D´ELÍA: “El principal beneficiario de la muerte de Nisman fue Macri”

 

Por Juan José Salinas, Pájaro Rojo

El viernes entrevisté a Luis exclusivamente a propósito de un Memorando de Entendimiento con Irán que, más allá de su prolijidad o no, tuvo la intención por  parte de Argentina de desbloquear la investigación tendiente a identificar y sancionar a los instigadores y ejecutores materiales del ataque a la DAIA-AMIA. No hablamos de lo tra cosa excepto algún comentario al paso (como “Cristina confió en muchos tipos que terminaron en la vereda de enfrente. El kirchnerismo tomó la la estructura de los coroneles menemistas de los 90, y los hizo generales. Y muchos de estos supuestos generales se fueron a otras ofertas electorales haciéndonos mucho daño”). La posibilidad de que lo metieran preso el lunes (ver Contexto: una blitzkrieg revanchista abajo de todo) pendía sobre su cabeza como una espada de Damocles.

Entrevisté a Luis D’Elía el pasado viernes 27 de octubre, día en que se cumplíeron siete años de la muerte de Néstor Kirchner. El lunes Luis se presentó a declarar en la causa en la que se lo juzgaba tanto por la ocupación pacífica de la  comisaría de La Boca para lograr que sus efectivos detuvieran al asesino (un confidente de la policía y asociado a ésta como dealer) del dirigente social Martín “El Oso” Cisneros, y quedó preso. El encuentro fue en la sucursal de la pizzería y casa de empanadas La Americana ubicada en lo que hasta poco fue La Perla, un mítico café de la Plaza Miserere al que muchos consideran la cuna del rock nacional. D’ Elía -recientemente operado del corazón- lo prefirió a las oficinas de su partido Miles, situadas a pocos metros de allí, cruzando Rivadavia, en la histórica recova donde la avenida jujuy muta en Pueyrredón, para no subir las escaleras y acaso también, presumo, para respirar, paladear la libertad. En aras de la síntesis, prescindo de mis preguntas.

“La noche del martes 26 de agosto del 2010, la última que vivió Néstor Kirchner, ya era de noche cuando me convocó (el secretario general de la Presidencia, Oscar) Parrilli a su despacho en la (Casa) Rosada. Le dije que le avisara a la custodia para que me dejara entrar, caché la chata y me mandé. Con él estaba Timerman. Me informaron que Néstor iba a iniciar un diálogo con Irán y que quería hacer lo que yo llamo ‘la Gran Néstor’, es decir conducir él la parte institucional, y que yo lo ayudara estableciendo un diálogo informal con los funcionarios del gobierno de (Mahmud) Ahmadinejad y los ayatolás. Y en un aparte, creo que Timerman había ido al baño, Parrilli agregó socarrón ‘tambien quiere que vigiles que el rusito (por Timerman) no se desmande’. En fin, que me pidió que fuera el correo informal, el mensajero, con los iraníes. Recuerdo que la reunión se interrumpió por un llamado de Néstor, que comentó que había estado paseando por Río Gallegos con Cristina. La cosa es que el lunes siguiente, el 1º de noviembre, estaba prevista una reunión de los cancilleres (Timerman y Alí Akbar Salehi) en Yabrud, reunión que, tras el impacto de la muerte de Néstor, no tengo noticias de que se haya realizado.

“El memo, el acuerdo con Irán, se basó en una vieja idea de (Fernando) Esteche (entonces líder del grupo Quebracho). Tres años había ido con él a Teherán, y Esteche ya tenía una buena relación Subjani (D’Elía lo dice así, interpreto que se refiere a Ja’far Sobhani, entonces de 80 años, un influyente teólogo, intelectual y escritor procedente del seminario de Qom, es decir, del jomeinismo paladar negro) y fue mi cicerone. Ya entonces él buscaba alguna manera de aunar los esfuerzos de Irán y Argentina para descubrir y revelar la verdad…”.

D’Elía es interrumpido, saludado y besado efusivamente por una señora mayor que habla un castellano con un acento raro. Comenta que se cumplen trece años desde que un joven asaltante le pegó tres tiros. Festeja estar viva.  Cuando por fin se va, me comenta que es griega, que la conoce hace mucho, que “se le va un poco la olla” y se queda tildado, pensando en algo, con la mirada perdida.

“¿Viste lo dijo Carlos Escudé?”, arranca. Le recuerdo que él me advirtió de la existencia de ese video con un título tan llamativo como ‘Luis D’Elía tenía razón’  en un acto que se hizo hace más de un año en la sede boquense de la organización Los Pibes en recordación del Oso Cisneros, y que yo inmediatamente publiqué en mi blog Pajaro Rojo (http://pajarorojo.com.ar/?p=32636).

