio con el público al cual interpela durante los 57 minutos. La leyenda número 9 dice: NO HAY CINE POSIBLE SIN DEBATE. Cuando hablamos de cine como herramienta de transformación nos referimos directamente a esta cuestión, a poner el acento en la acción o pensamiento que pueda generar la película una vez que la pantalla se pone en negro, y no tanto en la película en sí misma, lo cual lejos está de desligarse de problemáticas realizativas y estéticas. Las reflexiones que han surgido a partir de la película han sido diversas según los contextos en que fue proyectada, por ejemplo en Europa y en Estados Unidos el público expresó una enorme sorpresa ante un nuevo mundo que se les estaba abriendo a través del filme, compartían en cierto punto las ideas que se expresaban en la pantalla, pero realmente no podían comprender la historia de lucha y sangre que nos caracteriza, aquello que Humberto menciona: “Tenemos la piel curtida por la lucha…”. Lo interesante es que ellos también están sufriendo los avances de la derecha y el poder concentrado de los medios, como así también la monopolización en la producción y distribución de contenidos, pero las reflexiones siempre rondaron en relación al pasado. Sin embargo, para mí, las proyecciones más ricas en cuanto a intercambio de ideas, fueron en nuestro propio territorio. Aquí todos comprendemos esto de la piel curtida por la lucha, y la reflexión no pasa tanto por el pasado sino por el futuro de nuestras sociedades, de nuestra cinematografía y de nuestra cultura. Somos seres de pie, ávidos de construir un futuro mejor ante un panorama desolador como el que estamos viviendo. En La Barcasa (Misiones, Argentina), se recuperó el pasado para proyectarnos hacia el futuro y pensar en conjunto alternativas de unidad que nos permitan una vez más salir de esta situación. Se habló fundamentalmente de la importancia que tiene la tarea diaria en los barrios, en los centros culturales, en los espacios de formación para generar una conciencia en la población y así batallar la información falsa de los medios concentrados de comunicación, alineados con los intereses del capitalismo más salvaje y desalmado. A la información falsa de todos los días se la batalla con la contrainformación que debe llegar a las bases, ya que la ideología de la derecha logró penetrar allí a través del marketing y la posverdad.
– Su película se preocupa en relacionar la producción cinematográfica latinoamericana con formas de resistencia otras, contemporáneas, en contextos distintos de los enfrentados en los años 60/70. En caso de que quiera, me gustaría su opinión como respuesta a la pregunta ‘¿por qué hacer cine hoy?’ teniendo en mente la generación que se acoge al cine sin las políticas públicas de la gestión anterior.
En parte la respuesta está contenida en todo lo demás. Pero con respecto a las políticas públicas culturales y audiovisuales, hay que entender que el contexto es otro, de claro desfinanciamiento y vaciamiento del sector, lo cual apunta a concentrar la producción en unas pocas manos que han dominado históricamente a la industria. Sin financiamiento público no se puede hacer cine en ninguna parte del mundo (excepto en Estados Unidos por el tanque de Hollywood), por lo cual debemos exigir a nuestros gobernantes la aplicación de políticas que permitan generar contenidos diversos y plurales. Este camino se comenzó a transitar en la Argentina durante los gobiernos de Néstor y Cristina, donde se logró diversificar la voz y con ello los imaginarios, teniendo un INCAA pujante, activo y capaz de distribuir su capital en todo el país. Debemos hacer todo lo posible para volver a aquel modelo, profundizarlo y mejorarlo. A partir del nuevo plan de fomento se ve desalentada la producción de aquellos con menos posibilidades, y a esto se le suma la cancelación de créditos para el 2018, pero sin embargo y aquí retomo las palabras de Humberto, en este contexto surge la necesidad de “…hacer cine como se puede, como deber, como militancia de la imagen”. Es decir, hacer cine hoy es también buscar las formas para cambiar la realidad, cambiar la realidad para recuperar el país, recuperar el país para recuperar la región y con ello nuestra cultura, nuestro cine, nuestra políticas públicas que resuelvan esta necesidad. Cine y política como la misma cuestión.
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