“Nosotros buscábamos la verdad. Dándonos cuenta de que el expediente, la supuesta investigación del atentado (a la AMIA) había sido colonizada por la CIA y el Mossad, buscábamos la verdad histórica, que podía abrirle paso a la verdad jurídica”, dice, y retoma el hilo.

“A partir de entonces Parrilli me convocó varias veces para charlar de mi rol como mensajero. La última después de que se hubiera constituído la primera comisión de las cinco que preveía el memo. Mi misión, concretamente era averiguar en qué fecha podría ir el juez (Rodolfo Canicoba Corral) a Irán (a tomarle declaración a los altos funcionarios iraníes imputados a pedido de Nisman). Fue en la víspera de que se reunieran en México D.F. los cancilleres de ambos países (Timerman y Mohamed Javad Zarif), ocasión en que ratificaron el acuerdo (según los datos que figuran en Google, la reunión se realizó en la sede de la ONU en Nueva York a fines de septiembre de 2013) y Zarif dijera públicamente que Irán ratificaba el acuerdo alcanzado.

“Sin embargo -siguió diciendo- todo comenzó a naufragar cuando Timerman cambió el eje. Presionado por ‘la cole’ trató de no provocar las iras de Israel, y el objetivo de su accionar pasó de buscar la verdad histórica a posibilitar el avance del expediente a cargo de Nisman, sin revisar lo muy amañado que está por la CIA y el Mossad. Fue así que Ahmadinejad no lo firmó y el Majlis (parlamento unicameral persa) no lo ratificó.

“En todo esto tuvo mucho que ver (el jefe del Gabinete de Ministros) Alberto Fernández, que es quien hizo poner al frente del Juzgado Federal nº 1 a la entonces esposa de Nisman, Sandra Arroyo Salgado. El objetivo de Fernández era, en sintonía con la Embajada de los Estados Unidos y con los gobiernos derechistas de Chile y España, avanzar con el expediente sin poner en duda lo que había hecho Nisman, de modo de culpar a Irán y romper con la Venezuela de (el comandante Hugo) Chávez.

D’Elía hace un flash back. Regresa al año 2006, cuando visitó a los embajadores de Venezuela, Roger Capella, y al encargado de negocios y virtual embajador de Irán, Mosen Baharvan. A partir de lo cual defendió públicamente la inocencia de Irán respecto al ataque a la AMIA, lo que le costó que Kirchner le pidiera la renuncia a su cargo de subsecretario de Habitat y Vivienda, si bien, recuerda, le dejó elegir a su sucesor: el arquitecto platense Rubén Pastolini.

“A fines de febrero de 2007 regresé a Teherán en compañía del padre Luis Farinello y del ingeniero y ex diputado nacional Mario Cafiero. Fuimos recibidos por el canciller, Manoucher Muteki, que nos dijo que acusar a Irán por cualquier acción terrorista en Argentina no tenía sentido porque no sentía mas que agradecimiento a la Argentina, ya que había sido un importante proveedor de armas livianas y municiones durante la prolongada guerra (1980-1988) contra el Irak de Sadam Hussein como partícipe del llamado Irangate o Affaire Irán-Contras”.

“Todo iba bien, pero cuando Néstor fue a acto del 13º aniversario del atentado en la calle Pasteur se mandó flor de cagada. Prometió que en la próxima reunión  de la Asamblea General de la ONU iba a pedir que Irán fuera declarado ‘estado terrorista’. Coincidentemente, Sergio Burnstein -con el que ahora me llevo bien- me acusó de estar ‘financiado por el terrorismo’ internacional’. A todo esto, ya sea por pura casualidad o porque intervino una mano negra, se fijó que en la ONU después de Néstor hablara Ahmadinejad. Era obvio que si Néstor cumplía su promesa, Ahmadinejad se vería obligado a responderle con muchísima dureza. Se trataba de una crisis tal que (el canciller Jorge) Taiana dijo que era como ‘una locomotora a toda velocidad rumbo al abismo’ y nuevamente desde la Rosada me pidieron que acercara posiciones. Asi fue como a través de Baharvan acordé que si Néstor se limitaba a pedir colaboración jurídica internacional para destrabar el asunto de modo que los inculpados iraníes declararan ante Canicoba Corral, Ahmadinejad ni siquiera mencionara el tema, y la respuesta del gobierno iraní se hiciera a través de un funcionario menor, sin estridencias.

“Después de más de un año de no atenderme el teléfono ni llamarme, por fin Néstor me convocó. Cuando estuve frebnte a él le dije “Pensé que eras amigo mío, pero me equivoqué”. Entonces él se puso a jugar de manos, me entraba y salía como un boxeador y me tocaba los hombros con las manos abiertas mientras me decía ‘¿Estás enojado? Daaaaale, desenojate, che’ que era su manera de pedir discupas. Y ya entrando en tema, agregó ‘Me dijeron tus amigos (por los iraníes) que hicieron un acuerdo con vos ¡contame!’. Le conté y me pidió que lo pusiera al tanto a Taiana. Era la víspera de la recepción que la Cancillería le ofreció a Rafael Correa en el Palacio San Martín, y fue ahí donde me acerqué a Taiana y lo puse al tanto. Luego de escucharme atentamente, Taiana me pidió que se lo contara a Alberto Fernández, que estaba allí cerca charlando con la periodista Rosario Lufrano (ex directora ejecutiva del Canal 7, cargo al que había accedido a instancias de Fernández). Los interrumpí, le dije que tenía que hablar con él, se paró y me dijo que me iba a llamar. Eso fue un miércoles, si mal no recuerdo, y el sábado Néstor, Taiana y él viajaban a Nueva York, dónde Néstor hablaría en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Alberto Fernández recién me llamó el viernes alrededor de las diez de la noche. Cuando llegué a la Rosada, estaba con Néstor, y ahí les repetí a ambos que el acuerdo seguía firme y que si Néstor se limitaba a reclamar cooperación jurídica internacional, Ahmadinejad ni siquiera se referiría al tema. Y así fue. Néstor y compañía viajaron en el Tango 01 junto a una nutrida representación de los familiares de las víctimas y todo salió tal cual lo acordado”.

D’Elía no tiene ninguna simpatía por Alberto Fernández. Considera que actuó siempre en connivencia tanto con el Grupo Clarín como con la Embajada de los Estados Unidos con el objetivo de sabotear los vínculos entre Argentina y Venezuela. Le expresé mi sospecha de que estaba al tanto de que Nisman iba a denunciar a Cristina y a Timerman por el  menorandum con Irán y la charla derivó naturalmente hacia la muerte de Nisman. Le dije que entendía la confusión inicial de la Presidenta acerca de si Nisman se había suicidado o lo habían asesinado porque su denuncia y su muerte habían tenido claros beneficiarios. D’Elía me sorprendió:

“El principal beneficiario fue Macri. Con la muerte de Nisman arrancó su campaña electoral. Porque el supuesto crimen puso a Cristina en el lugar de supuesta asesina”. Lo que agregó luego, me sorprendió menos: “Yo no estoy seguro de que Nisman se haya suicidado. Y aun si se suicidó, me parece claro que lo empujaron a hacerlo. No me parece casualidad que quien haya dado la noticia de su muerte haya sido un ciudadano y ex soldado del ejército de Israel, Damián Patcher, que enseguida se fue del país y que nunca aclaró cómo se había enterado. ¿Que hacía ese pibe ahí?”.

Contexto: Una blitzkrieg revanchista

Sobre Luis D’Elía, el valiente que paró un golpe de estado en el 2008, pesa un pedido de condena a 4 años y medio de prisión efectiva por la toma pacífica de la comisaría de La Boca en compañía de Lito Borello y Sebastián Bordón, en reclamo de que sus efectivos detuvieron al sicario, un protegido de la casa, que había asesinado al Oso Cisneros, hecho que sucedió hace 14 años y está requetecontraproscripto. Desde aqui nuestra solidaridad con él, con Guillermo Moreno (condenado a instancias de Héctor Magnetto y sin intervención de fiscales a una pena de prisión en suspenso y a la inhabilitación para ejercer cargos públicos, es decir, proscripto) y también con Julio de Vido, encarcelado sin haber sido siquiera sometido a indagatoria. A partir de la obscena prisión de Milagro Sala, se puso de moda cagarse en las garantías constitucionales como la presunción de inocencia  y el debido proceso, y aplicarle a los del bando nacional electoralmente derrotado el recurso excepcional de la prisión preventiva aunque no haya el menor peligro de fuga  (lo que es extensivo también a cualquier detenido acusado de algún delito contra la propiedad aunque carezca de antecedentes y tenga fijado hogar y hasta empleo, sobre todo si es joven y morocho). Desgraciadamente, hubo muchos compañeros que no repararon en que en ello también se inscribía la preventiva al teniente general Milani (el único militar supuestamente violador de los derechos humanos al que La Nación y Elisa Carrió quieren preso) y hasta se alegraron públicamente de ella. Pues bien, estamos en una reedición new age de la blitzkrieg libertadora de Aramburu y Rojas por parte de los hijos de la vieja oligarquía y de la no tan vieja cleptocracia que engordó a costa del Estado. Y está claro que el objetivo más preciado es Cristina Fernández de Kirchner, a quien se proponen meter presa o, como mínimo, no dejarla asumir como senadora.

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